Presentaciones de Palestina. La existencia negada

Palestina, quina sortida al conflicte?
Per O. Sylvia Oussedik | 25 de setembre de 2025
Arran de la sortida del llibre Palestina la existencia negada, la llibreria Documenta de Barcelona va reunir a Teresa Aranguren, periodista, corresponsal en zones en conflicte, com ara la guerra del Golf, els Balcans, Iran-Iraq, Palestina, professora i autora d’aquest llibre amb Salah Jamal, metge, professor, escriptor i membre destacat de la comunitat palestina a Barcelona per parlar de la situació actual a Gaza i les possibles sortides al conflicte.
Amb una capacitat notable de síntesi, Teresa Aranguren va mostrar tot el procés seguit per arribar a negar l’existència de Palestina, des dels mites bíblics o la faula d’una terra sense poble, preàmbuls per justificar la legitimitat de l’estat jueu, fins a la gestació en el segle XIX del moviment sionista en el centre d’Europa fins als nostres dies.
Per bé que els relats oficialistes destinats a minimitzar o a justificar la barbàrie que s’ha anat estenent perden cada vegada més credibilitat, tot el que està passat ara mateix succeeix per què fins ara no ha passat res en contra.
Deia Teresa Aranguren, que les solucions a vegades arriben després de llargs processos molt dolorosos i tan ella com Salah Jamal varen coincidir a dir que el primer de tot és reconèixer que per bé que occident, oficialment ja no té colònies, l’esperit colonialista continua molt arrelat. Tots dos varen coincidir a dir que són tres les possibilitats que se’ns presenten:
- Que guanyi l’esperit colonialista com va succeir al EUA i a Austràlia. Això vol dir concloure l’extermini, el genocidi del poble palestí.
- Que s’aconsegueixi un estat palestí independent, el que molta gent de bona fe reclama.
Salah Jamal va plantejar que això és cada vegada més difícil d’imaginar, ja que si recordem el mapa de la zona que fa pensar en la pell d’un lleopard on les taques serien parts d’aquest estat palestí, aïllades les unes de les altres, un estat palestí així, seria difícilment funcional.
- La creació d’un estat únic, laic, que evidentment no es podria dir Israel, un mena de Sud-àfrica.
Totes tres són vies que són difícils d’acceptar o d’imaginar. Però no podem abandonar aquest poble i una cosa és ben certa, als que diuen que els palestins i palestines no existeixen, els hi hauríem de preguntar a qui estan matant va concloure Teresa Aranguren.
L’acte va sobrepassar l’aforament de la llibreria i la cua per parlar amb l’autora i signar llibres va ser llarga, cosa que ens complau i és que, com ens va comentar en el seu moment l’editora Inmaculada Jimenez, es tracta d’un llibre imprescindible que pot interessar tant als que desconeixen la història més recent, com als que desitgen anar més enllà de les informacions dels mitjans de comunicació habituals.
Artículo completo en realitat 25/9/2025



Teresa Aranguren y «la existencia negada» de Palestina: «Junto a los cadáveres de Gaza se está enterrando el derecho internacional»
La periodista, que fue enviada especial durante años en Oriente Medio, ha presentado en Toledo su nuevo libro. Considera que «la Unión Europea, con las contadas excepciones, ocupará una posición de vergüenza» por su papel ante el genocidio
01/07/2025 Fidel Manjavacas | toledodiario.es
«Una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra» es el eslogan que ha arraigado en la conciencia colectiva como una verdad y que en realidad es «un gran bulo» sobre el pueblo de Palestina, cuya existencia ha sido sistemáticamente negada en la historia. Esta es la premisa central sobre la que la periodista Teresa Aranguren explica en un nuevo ensayo el origen del conflicto entre Israel y Palestina, a finales del siglo XIX, hasta el genocidio actual.
En ‘Palestina. La existencia negada’ (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, 2025), la escritora alavesa desmonta «esta gran mentira» con la que se ha tratado también de «justificar el movimiento sionista», tal y como apunta en una entrevista con Toledodiario.es antes de presentar este libro en el centro cívico de Santa Bárbara, en un acto organizado este lunes por Mujeres de Negro contra la Guerra de Toledo.
El pueblo de Palestina sufre desde hace décadas la expulsión de un territorio en el que ha sido borrado de los mapas. «El conflicto con Israel no es ancestral, pero es antiguo. Comenzó por la confluencia de dos movimientos estrictamente europeos: el sionismo, que nace en el corazón del Imperio austrohúngaro y la Rusia zarista, y el colonialismo del Imperio Británico», apunta, al tiempo que precisa que el movimiento sionista inicial era exclusivamente de judíos europeos ya que los de Oriente no participaron en sus inicios.
Los intereses de estos dos fenómenos, subraya Aranguren, «van a determinar el trágico destino de la población de Palestina, que no sabe nada de lo que se está gestando en despachos de Londres y de Centroeuropa». Un destino que actualmente está protagonizado por «los crímenes de guerra clarísimos» que se están cometiendo en Gaza, «bombardeando hospitales, zonas residenciales, asesinando a periodistas o a personal sanitario», ante «la indiferencia o la pasividad de gran parte del mundo, especialmente de Occidente», lamenta.
En este nuevo ensayo, hace referencia también a fuentes históricas que desmienten categóricamente la situación que se reflejaba sobre Palestina en el inicio del conflicto. Ya en 1891, un judío ruso -Arthur Ginsberg- viajó a lo que él llamó Israel y documentó la falsedad de «la propaganda sionista que describía la tierra como un desierto vacío» en el ensayo ‘Verdad de la tierra de Israel’, apunta la periodista, cuya trayectoria profesional ha estado ligada a la información internacional del mundo árabe y zonas en conflicto.
La narrativa occidental sobre Palestina a menudo se ha limitado a lo reflejado en los relatos bíblicos, confundiendo mito con historia. Sin embargo, el nombre de Palestina aparece en documentos asirios desde el siglo XX antes de Cristo y ha sido mencionado con este nombre a lo largo del Imperio Romano y el Imperio Otomano hasta nuestros días. Aunque los fundadores de Israel, como Ben Gurión, eran en su mayoría laicos, la utilización de la Biblia como justificación religiosa se volvió habitual, señala Aranguren.
Se han utilizado los relatos bíblicos «como si fuesen la historia, sustituyendo la historia real». Esto es comparable a usar la mitología griega para narrar la historia de Grecia. «La verdadera historia de Palestina es antiquísima y está muy bien documentada», desde la prehistoria hasta períodos como el persa y las épocas de Saladino o Suleimán, de las cuales quedan numerosos vestigios como la muralla de Jerusalén, construida por Suleimán en el siglo XV, recuerda la periodista.
Así, sostiene que la ideología sionista ha silenciado esta rica historia para crear «una falsa continuidad entre los tiempos bíblicos, el reino de David y el actual Estado de Israel». «Hacen un salto en el que toda la historia entre medias desaparece e Israel se convierte en la culminación del relato bíblico. ¿Y qué pasa con la historia real de Palestina? Pues hay que borrarla», indica sobre el devenir de este pueblo de la cuenca mediterránea, cuya sociedad a finales del siglo XIX y principios del XX no se diferenciaba mucho de la española, griega o del sur de Italia, compartiendo gastronomía, gestos y hasta rasgos físicos.
El hambre como arma de guerra
«Hay mucha gente con los ojos verdes», resalta con una sonrisa y la mirada de quien ha sido durante 15 años enviada especial en Oriente Medio y conoce perfectamente la complicidad y la relevancia de países como Estados Unidos en un momento «peligrosísimo», en el que «el derecho internacional» y las normas establecidas tras la Segunda Guerra Mundial para frenar la barbarie «se están enterrando bajo los escombros, junto a los cadáveres de la población de Gaza».

En este punto, Aranguren, que ya ha visitado Toledo en otras ocasiones para hablar sobre el conflicto palestino-israelí, considera que el «gobierno demócrata de Joe Biden fue totalmente cómplice y permitió que Israel lanzase una campaña de exterminio, pero al mismo tiempo intentaba de vez en cuando hacer alguna presión, por ejemplo, para lograr un alto el fuego». Ahora, bajo el nuevo mandato de Donald Trump, afirma que lo que está ocurriendo «es ya de un nivel de atrocidad que es difícil de describir y al mismo tiempo no afecta solo a Palestina», como se ha demostrado con el reciente ataque a Irán.
«Es parte del mismo conglomerado que el señor Netanyahu», indica, al tiempo que advierte de «la complicidad de Estados Unidos», que a su juicio no solo «da el visto bueno o mira para otro lado ante una campaña claramente de exterminio» sino que «colabora activamente en ello». Como ejemplo, alude al «uso del hambre como arma de guerra» y la sustitución de ONGs experimentadas como la Agencia de Naciones Unidas por «una organización de mercenarios» que ha llegado a «disparar a la gente hambrienta que buscaba alimentos».
Respecto al papel de Europa en este genocidio, Aranguren indica que «está siendo básicamente de complicidad con Israel», aunque precisa que «hay excepciones». «Como española, yo puedo sentirme por lo menos reconfortada de que el Gobierno haya indicado otro camino y haya liderado junto a Irlanda, Noruega y Eslovenia otro modo de afrontarlo, aunque no es suficiente. El reconocimiento del Estado de Palestina no cambia la atrocidad y la crueldad que está sufriendo la población palestina, pero sí lanza un mensaje».
Por el contrario, afirma sentirse «muy decepcionada con la Unión Europea», especialmente con países como Alemania, que a su parecer «está utilizando torticeramente la idea de que tienen mala conciencia porque fue el país del nazismo que llevó a cabo un intento de genocidio de los judíos europeos». «A cuenta de eso está siendo cómplice en la venta de armas, en el respaldo diplomático y político de otro genocidio contra un pueblo árabe».
Cuestionada sobre cómo cree que se recordará en los libros de historia al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, la periodista lo tiene claro: «Quedará como uno de los grandes asesinos de la historia». «Y no solo eso. La Unión Europea, con las contadas excepciones, ocupará una posición de vergüenza, de consentimiento». En el futuro, dice, habrá gente que se pregunte: «¿y por qué los europeos consintieron esto? ¿Por qué no pararon el genocidio?». «La respuesta es muy triste».
Artículo completo en toledodiario.es
Presentación en el Ateneo La Maliciosa de Raza contrarreloj. La política de una Norteamérica en vías de oscurecerse, de Keith Boykin

A mi juicio, el problema del racismo en la política estadounidense va más allá de tal o cual dirigente o partido político. Desde el final de la Reconstrucción en 1877 hasta la Ley de Derechos Civiles de 1964, los dos principales partidos políticos han defraudado las expectativas de la gente negra. El Partido Republicano de Abraham Lincoln incumplió su promesa de proteger a los afroamericanos, mientras que el Partido Demócrata de Andrew Jackson ni siquiera se tomó la molestia de intentarlo. Pero, en comparación con la gradual evolución de los demócratas en la década de 1960, en el Partido Republicano se aprecia una clara conexión entre el exsenador Goldwater y su oposición a los derechos civiles en 1964, la campaña “Ley y orden” de Nixon en 1968 y su “Guerra contra las drogas” en 1971, el Reagan de la “Reina del bienestar” y los “Derechos de los Estados” en 1976 y 1980, respectivamente, la ofensiva “Willie Horton” de George H. W. Bush en 1988, la “Guerra cultural” de Pat Buchanan en 1992, la respuesta de George W. Bush al huracán Katrina en 2005, y la amarga campaña de Donald Trump contra el presidente Barack Obama en 2011, así como su política de abierto nacionalismo blanco en 2021. Tanto el racismo del viejo Partido Demócrata como la involución del Partido Republicano obedecen a un mismo temor: que una cambiante Norteamérica ponga fin al supremacismo blanco.
De la Introducción de Keith Boykin
Bassidiki Coulibaly y su libro "El delito de ser “negro”. Mil millones de “negros” en una cárcel identitaria
Bassidiki Coulibaly quiso estar presente en el acto de presentación y debate sobre su incitante texto El delito de ser "negro". Mil millones de "negros" en una cárcel identitaria y nos envió el siguiente video:
Añadimos a continuación las tres preguntas que Mireia Sentís, directora de la colección BAAM Biblioteca Afro Americana Madrid, dirigió al autor y que este respondió especialmente para este acto. Al final de sus respuestas hemos incluido algunos extractos de las intervenciones de la propia Mireia Sentís, de Carla Fibla, periodista con una amplia trayectoria (corresponsal de diversos medios en El Cairo, Rabat y Amán, redactora de la revista Mundo Negro y autora de Mi nombre es nadie en el que recoge testimonios de los inmigrantes que tratan de llegar a España) y de Ramadhani Ngoy, coordinador de AfroDiccionario
ENTREVISTA A BASSIDIKI COULIBALY
Por Mireia Sentís
—¿Cuál es la razón por la que siempre, sin excepción, ha decidido escribir “negro” entre comillas?
La razón es triple.
- Primera: porque escribirlo sin comillas es sospechoso, suena falso y constituye un desafío para la razón. El negro en cuanto color, detenta un estatus único y singular con respecto a cualquier otro color. Así, es el no-color para unos y el rey de los colores para otros puesto que todos los otros colores nacen de él. El negro es también el color del misterio, el de los místicos cristianos (del maestro Eckhart, teólogo y filósofo del siglo XIII/XIV, por ejemplo), el color del edificio más sagrado del Islam (la Kaaba de la Meca) y Freud, cuando habla de psicoanálisis, se refiere a la mujer utilizando el término “continente negro”.
- Segunda: escribir negro sin comillas no es razonar en estéreo sino en mono, como en los monoteísmos. Sin embargo, todo razonamiento mono no puede sino ser binario (negro/no-negro) y hundirse en el maniqueísmo. Porque ¿de qué “negro” hablamos cuando hablamos de color? Yo he decidido razonar en estéreo. El negro, en cuanto color tiene más de cincuenta matices, como magistralmente ha demostrado el pintor Pierre Soulages, por ejemplo.
- Tercera: aquí se plantea la pregunta ¿a qué tono de negro nos referimos cuando hablamos de o escribimos sobre el “negro” o los “negros”, al referirnos a los seres humanos? Cuando se razona en estéreo como el comentador político sudafricano Peter Abrahams y se ha comprendido que rojo es el color de la sangre de los negros, ya no es posible escribir negro o negros sin comillas; porque sería ir en contra de la lógica y de la razón. Y más: desde la antigüedad griega hasta nuestros días, tanto el color negro, como los seres humanos denominados “negros”, han sido desacreditados a través de múltiples y diversas cargas negativas. Poner, pues, comillas es atraer la atención sobre algo que no viene dado; es una invitación a hacerse preguntas, a comprometerse con el laborioso y largo trabajo que requiere la deconstrucción de nuestras representaciones sociales.
—¿Cree usted que sin las religiones el racismo estaría menos extendido?
- Las relaciones entre racismo y religión son históricas y complejas. Sin embargo, pienso que sí, que sin las religiones -las monoteístas, claro está- el racismo se hubiese extendido menos. Lo que siempre ha caracterizado las religiones monoteístas es el proselitismo, a la vez consensual y violento, cercano y lejano, amparado bajo el manto de la ficción de la pureza. Pureza de los creyentes, pureza de la raza, pureza de la sangre. Por ejemplo, en la España a caballo de los siglos XV y XVI, o sea al final de la reconquista, tanto los judíos como los musulmanes son sometidos a un dilema en nombre de la religión cristiana: convertirse al cristianismo o abandonar el reino. Y mientras Cristóbal Colón “descubría” América en 1492, preparando así el terreno a Hernán Cortés, el reino de España expulsaba a los judíos ese mismo año y luego a los musulmanes en 1502. Menos mal que, en 1550 y 1551, Bartolomé de las Casas, hombre de la iglesia, estaba en Valladolid, en nombre de la humanidad y en defensa de los “indios”, solo ante Sepúlveda y la iglesia. Por otra parte, el racismo perdurará mucho tiempo entre los “viejos cristianos” de “sangre pura” y los “nuevos cristianos” (judíos y musulmanes conversos) de “sangre impura”.
- En cuanto a los “negros”, Lluís Sala-Molins a mostrado abundantemente cómo las religiones, la cristiana sobre todo, han tomado como fundamente religioso e ideológico el libro del Génesis para esclavizar la población africana (el Código negro o el calvario de Canaán)
—¿Prevé un futuro en el cual los “negros” no sean ya los condenados de la tierra? ¿Y ese futuro depende, como apunta usted, de un cambio de actitud de los negros hacia sí mismos, o bien sin la toma de consciencia de los “no negros” no habrá nada que hacer?
- ¿Un futuro en el que los “negros” no sean los condenados de la tierra? Estoy tentado de contestar afirmativamente. Mirando hacia el pasado, la paleontología nos enseña que Lucía tanto como Toumai que la destronó, proceden del África “negra”, como todos los hombres de hace dos millones y medio de años. ¡Así hasta que se demuestre lo contrario somos todos, tengamos el color de epidermis que tengamos, africanos! Y hasta de la misma familia puesto que no hay más que una raza (Unicef, 1964). Cuando miramos al presente, los “negros” están en todas partes en el planeta Tierra y han marcado positivamente la historia en todos los dominios del saber; del saber hacer y del saber estar (Nelson Mandela, por ejemplo). Están presentes entre las élites, las clases medias y las populares. En este presente de mundialización y mestizaje, los “negros” que rompen los barrotes de sus prisiones identitarias son cada vez más numerosos. Los “negros” ya no son los únicos condenados de la tierra. Los Palestinos, esos apátridas, ¿acaso no son condenados de la tierra? Los kurdos, esos apátridas, ¿no son condenados de la tierra? Y cuando vemos en las manifestaciones abigarradas de Black Lives Matter personas de todas las edades y de todos los colores, es el futuro que ya está presente. El cambio de actitud de los “negros” hacia sí mismos, tanto como la toma de conciencia de los “no negros”, son condiciones imperativas para acelerar el paso de la marcha hacia un futuro sin condenados de la tierra (ya sean palestinos, kurdos, “negros”, etc…). A lo largo de la historia siempre ha habido “no negros” al lado de los “negros”, porque el humano es fundamentalmente estéreo, a pesar de su auto domesticación al pensamiento mono. Vean lo que estamos llegando a hacer todos juntos: usted, el equipo al cual pertenece, Dalikou, Sala-Molins, etc…).
- Termino con una cita de Martin Luther King: “Tenemos que aprender a vivir juntos como hermanos, si no moriremos juntos como idiotas”. (Discurso del 31 de marzo de 1968).
El delito de ser "negro". Mil millones de negros en una cárcel identitaria Presentación y debate en el Ateneo la Maliciosa

¿Pero qué es un negro? Y, para empezar, ¿de qué color es?
Jean Genet, Los negros, 1958.
El «negro» es negro: el «no negro» que lo afirma tiene la certeza, y el «negro», el convencimiento. Más aún, el «negro» no puede negar que es negro: tiene la certeza inequívoca, como el «blanco» que siempre ha sabido que es blanco. Ahora bien, el empirista más elemental, sea cual sea su color, sabe que quien es tachado de «negro» no es monocromo y que la blanquitud del «blanco» es más que discutible: lo que percibimos no siempre es conforme a lo que retenemos de una vez por todas. El «negro» de Somalia no tiene la misma negrura que el «negro» de Sudáfrica, el «blanco» de España no tiene la misma blancura que el «blanco» de Suecia: a los dos primeros los llaman «negros» y ellos se reconocen como tales, lo mismo que llaman «blancos» al español y al sueco y ellos se reconocen como tales. Pero ¿de qué hablamos cuando hablamos de «color»? ¿Por qué hemos hablado y seguimos hablando de «mujer de color», de «hombre de color», de «pueblos de color» como si los otros fueran incoloros? ¿Cuáles fueron y siguen siendo las implicaciones para estas «personas de color», y en particular para «los negros», las únicas «personas de color» del siglo XXI?

