El 22 de julio de 1987, Nayi Al-Ali, el creador de Handala, sufrió en Londres, donde vivía exiliado, un atentado que acabó con su vida días después.
Nayi al-Ali había nacido en 1938 en Al-Shajara, una aldea palestina de Galilea, destruida en 1948 durante la Nakba. La familia tuvo que huir y refugiarse en Líbano. Con el apoyo del escritor palestino Ghassan Kanafani, también exiliado en Líbano, donde el Mossad acabaría también con su vida en julio de 1972, Nayi al-Ali comenzó a colaborar con sus viñetas en la prensa árabe en los diferentes países en que vivió exiliado, desde Líbano a Kuwait.

Sus dibujos reflejaban la situación colonial y de sometimiento de su pueblo y de los países árabes. Como expresa Antonio Altarriba en «El niño que da la espalda», el prólogo en el que introduce los dibujos de Nayi al-Ali incluidos en Palestina. Arte y resistencia en Nayi Al-Ali,
Al-Ali se acoge a unos cuantos campos simbólicos que declina con maestría. Uno de los más importantes, como no podía ser de otra manera, es el del encierro. Muros que secuestran el horizonte, alambradas que desgarran el cielo, barrotes que estrangulan la luz… Los personajes de al-Ali viven en un mundo cerrado, mejor dicho, en una prisión que, con el tiempo, refuerza su hermetismo y destruye, con silenciosa eficacia, la capacidad de resistencia de quienes, desde hace setenta años, solo aspiran a moverse libremente en su propio país.

Como si fuera una derivada del encierro, surge la simbología de la esterilidad o, para ser más exactos, de la fertilidad imposible. Nada puede germinar en un territorio arado por las bombas y regado por la sangre. La más desoladora sequía infecta una tierra resquebrajada, partida por las vallas. La flor deja de ser planta, preludio natural del fruto, para percibirse como esperanza del color, síntoma de apertura, al menos de fisura penetrada por la luz. Ni el arraigo vegetal ni el arraigo humano encuentran acomodo en un país literalmente desarbolado. La espiga solo crece como posibilidad remota del espino, pero del espino que crece en las alambradas. No brota de la siembra sino de la nostalgia de un pasado feraz. Tampoco puede cosecharse para hacer pan. La espiga de al-Ali solo sirve para alimentar la ilusión de supervivencia. Y la aridez desecadora no se limita a la flor y al fruto. También se apodera de los humanos y les deja impotentes para la paternidad. Solo existe el hijo ensangrentado, truncado, sacrificado en aras de una libertad insistentemente negada… Tras tantos años de represión hasta el futuro ha muerto.

Teresa Aranguren en «Nayi – Handala», su presentación del dibujante en Palestina. Arte y resistencia en Nayi Al-Ali escribe:
Lleva la cabeza gacha y las manos entrelazadas a la espalda en postura de pensador peripatético pero no es un sabio sino un niño; tiene entre diez y once años, la edad que tenía su autor cuando salió de Palestina. Porque Handala, así se llama, es una viñeta creada por Nayi al-Ali o quizás por el niño que vivía en el adulto Nayi al-Ali y que siempre tuvo entre diez y once años, los que tenía cuando fue expulsado de su pueblo, su vida, los paisajes de su infancia…Y se convirtió en refugiado. Un niño de Palestina.
«Soy Handala, del campamento de Ain al-Hilweh y prometo solemnemente mantenerme fiel a la causa». Así se definía el autor de la viñeta que iba a convertirse en símbolo de la resistencia palestina. […]
La familia al-Ali vivía en la localidad de Ash-Shayara, en la región de Galilea, distrito de Tiberiades, una zona de suaves colinas, huertos, campos de árboles frutales y paisajes bucólicos. En árabe, Ash-Shayara significa El Árbol y, dice la leyenda, que el nombre de la aldea proviene del frondoso árbol que había en el lugar y bajo cuya sombra, Jesús, el Galileo, encontró cobijo y frescor durante una de sus sofocantes caminatas de predicador en esas tierras.
La aldea de Ash-Shayara fue atacada por tropas del Haganah, la principal milicia sionista y embrión del futuro ejército israelí, el 1 de mayo de 1948; todos sus habitantes fueron expulsados, después dinamitaron las viviendas, y el terreno fue allanado con excavadoras. El nombre de Ash-Shayara ya no figura en los mapas israelíes.


Sin embargo, a pesar de la Nakba continuada desde 1948, Handala y los deseos de libertad e independencia del pueblo palestino siguen vivos, contando con la solidaridad de los pueblos del mundo, como el desafío al bloqueo de la franja de Gaza protagonizado por los navegantes del Handala, el barco botado el 13 de julio de 2025 en Siracusa que llevará ayuda humanitaria que salva vidas y un mensaje de solidaridad de personas de todo el mundo que se niegan a permanecer en silencio mientras Gaza está hambrienta, bombardeada y enterrada bajo escombros.

