35 años después del asesinato del dibujante palestino Nayi Al-Ali, Handala sigue vivo

El 22 de julio de 1987, Nayi Al-Ali, el creador de Handala, sufrió en Londres, donde vivía exiliado, un atentado que acabó con su vida días después.

Nayi al-Ali había nacido en 1938 en Al-Shajara, una aldea palestina de Galilea, destruida en 1948 durante la Nakba. La familia tuvo que huir y refugiarse en Líbano. Con el apoyo del escritor palestino Ghassan Kanafani, también exiliado en Líbano, donde el Mossad  acabaría también con su vida en julio de 1972, Nayi al-Ali comenzó a colaborar con sus viñetas en la prensa árabe en los diferentes países en que vivió exiliado, desde Líbano a Kuwait.

Naji-con-su-mujer-y-sus-tres-hijos
Nayi al-Ali con su mujer y sus tres hijos en una foto cedida por Khalid Nayi al-Ali.

Sus dibujos reflejaban la situación colonial y de sometimiento de su pueblo y de los países árabes. Como expresa Antonio Altarriba en «El niño que da la espalda», el prólogo en el que introduce los dibujos de Nayi al-Ali incluidos en Palestina. Arte y resistencia en Nayi Al-Ali,

Al-Ali se acoge a unos cuantos campos simbólicos que declina con maestría. Uno de los más importantes, como no podía ser de otra manera, es el del encierro. Muros que secuestran el horizonte, alambradas que desgarran el cielo, barrotes que estrangulan la luz… Los personajes de al-Ali viven en un mundo cerrado, mejor dicho, en una prisión que, con el tiempo, refuerza su hermetismo y destruye, con silenciosa eficacia, la capacidad de resistencia de quienes, desde hace setenta años, solo aspiran a moverse libremente en su propio país.

Nayi-al-Ali-Palestina-Arte-y-resistencia
Publicado en Al-Talia, Kuwait, el 21 de febrero de 1968.

Como si fuera una derivada del encierro, surge la simbología de la esterilidad o, para ser más exactos, de la fertilidad imposible. Nada puede germinar en un territorio arado por las bombas y regado por la sangre. La más desoladora sequía infecta una tierra resquebrajada, partida por las vallas. La flor deja de ser planta, preludio natural del fruto, para percibirse como esperanza del color, síntoma de apertura, al menos de fisura penetrada por la luz. Ni el arraigo vegetal ni el arraigo humano encuentran acomodo en un país literalmente desarbolado. La espiga solo crece como posibilidad remota del espino, pero del espino que crece en las alambradas. No brota de la siembra sino de la nostalgia de un pasado feraz. Tampoco puede cosecharse para hacer pan. La espiga de al-Ali solo sirve para alimentar la ilusión de supervivencia. Y la aridez desecadora no se limita a la flor y al fruto. También se apodera de los humanos y les deja impotentes para la paternidad. Solo existe el hijo ensangrentado, truncado, sacrificado en aras de una libertad insistentemente negada… Tras tantos años de represión hasta el futuro ha muerto.

Nayi-al-Ali-As-Safir-Líbano-8-abril-1980
Viñeta de Nayi al-Ali publicada en el periódico As-Safir de Líbano el 8 de abril de 1980

Teresa Aranguren en «Nayi – Handala», su presentación del dibujante en Palestina. Arte y resistencia en Nayi Al-Ali escribe:

Lleva la cabeza gacha y las manos entrelazadas a la espalda en postura de pensador peripatético pero no es un sabio sino un niño; tiene entre diez y once años, la edad que tenía su autor cuando salió de Palestina. Porque Handala, así se llama, es una viñeta creada por Nayi al-Ali o quizás por el niño que vivía en el adulto Nayi al-Ali y que siempre tuvo entre diez y once años, los que tenía cuando fue expulsado de su pueblo, su vida, los paisajes de su infancia…Y se convirtió en refugiado. Un niño de Palestina.
«Soy Handala, del campamento de Ain al-Hilweh y prometo solemnemente mantenerme fiel a la causa». Así se definía el autor de la viñeta que iba a convertirse en símbolo de la resistencia palestina. […]

La familia al-Ali vivía en la localidad de Ash-Shayara, en la región de Galilea, distrito de Tiberiades, una zona de suaves colinas, huertos, campos de árboles frutales y paisajes bucólicos. En árabe, Ash-Shayara significa El Árbol y, dice la leyenda, que el nombre de la aldea proviene del frondoso árbol que había en el lugar y bajo cuya sombra, Jesús, el Galileo, encontró cobijo y frescor durante una de sus sofocantes caminatas de predicador en esas tierras.
La aldea de Ash-Shayara fue atacada por tropas del Haganah, la principal milicia sionista y embrión del futuro ejército israelí, el 1 de mayo de 1948; todos sus habitantes fueron expulsados, después dinamitaron las viviendas, y el terreno fue allanado con excavadoras. El nombre de Ash-Shayara ya no figura en los mapas israelíes.

Handala-lucha-con-su-pluma-contra-los-medios
Handala lucha con su pluma contra los medios, viñeta publicada en Al Qabas, Kuwait, 30 de abril de 1987..

Naji-al-Ali-principio-años-60
Nayi-al-Ali-fotografiado-en-Kuwait-a-principios-de-los-años-sesenta

Sin embargo, a pesar de la Nakba continuada desde 1948, Handala y los deseos de libertad e independencia del pueblo palestino siguen vivos, contando con la solidaridad de los pueblos del mundo, como el desafío al bloqueo de la franja de Gaza protagonizado por los navegantes del Handala, el barco botado el 13 de julio de 2025 en Siracusa que llevará ayuda humanitaria que salva vidas y un mensaje de solidaridad de personas de todo el mundo que se niegan a permanecer en silencio mientras Gaza está hambrienta, bombardeada y enterrada bajo escombros.

flotilla-por-la-libertad-julio-2025
El Handala, el barco de la Flotilla por la Libertad, que lleva ayuda humanitaria y la solidaridad de los pueblos del mundo a Gaza.


Kaoutar Harchi, escritora y socióloga: “Las personas son mucho más importantes que los personajes que pueda inventar en mis libros”

Kaoutar Harchi, escritora y socióloga: “Las personas son mucho más importantes que los personajes que pueda inventar en mis libros”

La autora encarna una literatura comprometida y política que huye de la ficción para encarar cuestiones que duelen a la sociedad de Francia, en la que sí celebra la creciente presencia de las mujeres en movimientos antirracistas

Beatriz Lecumberri

El País – Planeta Futuro Madrid – 08 ABR 2025

Kaoutar-Harchi-Tal-como-existimosKaoutar Harchi (Estrasburgo, Francia, 1987) recuerda perfectamente el día en que una profesora que tenía unas manos preciosas le regaló un libro con una dedicatoria: “A mi pequeña árabe, que debe conocer su historia”. Nunca se lo contó a sus padres, de origen marroquí, a los que también ocultó que la maestra la llevó después a una clase para que hablara a los alumnos de su cultura, religión y “lengua materna”. “Fue una agresión y fue más fuerte que yo. Yo era pequeña, no supe qué hacer, qué decir, y no hice ni dije nada”, recuerda la escritora y socióloga en su libro autobiográfico Tal como existimos (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo), traducido recientemente al español.

Tras publicar varias obras de ficción, Harchi afirma sentirse liberada hablando de personas reales en sus libros, en los que atrae la mirada hacia cuestiones dolorosas, silenciadas o deformadas. “Vista la situación que vivimos en Francia y en el mundo no puede ser de otra manera”, afirma, en una entrevista con este periódico a su paso por Madrid. El racismo, la radicalización del Estado, el compromiso de la literatura, el poscolonialismo, la violencia contra las minorías, a veces invisible y acallada, y el papel creciente de las mujeres en la lucha social, impregnan su literatura. “Todo lo que yo cuento es verdad, ha sido vivido por mis padres, por mi entorno, por mí. Cuando decimos que todo es verdad, que es sincero, el pacto con el lector es una fuerza mucho más cautivadora que la ficción”, opina.

 

Pregunta. Tal como existimos describe su vida entre los ocho y los 20 años. Además de un relato íntimo y autobiográfico, es también un retrato de su generación, una foto colectiva. ¿Era esa su intención?

Respuesta. Era muy importante desarrollar una escritura que dejara aparentar las contradicciones, los sentimientos y las dificultades, dejando claro que los individuos son personas que forman parte de estructuras sociales: la escuela, la migración, la mirada sobre uno, la religión, y que todo eso estructura su vida. Es decir, lo íntimo está atravesado por cuestiones políticas muy importantes.

¿Nunca pensó en recurrir a la ficción para describir todo esto?

Antes de este libro había publicado tres obras de ficción y no me interesaba más la experiencia. Cuando se habla de racismo, de violencia de género o de clases, es muy importante buscar todo eso en la propia vida y tratarlo de forma directa. Todo lo que yo cuento es verdad, ha sido vivido por mis padres, por mi entorno, por mí. Las personas son mucho más importantes que los personajes que pueda inventar en mis libros. Cuando decimos que todo es verdad, que es sincero, el pacto con el lector es una fuerza mucho más cautivadora que la ficción.

En su libro escribe: “la violencia nos despojó de nosotros mismos, nos obligó a mirarnos y a mirar nuestra vida de forma diferente”. Esa violencia, personal y colectiva, por momentos silenciosa y, según usted, acallada, ¿marcó a su generación?

Sí. En torno a la década del 2000 hay un punto de inflexión en Francia. Hasta ese momento vivíamos en una negación, responsabilizando de todo lo que ocurría a la población migrante. Pero en esa época empezamos a entender que todo es más profundo, que es una cuestión de Estado, de política, de desigualdad social, del trato que se reserva a la población musulmana en Francia. Es un paso importante y se articula en torno a la muerte de dos jóvenes en Clichy-sous-Bois, que murieron electrocutados en 2005 al esconderse en un transformador durante una persecución policial. Nuestra generación se politiza porque ve que las desigualdades se perpetúan y que si no se pide justicia al Estado, todo va a empeorar.

Los jóvenes que hoy tienen 14 o 15 años en los mismos barrios franceses, ¿viven una situación mejor o peor?

Es una generación que ya ha crecido con estas cuestiones incorporadas: racismo, discriminación… Ellos saben muy bien que el Estado no ha cumplido sus promesas, es decir, no se hacen tantas ilusiones como nos las hacíamos nosotros. Es una generación más madura respecto a todo esto, consciente de que hay una violencia estructural por parte del Estado y eso les resulta insoportable, por momentos.

¿Ha habido algún cambio positivo?

Sí. Hay mujeres árabes, negras, asiáticas… que han decidido luchar por sus hijos, por sus hermanos. Por ejemplo, Assa Traoré, cuyo hermano murió en 2016 en una comisaría tras haber sido detenido, o Amal Bentounsi, cuyo hermano Amine murió al recibir una bala en la espalda de un policía en 2012, por citar dos ejemplos. Esto en torno al año 2000 no existía. En ese momento, las familias que eran víctimas de un crimen racista se eclipsaban y hoy tienen un rol mediático, especialmente las mujeres. En Francia las comparamos con Antígona. El duelo ya no se vive en el espacio privado, es público. Y el poder de un duelo es enorme.

¿Sus libros sirven para que los franceses miren de frente una realidad que esquivan?

El público nacional estaba acostumbrado a relatos que reconocían en cierta manera el papel de Francia. Eso se acabó. Estamos en una situación de confrontación política. Pero posiciones como la mía son frágiles desde el punto de vista literario, frente a medios de comunicación que son aparatos de propaganda en manos de grupos muy poderosos que justifican el destino que se reserva a una parte de la población y giran siempre en torno a las mismas preguntas: la verdadera identidad francesa, las minorías… Yo tengo otro discurso y no sé si es eficaz frente a este gran sistema. Mi trabajo literario se enmarca en la fidelidad hacia poblaciones que necesitan realmente un apoyo. La situación política en Francia es difícil, es violenta, pero queremos tener esperanza y hay que seguir actuando.

Sus padres fueron migrantes en la antigua potencia colonial. La descolonización y el poscolonialismo laten en su escritura.

Es un tema muy presente en Francia, esa idea de volver sobre el discurso oficial, lleno de mentiras y de expolio, que invisibiliza a otra parte de la historia. Yo quiero además que la cuestión racial entre en la literatura. Es una manera de descolonizarla, de politizarla.

Su literatura se puede calificar entonces de política.

Vista la situación que vivimos en Francia y en el mundo no puede ser de otra manera. De hecho, he escrito un libro con Joseph Andras, que se titula Literatura y revolución (Littérature et révolution, Éditions Divergences). En Francia hay libreros que reciben cartas pidiéndoles que retiren algunos libros de sus estanterías y hay una especie de caza contra los militantes. Todo está ligado: Palestina, Argelia… A la izquierda francesa se le acusa de ser cercana a Hamás, la extrema derecha se sitúa ahora contra el antisemitismo. Tengo colegas que piensan mucho antes de escribir, que piden consejo a abogados para saber si hay algo en sus textos que podría ocasionarles problemas legales. Porque en Francia, después de los atentados de París de 2015, hay un aparato legislativo que se ha ampliado y que hace que muchos actos puedan considerarse apología del terrorismo.

En su último libro, Ainsi l’animal et nous (Editorial Actes Sud), que en español sería algo así como “el animal y nosotros mismos”, trata estos temas desde la óptica de la animalización.

La idea es que desde hace siglos, de Cristóbal Colón a Gaza, todas las personas que son masacradas u obligadas a pasar hambre son animalizadas. Es una constatación. Desde Descartes, el mundo animal ha sido descrito como algo inferior y parece que lo que nos salva es que no somos como los animales. Pero animalizamos a la población negra, a las mujeres, al enemigo… La cuestión animal es un punto central en la dominación, en el colonialismo, el feminismo, el capitalismo… Por ejemplo, el constructor de automóviles Henry Ford se inspiró de los mataderos de Chicago a principios del siglo XX para trazar las cadenas de montaje de los coches.

Entonces, para usted está claro que la ficción se terminó

Totalmente. La situación es demasiado difícil y hay que ir a lo esencial, tener una escritura más documentada, más periodística. Ser escritor no es solo ir a los festivales, es también seguir la actualidad, intentar apoyar a los militantes, escribiendo un texto cuando lo necesitan, e intentar hacer avanzar las cosas.

 

artículo completo en PLANETA FUTURO – EL PAÍS


"Baila y sé feliz: fotografías y versos de afganas que sueñan con ser libres", por Beatriz Lecumberri

 

 

Baila-y-sé-feliz-Fotografías-y-versos-con-afganas-que-sueñan-con-ser-libres-por Beatriz Lecumberri
"Baila y sé feliz: Fotografías y versos de afganas que sueñan con ser libres", por Beatriz Lecumberri ( Planeta Futuro / El País / 19/01/2025 )

 

En la década de los setenta, en una zona rural de Afganistán, una mujer pastún clamó, pensando en su amante: “Ven y sé una flor en mi pecho, para que pueda refrescarte cada mañana con un estallido de risa”. Cincuenta años más tarde, Mahnaz y Somayeh Ebrahimi, dos veinteañeras de la minoría chiita hazara, desafiando los dictados de los talibanes, publicaron en las redes sociales la fotografía de una novia despeinada con zapatillas deportivas, visera y gafas de sol y la de una chica con los brazos abiertos, con pantalones y sin velo. La titularon Baila y sé feliz porque la vida es hoy.

 

El grito de las campesinas y el de las jóvenes fotógrafas es el mismo. Las mujeres de Afganistán llevan décadas persiguiendo espacios en los que sentirse libres y ser ellas mismas. Esta semana, en la librería Balqis de Madrid, se pudo escuchar su poesía conmovedora y rebelde y visitar la exposición fotográfica Hazara. Autoficción y costumbrismo en Afganistán.

 

“Las descubrí por casualidad en redes sociales, donde no tenían apenas seguidores. Encontré, entre otras, una fotografía de una niña que era apuntada con un fusil mientras tiene en sus manos un cuaderno en el que está escrito ‘no es justo’. Era una imagen escenificada, una autoficción que decía muchísimas cosas en ese momento en que las niñas en Afganistán ya no podían ir a la escuela”, explica a este diario Edith Arance, comisaria de la muestra y responsable de la Galería Sura, localizada dentro de la librería.

 

Sin medios técnicos y armadas únicamente con sus teléfonos móviles, estas dos jóvenes, que no usan sus nombres verdaderos ni dan detalles sobre el lugar en el que viven por razones de seguridad, envían mensajes de una gran fuerza retratando o recreando instantes de sus vidas diarias desde el retorno de los talibanes al poder en 2021. Unos pies encadenados, un libro de texto ensangrentado, el cabello trenzado de una anciana con manos endurecidas por el trabajo, la libertad reflejada en globos que se echan a volar, la naturaleza exuberante o la guerra omnipresente en los tanques abandonados.

Muchas veces, una de las jóvenes fotógrafas es la modelo de la otra, como en la imagen de la novia transgresora. Una de ellas se iba a casar y quiso posar así, en una estampa muy diferente a lo que fue su boda, en cuyas fotos aparece seria, con su esposo agarrándola por la cintura, luciendo un peinado elaborado y sumamente maquillada. “Quiero pensar que a ella le hubiera gustado más bien casarse así”, opina la comisaria, señalando la fotografía.

 

“Me pareció que este trabajo tenía que verse. Tienen mucho talento y están contando ellas mismas su propia vida. Las contacté para proponerles exponer y aceptaron enseguida. Nunca nadie había prestado atención a sus imágenes”, explica Arance. A partir de ahí, empezó el trabajo de recopilar fotografías, rescatar algunas de móviles viejos, enviar archivos y construir una muestra que cuente una historia. “Ellas están felices, me preguntan cada noche si ha venido gente a ver la exposición. Esto les da la vida”, agrega la comisaria de “Hazara”, que se puede visitar hasta finales de mes y enviará a las fotógrafas lo recaudado con la venta de las imágenes. El sueño de las dos artistas sería tener “una cámara de verdad”, un bien precioso que tendrían que usar a escondidas en el Afganistán actual.

Porque desde que regresaron al poder, los talibanes han publicado más de 100 edictos que invisibilizan cada día más a la mujer en la sociedad. Sobre todo, han cerrado las puertas de la educación a las afganas de más de 12 años, una situación inédita en el mundo, y las han excluido de la mayoría de los puestos de trabajo y de los lugares de ocio. En agosto, un edicto prohibió a las mujeres hablar en público, en diciembre se decidió que no podrían formarse para trabajar en el sector sanitario, uno de los últimos reductos profesionales que les quedaban. La ONU considera que el régimen talibán ha instaurado un apartheid de género y una persecución contra las afganas.

 

Mujeres que hablan de sí mismas

 

La misma emoción que sintió Arance al ver las fotos de Mahnaz y Somayeh Ebrahimi invadió hace más de 20 años a la escritora, traductora y miembro de la Real Academia Española, Clara Janés, cuando cayó por casualidad en sus manos un libro en francés, que plasmaba la poesía oral de las mujeres pastún, llevada al papel por el escritor afgano Sayd Bahodín Majruh y publicada por primera vez en París en 1994 con el título Le suicide et le chant (El suicidio y el canto).

Al adentrarse en sus páginas se entiende rápidamente por qué. Las voces femeninas transmiten escenas, sentimientos y formas de vivir alejadas de la imagen simplista y estereotipada que se puede tener de Afganistán. Trabajando en los campos, yendo a recoger agua a la fuente o exiliadas en un campo de refugiados en un país extranjero, estas afganas, a veces analfabetas, creaban versos llenos de emoción, fuerza y ritmo interno que describían pasiones clandestinas, dolor, rebeldía y muerte. Se les llama landay (que significa literalmente ‘el breve’), están alejadas de cualquier modelo y fueron improvisadas, transmitidas oralmente y memorizadas por otras mujeres.

 

“Me sorprendió todo al leer estos poemas, que son un grito del corazón. Un rostro fascinante brota de estos textos: el de una mujer que canta y habla de sí misma y también de los hombres y el mundo que la rodean. Un rostro orgulloso, despiadado y rebelde”, dice Janés a EL PAÍS, en una descripción que puede perfectamente aplicarse también a las fotografías de las jóvenes hazara, pese a pertenecer a dos etnias diferentes y a menudo enfrentadas en Afganistán.

Janés tradujo la recopilación hecha por Sayd Bahodín Majruh, asesinado en Peshawar en 1988, y contextualizó esta poesía femenina oral, que fue publicada en 2002 por Ediciones de Oriente y del Mediterráneo bajo el título El suicidio y el canto. “Años después, y visto el rumbo que toma Afganistán, el libro está viviendo una especie de segunda vida”, explica Inma Jiménez, responsable de la editorial, durante la lectura de varios fragmentos de este libro, esta semana en Madrid.

 

“En secreto ardo, en secreto lloro, soy la mujer pastún que no puede desvelar su amor”, “Mi amor, abre mi tumba y contempla el polvo que cubre la hermosa ebriedad de mis ojos”, “Ven como un collar en derredor de mi cuello, yo te meceré sobre las cúpulas de mis senos”, “Montañas nos separan ahora, solo los pájaros serán nuestros mensajeros, y sus cantos, los presagios”, dicen algunos de estos versos recitados por Janés.

 

Es una poesía rural, muy primitiva y corporal, que transmite miedos muy reales y deseos terrenales que se alejan del amor místico y de lo insondable. “El único más allá de estas mujeres es un precioso más allá interior”, resume Janés. Los versos amorosos se reservan al amante y al marido se le define como “el pequeño horrible”, una muestra clara de que estas mujeres eran también capaces de reírse de sí mismas y de los demás, aunque sus infidelidades o su rebeldía pudieran ser castigadas con la muerte.

 

En esa sociedad en que la mujer se siente reprimida, escarnecida y olvidada desde que nace, ¿cuál puede ser su reacción? “Aparentemente, la sumisión completa”, responde la escritora, explicando que ante ellas se abren además otras dos posibilidades, a las que el libro debe su título: “el suicidio, prohibido por el islam, y el canto, que también representa un gran desafío de las normas sociales”.

 

“Pero este libro es todo menos lúgubre porque las mujeres afganas no son lúgubres. Ellas hicieron suya la poesía en una sociedad regida por los valores masculinos, donde la mujer siempre ha vivido en condiciones muy duras”, concluye Janés.

Artículo completo en Planeta Futuro / El País


"En conversación con Mosab Abu Toha", por Joselyn Michelle Almeida

Mosab-Abu-Toha
Presentación de "Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído en Casa Árabe de Madrid el 26 de noviembre de 2024.

FUNDACIÓN ESPACIO PÚBLICO

10 diciembre 2024

 

Mosab Abu Toha es un poeta, ensayista y periodista palestino. Su ópera prima, Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído: poemas desde Gaza (ediciones del oriente y del mediterráneo, 2024; en inglés Things You May Find Hidden in My Ear, City Lights, 2022), obtuvo el Premio del Libro Americano 2022, el Premio del Libro de Palestina 2022, el Premio de Poesía Derek Walcott 2022, y fue nombrado finalista del Premio Nacional del Círculo de la Crítica en Poesía. Forest of Noise [Bosque de ruido] (Knopf, 2024), su segundo libro, fue publicado en octubre.

 

Esta entrevista se llevó a cabo el 1 de diciembre, después de que Abu Toha terminara su gira por Francia y España, donde estuvo en Madrid y Barcelona.

 

Gracias por hablar conmigo hoy mientras te preparas para una nueva gira de conferencias por varias ciudades de los EE. UU. Para mí fue un gran privilegio y una profunda alegría recibirte en la Ciudad de Cibeles y dialogar hoy sobre Palestina, Gaza y tu poesía.

 

Empecemos con la poesía si te parece. Una de las cosas que más me inspira de tu obra es cómo el poder lírico y elegíaco de tu poesía también se nutre de su relación con la historia. Pienso en poemas como «Qué es hogar», «Mi abuelo y el hogar» o «La metralla busca la risa» de Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído, y «Cuaderno de Gaza 2021-2023» o «De rodillas» de Bosque de ruido. ¿Qué relación hay entre tu poesía y la historia de Palestina?

 

Muchas gracias por el tiempo que pasamos juntos, aunque fue muy poco. Espero que la próxima vez tengamos más tiempo; me gustaría hacer un recorrido por Madrid, una visita de verdad porque tuve, ya sabes, un tiempo muy limitado en la ciudad. Tuve entrevistas con los periódicos y el evento, así que la próxima vez espero poder hacer una visita adecuada.

 

Como poeta palestino, no puedo separar mi poética de la historia en la que nací. No creo que nadie pueda separar su propia vida de las circunstancias en las que nace. En mi caso, nací de padres que nacieron en campos de refugiados, y cuyos padres también fueron refugiados desde 1948. Así que toda mi poesía es sobre nuestro destierro y nuestra patria, nuestra tragedia como personas que han experimentado el trauma y la muerte y la pérdida ininterrumpidamente. No recuerdo un solo día sin amenaza de muerte en Gaza, donde nací en 1992. No recuerdo un año en el que no haya perdido algo; cuando no fui capaz de hacer algo; cuando me privaron de mis derechos humanos básicos, de viajar, de encontrarme con amigos y familiares de afuera o incluso cercanos, quiero decir. Es imposible no pensar en la historia de Palestina.

 

Somos personas conscientes y somos también conscientes de la historia de esta catastrófica ocupación que empezó incluso mucho antes de 1948, durante el Mandato Británico con la promesa que hizo Arthur James Balfour en 1917 a los sionistas de darles la tierra de Palestina para crear su propia patria en la patria de un pueblo que ya existía desde hacía siglos. Y que tenían sus vidas, su vida cultural, su vida social, su vida económica— teníamos muchas ciudades que exportaban productos al mundo exterior. Pero sabemos que el momento presente que estamos viviendo es el resultado de esta historia, de estos años que fueron testigos de la entrega de nuestra patria a extranjeros, a personas que nos son foráneas. Todavía estamos sufriendo las secuelas de toda esta historia.

 

 ¿Qué se siente al volver a Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído en Francia y en España para presentar las traducciones al francés y al español del mismo?

 

Creo que ha sido una experiencia muy importante para mí ver cómo la gente reacciona a mi poesía en inglés y también en español y francés. Me di cuenta de que la recepción de mi poesía en otros idiomas es igual que en inglés. Y esto significa que la poesía en sí misma es un lenguaje, independientemente del idioma en el que esté escrita. Y también me encantó escuchar mis poemas recitados en un idioma diferente que no entiendo, ya que solo hablo inglés y árabe. Sí, fue importante ver cómo se perciben los poemas en otra lengua, pero también me puso de relieve que la poesía en sí misma es un lenguaje que se puede sentir independientemente del idioma que estemos usando para traducirla.

 

¿Hay escritores del mundo iberoamericano que hayan entrado en tu lista de lecturas?

 

Lorca, por ejemplo, y Pablo Neruda.

 

Pablo Neruda respondió a Walt Whitman, algo que has hecho en tu obra, cuando respondes a voces como la de Whitman, la de Allen Ginsberg, la de Audrey Lorde…

 

… También Edward Said, Adorno …

 

 … Entonces, cuando respondes a estos escritores canónicos de la literatura angloamericana y mundial, ¿qué estás haciendo? Pienso que es un momento importante en tu obra.

 

Sí, como ser humano estoy en conversación, en contacto con esas personas que vivieron décadas antes. Tengo un poema inédito que escribí hace años que se llama «Una respuesta desde Gaza al soneto 18». Estoy en conversación con estos autores. Soy un artista que vive en una época distinta y en un lugar diferente y hago las cosas de otro modo porque he vivido una vida diferente.

 

El tipo de generación que Ginsberg describió es distinto a mi propia generación. Mi generación nunca ha podido salir de Gaza. Han perdido a muchos familiares. Han vivido en tiendas de campaña. Han pasado semanas y meses buscando agua, comida, pañales y medicinas para sus hijos, o para sus madres, o sus familiares enfermos.

 

¿Dirías que esta conversación es un correctivo del Sur Global, especialmente en ese poema a Ginsberg, donde reescribes el conocido verso de Aullido, «Vi las mejores mentes de mi generación»?

 

Sí, creo que vivimos en diferentes partes del mundo, el tipo de cosas con las que estamos luchando… Hay ironía.

 

Das una lectura irónica a ese texto. De algún modo, estás empoderando a los lectores para que realmente cuestionen las premisas… Despiertas la duda de que tal vez Ginsberg no vio lo suficiente.

 

No solo él, sino también las personas que lo leen. Sé que Ginsberg es alguien que viajó por diferentes partes del mundo, pero sin incluir Gaza. Él vivía en su propio mundo, pero yo he vivido en su mundo y también en mi propio mundo. Desgraciadamente, su mundo —no él en particular— sino su mundo, que es Occidente, hablando de América, es responsable del tipo de mundo en el que estoy viviendo. Quiero decir, en Gaza, en Palestina. No influí en su generación. No traje nada malo a su país.

 

No me refiero sólo a mi generación, sino también la generación de mi padre, la generación de mi abuelo y también la generación de mi bisabuelo, que también murió en un campo de refugiados.

 

Has sugerido que la poesía es su propio idioma. ¿Cómo contrarresta la narrativa hegemónica difundida por los principales medios de comunicación y otros actores? ¿Cómo resiste la poesía?

 

Creo que la poesía revela la narrativa hegemónica que se pronuncia diariamente por parte de las entidades políticas, los países, los gobiernos, las personas racistas… La poesía expone la verdad sobre lo que está sucediendo después de que se construyen tales narrativas. La poesía revela que conoces la verdad de lo que significa estar en el poder. Aquí hablo del poder militar y del poder político. Así que destapa la atrocidad, lo que hay detrás de estas narrativas hegemónicas que destruyen no solo a las personas sino también el lugar, la geografía de las personas, y las desplazan e incluso borran todo lo que les pertenecía. La poesía muestra que lo que la gente en el poder dice tiene como consecuencia la destrucción de tierras y personas.

 

La poesía pone de relieve lo que está sucediendo, porque los medios simplemente no están haciendo su trabajo, no solo porque muchos medios son parciales, sino también porque Israel está impidiendo que los periodistas vayan a Gaza y cubran lo que está sucediendo. Así que la poesía está haciendo esto para mí.

 

Has señalado que hay continuidades importantes entre Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído y Bosque de ruido. ¿Qué continuidades y diferencias importantes hay?

 

Creo que los poemas de Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído tratan sobre lo que  sucedía en Gaza y siguió sucediendo incluso después de que se publicara el libro; mientras que los poemas de Bosque de ruido tratan sobre algunas de las cosas nuevas que Israel cometió después del 7 de octubre, por ejemplo: la destrucción, no solo de casas sino también de barrios enteros, el bombardeo masivo de las ciudades, el enterramiento de familias bajo los escombros durante meses, el hecho de que tantos cadáveres fueran devorados por perros y gatos hambrientos.

 

Nunca vi estas cosas cuando estaba escribiendo Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído y nunca he vivido un asalto militar de estas dimensiones (el más largo que viví fue en 2014, que duró unos 51 días), pero con este estamos hablando de 423 días, sin cesar. Hambruna. Cortar la luz, el agua, el combustible, las medicinas, perder a tantos miembros de mi familia, perder a algunos de mis alumnos, el bombardeo de la escuela donde enseñaba, el bombardeo de mi casa y todo lo que tenía. Este es el tipo de diferencias… como mi experiencia al ser secuestrado por el ejército israelí.

 

En resumidas cuentas, lo que recogen los poemas de Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído volvió a suceder en 2022, 2023 y ahora en 2024 a mayor escala.

 

Para enlazar esto con lo que dijiste sobre el presente continuo de la historia palestina y la tragedia y catástrofe de Palestina…

 

Sí… Me refiero al hecho de que escribo un poema y sé que no es un poema sobre algo que sucedió, sino sobre algo que sucederá una y otra vez… así que esto es lo que hace que mis poemas y los poemas de otros autores palestinos sean diferentes de otra poesía. No digo que seamos las únicas personas que realmente estamos experimentando aquello sobre lo que escribimos, quiero decir que no estamos escribiendo sobre algo que sucedió y que terminó. Escribí un poema sobre una niña y su padre, y sé que hay muchas otras niñas, padres, niños y madres asesinados de la misma manera, y sé que volverá a suceder.

 

Hace un año y dos semanas, la FDI te secuestró cuando te dirigías al paso de Rafah mientras tú y tu familia intentabais salir de Gaza. Lo describes en un artículo en The New Yorker y en el poema «De rodillas» de Bosque de ruido. Este evento traumático subraya cómo Israel ha atacado en Gaza a otros intelectuales y escritores, médicos, abogados…

 

El objetivo de cualquier ocupación es hacer la vida lo más miserable posible, y esto se puede hacer mediante el asesinato de médicos, periodistas, escritores y profesores universitarios con su familia. Esto es un crimen en sí mismo. Me refiero al hecho de que nosotros en Gaza, nosotros en Palestina, ya no tendremos a nadie como esta persona que fue asesinada. Imagina cuánto tiempo le tomó a esta persona ser quien es, ya sea un médico, un cirujano, un profesor universitario, un poeta, un artista o un ingeniero. Imagina cuánto tiempo le llevó estudiar y adquirir más y más experiencia, convertirse en un experto en su campo. Imagina cuánto tiempo nos llevará reemplazarlo. Esto es un doble crimen de guerra. No solo porque mataste a alguien, sino porque privaste a su comunidad, a su gente, de lo que podía ofrecerles, ya sabes, antes de que lo mataran, antes de que el genocidio llegara a su fin. Así que este es un hecho devastador del que todo el mundo debería ser testigo.

 

Entre las grandes pérdidas que el mundo llora contigo está la de tu profesor y amigo poeta Refaat Alareer, cuya obra completa, Si debo morir: poesía y prosa, llevabas contigo cuando llegaste a Madrid. ¿Podrías hablarnos un poco sobre cómo te influyen su amistad y su trabajo?

 

Creo que la influencia de Refaat ha tocado a todos los que lo conocieron o incluso a personas que nunca lo conocieron, porque Refaat no solo fue un artista de la palabra, sino también un profesor de literatura comparada y escritura creativa. Así que fue mentor de muchos escritores jóvenes. No mío directamente, pero su presencia, sus palabras, su propia escritura influyeron en mí y en todos los que llegaron a conocerlo o a leer su trabajo. Nos dejó un mensaje muy, muy fuerte, su poema más famoso «Si debo morir». Él nos hizo… sabes… luchar por seguir con vida porque hay mucho que hacer. Y para ello debemos mantenernos vivos.

 

«Si tengo que morir, tú debes vivir para contar mi historia». La historia que Refaat nos sigue pidiendo que contemos no es solo su historia personal, porque lo personal en Palestina es lo colectivo. La historia de Refaat, que perdió a su hermano Hamad en 2014, que perdió su casa, que con su esposa perdieron alrededor de 100 parientes —y estoy seguro de que muchos más fueron asesinados después del 7 de octubre— es la historia de la pérdida, es la historia del desplazamiento. Es la historia de la educación, no solo de la educación de su pueblo, sino de la gente que vive fuera, que nunca ha podido ser testigo en Gaza.

 

Lo que estábamos intentando como escritores era proyectar las historias hacia afuera y también atraer a la gente a nuestra historia: traer la gente a Gaza, traer la gente a Palestina, traer la gente a Yaffa, la ciudad de mis abuelos.

 

¿Cómo consideras tu obra en relación con otros escritores palestinos, tanto los conocidos como Mahmoud Darwish y Fadwa Tuqan, o voces más contemporáneas, como Dareen Tatour y Dalia Taha, o Samer Abu Hawwash y Marwan Makhoul?

 

Creo que mi trabajo complementa el trabajo de otros escritores, desde Mahmoud Darwish e incluso antes hasta las voces contemporáneas, como, también podemos agregar aquí a Refaat Alareer. Cada experiencia palestina es distinta, aunque sea similar, pero también en muchos aspectos es distinta de otras experiencias. Mahmoud Darwish, que nació pocos años antes de la Nakba, que vivió en el exilio durante muchos años de su vida y que murió en Palestina (murió en Estados Unidos, pero vivía en Ramala, en Cisjordania). También está Fadwa Tuqan, que vivía en Cisjordania. Tenemos a Dareen Tatour, que vive en Reineh, una ciudad árabe de Galilea que desde 1948 forma parte del Estado de Israel, y luego a gente como Samer, que vive en el exilio. Hay tantas historias diferentes, a pesar de que somos el mismo pueblo palestino, vivimos en Palestina, pero vivimos en diferentes partes de Palestina, en circunstancias diferentes. Incluso la experiencia de Refaat es diferente de la mía: Refaat perdió a un hermano, yo no perdí a un hermano y espero no perder a ninguno. Fui secuestrado por las fuerzas israelíes; Refaat no lo fue.

 

Sus historias son diferentes a la mía, pero seguimos hablando de la misma ocupación, estamos hablando del mismo asesino, del mismo opresor. Y estamos hablando de las mismas personas que están siendo oprimidas. Y estamos hablando de diferentes fases de la ocupación, ya sea la ocupación militar, ya sea los puestos de control, ya sea la invasión militar, ya sea el asedio, ya sea la vida en el exilio y no poder regresar a tu patria. Nosotros, como poetas y escritores palestinos, describimos el mismo paisaje desde distintos puntos de vista. Tenemos diferentes experiencias al respecto. Nunca he estado en otras partes de Palestina. Mahmoud Darwish tuvo que vivir en el exilio durante años. Y muchos de estos escritores nunca han podido ir a Gaza debido al asedio y la ocupación.

 

En estos momentos, Israel sigue llevando a cabo una destrucción en Gaza que, como ha dictaminado la CIJ, es un crimen de guerra y de lesa humanidad, especialmente en el norte de Gaza, donde has perdido a treinta y un familiares —el más reciente, tu tío Said Abu Toha—, y tu familia inmediata y la familia de tu esposa siguen en situación de peligro. ¿Cómo crees que la esfera mediática internacional está respondiendo a esta emergencia y a la aplicación por parte de Israel de lo que se ha denominado «el plan del general»?

 

Creo que el mundo le ha fallado al pueblo palestino al seguir apoyando a Israel incondicionalmente, pero también al abandonar al pueblo palestino frente a ese Estado bárbaro. Imagina cuánto le cuesta al mundo enviar un camión de medicinas o un camión de alimentos o un camión de mantas a la población de Gaza que se enfrenta a este invierno, un invierno muy duro, en tiendas de campaña. Y es muy, muy lamentable ver que Estados Unidos, cada vez que los medios de comunicación preguntan al Departamento de Estado sobre el «plan del general», responde: «Hablamos con nuestros socios israelíes, y dijeron que no, que no están llevando a cabo este plan». Eso fue hace dos meses. Y ahora estamos viendo lo que está pasando, y lo están haciendo, y no tenemos ninguna respuesta de esta Administración. Por lo tanto, no solo son cómplices, sino que son socios del genocidio. Y los medios de comunicación que guardan silencio sobre estas cosas también son socios del genocidio.

 

Percy Shelley dijo que «los poetas son los legisladores no reconocidos del mundo» y cualquier lector encontrará que esto es especialmente cierto en tu obra, testimonio del genocidio que está ocurriendo en Gaza mientras hablamos. ¿Qué significa, en tu opinión, que la poesía atestigüe? ¿Cómo puede un lector atestiguar?

 

Creo que el poeta, en mi caso, es el que experimenta de primera o segunda mano las atrocidades que él y su pueblo están viviendo. Porque viví en Gaza toda mi vida y me fui en diciembre del año pasado, lo que significa que no viví ni experimenté lo que estaba sucediendo después del 2 de diciembre. Ha pasado un año para mí desde que estuve en Gaza; mañana es el aniversario. Pero esto no significa que yo, como poeta, como alguien que experimentó tantas cosas, no pueda describir los sentimientos de lo que significa vivir algo que vi o leí. Tengo la habilidad, tengo la capacidad de escribir sobre cosas que les pasaban a mis padres o a mis abuelos, o a mis hermanos y sus hijos, o a mis primos. Así que soy testigo, no solo porque viví esto, sino porque lo viví antes, y sé lo que significa vivirlo una y otra vez.

 

Y los lectores pueden atestiguar como seres humanos. Porque creo que parte de nuestra humanidad es nuestra capacidad de empatizar con las personas. Ese es el reto. Sé que la gente en Occidente, quiero decir, el 90% o tal vez el 95% —no sé cuántos— el 90% de la gente nunca ha vivido la guerra, y esto no es algo malo, es algo bueno, y espero que este sea nuestro destino también. Pero creo que es responsabilidad de la gente de Occidente, cuyos gobiernos contribuyen al genocidio de mi pueblo y a la ocupación de mi país, dar testimonio siguiendo nuestros medios de comunicación, siguiendo nuestras historias, leyendo nuestro trabajo, amplificando nuestras voces. No es suficiente atestiguar, sino que también es importante atraer a otras personas para que atestigüen contigo. La empatía en términos de que la gente se dé cuenta de que ellos pudieron ser los que nacieron en Gaza, los que nacieron en Palestina, los que nacieron en Siria, o el Líbano, o Yemen, o Libia o en Ucrania también.

 

El modo elegíaco en tu obra no solo lamenta la pérdida, sino que también recuerda. ¿Dirías que tu énfasis en la memoria abre una puerta inesperada hacia el futuro más allá del horror inconcebible del presente?

 

Cuando hablamos de pérdida, hablamos de la pérdida del pasado y del presente, y no solemos hablar de la pérdida del futuro, de los recuerdos que pudimos tener con las personas que perdimos o los lugares que perdimos. Así que el duelo por la pérdida no trata solo de recordar tus experiencias pasadas, tus momentos pasados con lo perdido, ya sean personas o cosas o lugares, sino también el duelo por la pérdida del tipo de vida que hubieras tenido con estas personas o cosas. Y también la pérdida de la noción del tiempo. Tras 14 meses qué tipo de recuerdos podríamos tener. La gente de Gaza solo puede preocuparse por el próximo minuto, los próximos dos minutos, el tipo de noticias de última hora que van a recibir.

 

Como poeta, creo que durante 435 días no hemos podido crear un solo grato recuerdo. No tenemos ningún control sobre lo que vamos a hacer en los siguientes minutos. No podemos proteger los recuerdos que teníamos porque Israel está destruyendo personas, casas y lugares, y no podemos crear recuerdos que nos encantaría tener con personas que podemos perder en cualquier momento. Pero creo que el papel de la poesía es tratar de crear los recuerdos que podríamos tener y honrar la memoria de las personas que ya no están con nosotros.

 

Notas:

Joselyn Michelle Almeida es autora de Condiciones para el vuelo (2019) y Los ejes del astro (2024) y traductora de Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído: poemas desde Gaza del poeta palestino Mosab Abu Toha, así como ensayos sobre literatura árabe traducida y libros sobre literatura anglo-hispánica. Es miembro del consejo editorial de la Revista Banipal de literatura árabe moderna y de la asociación de investigadores científicos National Council of Independent Scholars. Contacto: @jma9.bsky.social

Espacio Público damos las gracias a Agustín Martín Francés por la cesión de las fotografías que ilustran este artículo.

 

artículo completo en Espacio Público

 

 


"Bóvedas de sombra", con Charo López, Mireia Sentís y su autor, Eusebio Lázaro, en la Librería Enclave

Bóvedas-de-sombra-de-Eusebio-Lázaro
Bóvedas de sombra, de Eusebio Lázaro, en la librería Enclave, con Mireia Sentís y Charo López.

Beatriz Lecumberri entrevista en El País a Mosab Abu Toha

 

 

Beatriz Lecumberri entrevista a Mosab Abu Toha
Beatriz Lecumberri entrevista en El País a Mosab Abu Toha con motivo de la publicación de su libro "Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído. Poemas desde Gaza".

Mosab Abu Toha, poeta del sufrimiento de Gaza: “Cargo sobre mis hombros el peso de los escombros de mi casa y de mis libros convertidos en cenizas”

El escritor, que ha presentado en Madrid la traducción en español de su poemario, galardonado en Estados Unidos, lamenta la pasividad mundial ante la crisis humanitaria en la Franja, que hace que los palestinos estén perdiendo la esperanza

Beatriz Lecumberri
Madrid - 29 NOV 2024 - El País - Planeta futuro

Mosab Abu Toha (Gaza, 32 añ

Mosab Abu Toha (Gaza, 32 años) habla rápido, con la misma urgencia que escribe sus poemas, en los que atrapa detalles e imágenes que transportan al miedo, al hambre, a la pérdida y a la muerte que viven diariamente los palestinos de la Franja. Un gato comiendo entre los cadáveres putrefactos, la mochila escolar de un niño que carga lo que han podido salvar de la casa familiar antes de huir, el polvo de los escombros que lo invade todo, un funeral sin gente.

Su libro Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído, (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, 2024) que ha presentado esta semana en Madrid y ha sido galardonado en Estados Unidos, recuerda a la antipoesía del chileno Nicanor Parra o a los versos de guerra de Miguel Hernández. “Mis ojos están programados para ver las cosas desde el punto de vista de un palestino de Gaza. No puedo escribir de otra cosa o de otra manera”, explica, en una entrevista con este diario en Casa Árabe, en Madrid.

Abu Toha, que creó en 2017 la biblioteca pública Edward Said, la primera en inglés en Gaza, fue arrestado y llevado a una prisión israelí durante tres días cuando intentaba salir de la Franja con su familia hace un año. Está convencido de que fue liberado gracias a sus contactos en universidades y publicaciones de Estados Unidos y hoy vive en el Estado de Nueva York. Allí se ha convertido en una especie de reportero en verso del sufrimiento de los palestinos de la Franja, recogido en buena parte en su segundo libro, “Forest of noise”, por ahora solo en inglés. “Yo sigo estando en Gaza. Me fui, pero parte de mí sigue allá”, asegura.

Coincidiendo con el Día Internacional de Solidaridad con el pueblo palestino, que se celebra este viernes, Abu Toha lamenta que el mundo esté olvidando a Gaza. “Cuando veo unos padres que entierran a su hijo, siento que yo podría estar en su lugar. Creo que sería bueno que las personas fuera de Gaza también vieran nuestra tragedia de esta manera, especialmente en los países occidentales”.

En sus versos, también queda lugar a veces para una esperanza que, según él, los gazatíes están perdiendo: “Pero llegará la primavera y ellos, los que nos bombardean, no encontrarán flores entre las bombas. Estaremos entre los árboles, la luz del sol nos bañará junto a los nidos de los gorriones. Ellos, los que nos bombardean, no tendrán sol, ni lugar donde descansar, ni piernas para correr”, dice uno de sus poemas más recientes.

Pregunta. ¿Nunca ha escrito versos que no hablen de Palestina?

Respuesta. Palestina es el único lugar que conozco de verdad.

P. ¿No podría escribir hoy una poesía sobre las calles o los parques de Madrid?

R. Mis ojos están programados para ver las cosas desde el punto de vista de un palestino de Gaza. No puedo escribir de otra cosa o de otra manera. Por ejemplo, si hago un poema sobre una casa que veo hoy en Madrid, no podré dejar de pensar en la casa que dejé en mi ciudad, en Beit Lahia.

P. ¿Qué es para usted la poesía hoy?

R. Una obligación, una urgencia... Escribo unos versos y los publico. Donde sea. En redes sociales, en páginas de centros académicos o de medios de comunicación. No espero. Mis poemas son también noticias de Gaza que no salen en los medios de comunicación.

P. ¿Cómo ha sido este año fuera de Palestina para usted y su familia?

R. No es fácil ser palestino y vivir en Estados Unidos. Salimos de Gaza gracias a mi hijo, que nació en EE UU y tiene pasaporte. Mi vida tuvo algo de valor por eso, no porque soy un ser humano con derechos. Aun así, fui secuestrado, porque no encuentro otra palabra mejor para definir lo que me pasó. Cuando intentábamos salir de Gaza, en noviembre de 2023, los soldados israelíes me arrestaron en un retén. Me esposaron, me taparon los ojos y me golpearon. Me robaron todo, hasta los pasaportes de toda la familia y la ropa. Fui liberado tres días después sin ninguna explicación, supongo que gracias a que mi esposa se había puesto en contacto con mis editores en Estados Unidos y ellos hicieron presión. Si no, hoy estaría probablemente muerto. Salimos de Gaza el 2 de diciembre de 2023. Pasamos seis meses en Egipto rehaciendo pasaportes y visados y fuimos a Estados Unidos, donde había un grupo de personas que nos recibió.

P. ¿Su manera de hacer poesía ha cambiado desde el 7 de octubre de 2023?

R. No creo que haya cambiado, pero sí estoy usando las palabras de manera diferente y creo que su peso es mayor. Hablo de la misma gente y del mismo opresor, Israel. Nuestro sufrimiento no empezó ese 7 de octubre, me enfada que haya gente que así lo crea. En 1948, mi abuelo tuvo que dejar su casa en Jaffa y murió en un campo de refugiados de Gaza. Era muy joven, ni siquiera le conocí. La ONU habla de nuestro derecho al retorno desde hace décadas, pero estamos en 2024 y nadie ha regresado, más bien al contrario. Las cosas sobre las que yo escribo llevan años pasando. Pero desde octubre de 2023 el nivel de muerte y destrucción es inimaginable.

P. ¿Las palabras se quedan cortas para describir lo que está pasando en Gaza?

R. Por eso escribo poesía. Porque redefine las palabras que estamos usando cada día cientos de veces: masacre, bombardeo e incluso genocidio. ¿Qué es un genocidio? ¿Qué es una masacre? Han perdido su significado y su profundidad, de tanto usarlas. Yo escribo un poema sobre la madre que ha perdido a su bebé o sobre un hijo que llora a su padre e intento describir la historia que hay detrás. Mis versos tienen emociones que las noticias no logran captar.

P. ¿Es difícil atrapar esas emociones cuando se está lejos de Gaza, como es su caso ahora?

R. Yo sigo estando en Gaza. Me fui, pero parte de mí sigue allá. Viví los primeros meses de esta guerra, fui herido en un bombardeo hace unos años. Llevo cicatrices en mi cuerpo y en mi corazón, cargo sobre mis hombros el peso de los escombros de mi casa y de mis libros convertidos en cenizas. Cuando veo unos padres que entierran a su hijo, siento que yo podría estar en su lugar, que ese niño es el hijo de todos nosotros. Sería bueno que las personas fuera de Gaza también vieran nuestra tragedia de esta manera, especialmente en los países occidentales. Se llama humanidad, empatía, solidaridad y no la están practicando.

P. ¿Qué palabra le viene al pensamiento para describir la situación actual de Gaza?

R. Gritos. Los gazatíes gritan porque tienen hambre y miedo, porque lo han perdido todo. Me produce mucho dolor decir esto, pero también están perdiendo la esperanza. Porque el mundo no hace nada para poner fin a este desastre.

P. ¿Qué ha perdido en este año?

R. Decenas de familiares, amigos, alumnos... A mi abuelo, que murió por falta de atención médica en Gaza y no pude besarle la frente antes de que fuera enterrado. También he perdido la vida que hubiera podido tener con mi familia y los momentos que podría haber pasado con mis amigos, yendo en bicicleta a la playa o recogiendo fresas, especialmente con Refaat Alareer, poeta y amigo fallecido en un bombardeo. Y creo que también hemos perdido el lenguaje del miedo.

P. ¿Qué significa eso?

R. Los gazatíes están dejando de expresarse porque llevan 14 meses hablando de lo mismo: bombardeos, muerte, hambre, miedo... Nada de lo que digan describe lo que sufren y además, el futuro puede ser aún peor. Entonces la gente calla y sigue adelante. Además, ven a su lado a otros que están sufriendo aún más y piensan que no tienen derecho a quejarse.

P. ¿Qué le queda de su casa en Beit Lahia?

R. Mi casa estaba al norte, desde mi ventana veía la frontera con Israel. Tuvimos que salir de ahí rápidamente. Cuando fui por última vez, en octubre de 2023, solo me llevé conmigo una copia de este libro que presento en Madrid, otro libro de oraciones y ropa. Dos semanas después fue bombardeada.

P. ¿Cuándo escribió su último poema?

R. La semana pasada. Es una poesía que habla de Gaza como un funeral gigante, pero sin gente y sin sillas, para que las personas que acuden a dar el pésame puedan sentarse, como hacemos los palestinos. Nadie va a ese funeral y en el ataúd solo hay pedazos de ropa, porque el cuerpo estaba pulverizado.

P. ¿Escribe en inglés o en árabe?

R. En las dos. Cuando escribo en inglés, lo hago para el mundo, como un refugiado, un palestino víctima de la ocupación israelí. Cuando escribo en árabe, soy solo un ser humano hablando de cosas más universales.

P. ¿Sigue creyendo que su futuro está en Gaza?

R. Espero, pero no sé si habrá un lugar al que volver. Israel no está dejando nada en pie. ¿Hasta cuando durará esto? No lo sé. Soy solo un poeta escribiendo sobre la pérdida y el dolor.

(artículo completo en El País)


Tres libros clave para comprender la realidad del Líbano.

Jalid-Ziyada-Viernes-y-Domingos
Viernes y domingos, del autor libanés Jalid Ziyada, traducido del árabe por Nieves Paradela.

Viernes y domingos, del escritor libanés Jalid Ziyada, traducido del árabe por Nieves Paradela.

Partiendo de sus recuerdos infantiles —aquellos viernes en que los musulmanes acudían a orar a las mezquitas de la ciudad vieja, y aquellos domingos en que musulmanes y cristianos confundidos iban a divertirse a los cines y parques de la ciudad nueva—, Jalid Ziyada hace un penetrante análisis sociológico de las transformaciones urbanas de la ciudad libanesa de Trípoli desde comienzos de los años cincuenta del pasado siglo.

"Este texto es una pequeña joya consagrada a la búsqueda de un tiempo perdido, el de la ciudad de Trípoli durante las décadas de los años cincuenta y sesenta... verdadera autobiografía, llena de sensibilidad y finura, de la memoria de una ciudad y de una generación de intelectuales suníes libaneses..." (Henry Laurens, Le Monde diplomatique, octubre 1996).

"Jalid Ziyada proporciona las instrucciones de uso de una ciudad. La narra en once capítulos, breves como unas instantáneas, cuenta los sonidos, los colores y los sabores de su ciudad..." (J.M., Qantara, nº 20, julio-agosto 1996).

 

 

Rashid-Daíf-Estimado-señor-Kaabata
"Estimado señor Kawabata", del escritor libanés Rashid Daíf, traducido del árabe por Salvador Peña.

Estimado señor Kawabata, del escritor libanés Rashid Daíf, traducido del árabe por Salvador Peña.

Bajo la forma de una carta al premio Nobel japonés, el autor rememora sus años de juventud en medio de las convulsiones que desgarraron Oriente medio.

"...no es una memoria más al uso, sino una trabada reflexión sobre los tres lustros de la guerra civil libanesa en la que se registran algunos de los más graves problemas de su sociedad —civil y política—..." (José Abu-Tarbush).

"La guerra libanesa (1975-1990) provocó un significativo cambio de rumbo en la literatura de ese pequeño y convulso país del Mediterráneo oriental... Por ejemplo, en Rashid Daíf..., uno de los más destacados y mejores novelistas, de quien ahora aparece traducida al español, y de modo excelente, su sexta novela, Estimado señor Kawabata, publicada en su versión original en 1995.

En esta, al igual que en todas las anteriores, la guerra desempeña un papel fundamental como marco y motor de la acción narrativa, aunque como el mismo Daíf se ocupó de señalar hace tiempo, no es la suya una literatura de guerra simplemente, sino una literatura sobre el ser humano, y 'la guerra no es más que una forma de comportamiento'.

La novedad de este Estimado señor Kawabata es que ahora ese ser humano es precisamente él, el autor, quien desde su durísima experiencia de la guerra... reconstruye el itinerario esencial de su biografía dándole la forma de una larga carta dirigida al escritor japonés Yasunari Kawabata" (Nieves Paradela en Revista de Libros, junio de 1999).

Mahmud-Darwish-Memoria-para-el-Olvido
"Memoria para el olvido", del escritor palestino Mahmud Darwish, traducido del árabe por Manuel C. Feria García.

Memoria para el olvido. Tiempo: Beirut. Lugar: un día de agosto de 1982, de Mahmud Darwish, traducido del árabe por Manuel C. Feria García.

"Por un trágico y pavoroso retorno de las cosas, de nuevo la repetición, el remake (como se diría en términos cinematográficos) de la agresión israelí al Líbano, el asedio a Beirut por el Tsahal. De nuevo y, como entonces, a las órdenes de Ariel Sharon, el héroe de Sabra y Chatila y, ahora, de Yenín, culminación de su sangrienta gloria. Pero recordemos que lo que viven ahora Mahmud Darwish y el conjunto del pueblo palestino es infinitamente más grave que el sitio a Beirut cuando ocurrió la agresión israelí.

La propia lectura de Memoria para el olvido ya era entonces en sí misma un manantial de luz, como una revelación que nos conducía al umbral de un destino trágico del que compartimos tormentos, angustias, interrogantes, abiertos como heridas, y ese abrazo de la vida y la muerte que se enlazan en un solo cuerpo. Y ahora, hoy, en esta noche en que el apocalipsis tiende sus tinieblas sobre Palestina, tierra herida, martirizada, rota, ahogada en sangre y sufrimiento, humillada, negada en su dignidad humana, ahora y entonces la voz del poeta alcanza una profundidad infinita" (de la Presentación del libro por el escritor marroquí Edmond El Maleh).

#líbano #liban #Khalidziyada #rashiddaif #mahmuddarwish #viernesydomingos #estimadoseñorkawabata #memoriaparaelolvido #edmondelmaleh


El Coriolano de Shakespeare, su obra más política, vuelve a representarse y remover las conciencias.

No es una obra tan famosa como Otelo o La tragedia de Romeo y Julieta, pero en ella encontramos la revuelta del pueblo contra la oligarquía, que acapara el trigo para especular con él y provocar su subida de precio. Y, frente al pueblo, la figura de Coriolano, el caudillo militar partidario de aplastar la revuelta.

 

Como indica el actor y director teatral Eusebio Lázaro en su:

 

 

 

INTRODUCCIÓN A CORIOLANO

 

 

Piedra, bronce, piedra, acero, piedra,

hojas de roble, cascos de caballos sobre el pavimento.

“Coriolano. Marcha triunfal.”

T.S.Eliot

Antecedentes

Roma. Año 494 a.C. No hace mucho que Tarquino, el último rey, ha sido expulsado de Roma y se ha instituido la República. Cualquier intento de restaurar la monarquía se castiga con la pena de muerte. La plebe está privada de todo derecho de gobierno. Las tribus volscas se levantan en guerra, pero los plebeyos se niegan a combatir y provocan la primera de las secesiones, la primera huelga general de la historia: abandonan sus trabajos y se acogen pacíficamente al monte Sacro. Roma queda paralizada. El senado accede a sus peticiones y se nombran tribunos populares  y una asamblea de la plebe. En medio de este ímpetu de dominio, surge la figura de hierro y piedra del general Cayo Marcio, que añadirá a su nombre el cognomen de Coriolano, heroicamente conquistado en sus hazañas guerreras.

¿Qué es lo que atrae de estos hechos antiguos, contados por los  historiadores Tito Livio, Plutarco de Queronea y Dionisio de Halicarnaso a escritores, filósofos y políticos del siglo XVI europeo? Y, sobre todo, ¿qué es lo que nos atrae a nosotros ahora?

El Renacimiento con su rescate de los valores del mundo grecolatino, tanto éticos como artísticos o del pensamiento, nos da respuesta a la primera pregunta y, al igual que se recuperaban los libros y las historias, los personajes volvían a vivir a través de la pintura, de la literatura o del teatro. Esto es especialmente así en la escena isabelina en la que triunfa el actor y autor William Shakespeare. Pero ¿y en nuestro tiempo?

Coriolano-William-Shakespeare
Coriolano, de Shakespeare, en edición y traducción de Eusebio Lázaro.

La obra

Podría pensarse que el interés que despierta la obra Coriolano en la época contemporánea se debe a su carácter eminentemente político. En efecto, la obra arranca sorprendentemente (para haber sido escrita a comienzos del siglo XVII) con el enfrentamiento del pueblo, hambriento y revuelto por la carestía de trigo, contra la clase de los ricos que lo acaparan y especulan con él. Conforme transcurre la trama, el choque entre esas dos fuerzas va tomando forma en personajes concretos: los tribunos de la plebe, que la manejan según sus propios intereses, por un lado, y el general más prestigiosos de Roma, Cayo Marcio, con su odio y desprecio hacia el pueblo, por el otro. La lucha de clases se agudiza y atraviesa toda la obra, pero el verdadero valor dramático de esta no consiste fundamentalmente en ese factor. De ser así, nos bastaría con la crónica de Plutarco. Para que el tema, ciertamente apasionante, se convierta en una pieza teatral, en un juego de espejos, se precisan personajes cuyas vidas se vean afectadas por sus particulares pasiones dentro del marco turbulento de una ciudad dividida por el odio social y político. Sin eso, el héroe no tendría relevancia dramática.  Será, pues, el factor humano de los sentimientos, afectado por los hechos sociales, el que dirija el desenlace trágico de la historia. Esa diferencia es la que convierte a la obra de Shakespeare en obra artística y no en ensayo político. El intento de deslindar ambos aspectos y tomar partido por uno de ellos ha sido la tentación de algunas interpretaciones del tema. La más significativa es la de Bertolt Brecht en su adaptación de la obra. Lo fascinante es que cuando eso ocurre, la obra pierde su misterio y su grandeza para convertirse en una pedagogía.

En las piezas de Shakespeare hay un tema recurrente que es el poder, el poder político como engendrador de injusticia, pero también la dominación personal. Pocos autores muestran como él, de manera tan descarnada, “el matadero de la historia”, como llama  Jan Kott en sus Apuntes a la lucha por el poder. Existen testimonios de algunos embajadores extranjeros que expresaban sorpresa o escándalo al ver en los escenarios ingleses a los reyes expuestos en ese palenque de traiciones y crímenes. Cuando Lear, desposeído por sus hijas, está bajo la tempestad exclama:

Pobres y desnudos, donde quiera que estéis,

aguantáis el duro tormento de la tempestad.

¿Cómo podrán vuestras cabezas sin techo, vuestros

                                                         flacos costados                                  

vuestros harapos rotos y abiertos, defenderos

de este temporal? Oh, qué poco me preocupó esto,

                                                     ¡púrgate, riqueza!,

exponte a sentir lo que los pobres sienten,

para que puedas dejar caer sobre ellos lo que te sobra

y mostrarte más justo ante los cielos.

Y más tarde, refugiado en la mísera choza, la lucidez de la locura le hacer decir:

Ahí puedes ver la verdadera imagen de la Autoridad:

un perro a quien se obedece por su cargo.

(…)

A través de los andrajos, se hacen visibles

                                        los vicios pequeños,

pero togas y ropajes todo lo esconden.

Blinda con oro el delito y la fuerte lanza

de la justicia se romperá sin herir.

Cúbrelo con harapos y la paja de un pigmeo

podrá atravesarla.

 

En el comienzo de Coriolano, los ciudadanos, en su decisión de rebelarse contra los poderosos, lanzan frases que contienen el origen de un pensamiento de la lucha de clases analizado siglos más tarde. Desvelan la causa-efecto de la riqueza-pobreza: el concepto de plusvalía que se obtiene   del trabajo ajeno queda expresado en la frase del Ciudadano 1:

La causa de nuestra miseria es el inventario que señala su abundancia; nuestro sufrimiento es ganancia para ellos.   

En el otro lado, Cayo Marcio advierte proféticamente refiriéndose al pueblo:

                  Vendrá un tiempo en que tomará el poder

                  y se lanzará a mayores empresas.

William-Shakespeare-Retrato-Chandos
El Retrato Chandos, atribuido a John Taylor.

Shakespeare va a ir colocando en cada contendiente del drama las “virtudes y los vicios”.  Felizmente, no podemos hacernos una idea cabal de hacia cuál de los dos bandos se inclina la voluntad del autor. Y esa indefinición permite que la obra pueda interesar al público más amplio. Desde cualquiera de los puntos de vista que sea leída o contemplada, la obra no produce ni una total identificación con el héroe (o con sus adversarios) ni un definido rechazo. El pueblo en su conjunto es voluble en sus juicios, se deja manipular y contiene en sí todas las connotaciones negativas que se suele atribuir a la masa.[1] Sin embargo, como individuos aislados, cuando hablan por ellos mismos, Shakespeare los trata con simpatía; son ingeniosos, con sentido del humor. Hay en sus obras una estupenda galería de tipos populares, de personajes secundarios que dan el colorido y viveza que debía de contemplar en las plazas y mercados de Londres y entre el público mismo de su teatro.  Pero su talento abarcador no se queda en un populismo paternalista, y no se recata en manifestar su rechazo por el “populacho” del que también abominaba Marx. Es ese populacho hooligan que sigue al rebelde Jack Cade en Enrique VI, que ahorca al que sabe leer. Saltando en el tiempo, es el mismo que gritaba “Vivan las caenas” o las hordas que asaltan nowadays los Congresos y los Parlamentos.

Pero en la rebelión popular de la obra, los ciudadanos están lejos de ser esa masa informe, esa hidra de la que abomina Cayo Marcio; aparecen más bien como coro individualizado, aunque, como en tantas otras ocasiones, manipulados por los demagogos. En este balance de razones en el que se va moviendo la trama, nadie queda sin la suya. La diferencia, no obstante, entre las exigencias populares y las pretensiones represoras de Marcio, son claramente desproporcionadas.  Dice el Ciudadano 1 en la primera escena:

Sabed que Cayo Marcio es el mayor enemigo del pueblo.

Lo sabemos, lo sabemos -contestan a coro–

Matémosle y tendremos trigo al precio que queramos.

¿Aceptáis la sentencia?

Es decir, Marcio se niega a que se les entregue el trigo, y ellos están dispuestos a eliminarlo. Sólo quieren emplear la violencia sobre él, sobre un solo responsable. En cambio, Marcio no tiene límites en su afán represivo:

Marcio.- ¡Ellos dicen que hay trigo suficiente!

Si la nobleza cediera su piedad

y me dejara usar mi espada,

haría una pila

con miles de estos esclavos troceados tan alta como alcanzase mi lanza.

La desmesura es enorme. Y dentro de esa pila estarían los dos tribunos. Luego las maniobras de estos para acabar con él están también justificadas; es mera supervivencia: o él o ellos.

De los hechos que se cuentan, al margen de la parte de leyenda que el tiempo va depositando, parece concluido (tanto en las Vidas como en la obra) que gracias a la intervención de las mujeres Roma se salva. Pero esta conclusión es válida para la historia de Coriolano, pero no para la Historia de Roma; las revueltas populares y las rebeliones de esclavos se sucedieron durante toda la República. La clase de los optimates, los patricios y grandes propietarios de tierras, se negaron a ceder un palmo de sus privilegios y cortaron brutalmente cualquier reivindicación, como muy bien ejemplifica la historia de los hermanos Graco. [...]

 

[1] El filósofo francés Gustav Le Bon, en su obra Psicología de masas, aparecida en 1895, afirma que "La masa es siempre intelectualmente inferior al hombre aislado. Pero, desde el punto de vista de los sentimientos y de los actos que los sentimientos provocan, puede, según las circunstancias, ser mejor o peor. Todo depende del modo en que sea sugestionada. Conocer el arte de impresionar la imaginación de las masas equivale a conocer el arte de gobernarlas".

No cabe duda de que Ortega y Gasset conocía el trabajo de Le Bon cuando escribió en 1927 su ensayo La rebelión de las masas, En él el filósofo español desarrolla la idea según la cual el pensamiento individual se funde o se disuelve en impulsos irracionales y primitivos:  Lo característico del momento es que el alma vulgar, sabiéndose vulgar, tiene el denuedo de afirmar el derecho de la vulgaridad y lo impone dondequiera. Curiosamente, el pensamiento liberal conservador de Ortega se aproxima al punto de vista de los patricios en la obra: La historia del Imperio romano –dice– es también la historia de la subversión, del imperio de las masas, que absorben y anulan las minorías dirigentes y se colocan en su lugar. En cuanto al interés que el tema ha suscitado tanto en la época de Shakespeare como en la del siglo XX, escribe:

Siempre podemos hallar alguna época en el pasado humano que se parezca a la nuestra en algo y aun en muchos algo. Esa labor de emparejar tiempos con tiempos es, sin duda, fecunda”.

 (…) Pero si dos épocas se parecen en algo o en mucho, se diferencian también en demasiadas cosas.

(…) cuando hablamos de sincronismo o coincidencia de fechas entre hombres y circunstancias heterogéneas, debemos hablar de sinfronismo o coincidencia de sentido, de módulo, de estilo entre hombres o entre circunstancias   desparramadas por todos los tiempos”.

 

 Extracto de la Introducción, p. 21-27.

 

 


Puente de fuego: Notas sobre el libro ‘Fuego profético negro’

Antes de traducir a autores como Cornel West o bell hooks, ignoraba, como la mayoría de la gente blanca, casi todo en lo referente al pensamiento afroamericano. Su literatura no entraba en mi radar, a pesar de considerarme un lector de escritores marginales, crítico de los grandes éxitos y las tendencias de masa. Por supuesto, me movía en la comodidad de una literatura irreverente, pero esta solía rayar la rebeldía sin causa ni ideales. Mis aspiraciones eran negativas, es decir, arremetía contra un sistema desde el resentimiento por pertenecer a una nueva generación perdida. La indignación se dirigía contra un difuso sentir, un malestar individualista, sin objeto. La literatura no era sino un narcótico para un eficaz aislamiento. Pero si mis autores predilectos pertenecían a una minoría, la temática afroamericana representaba una rareza; curiosa, sí, pero sin conexión alguna con la realidad española. Cuánto me equivocaba…

Cornel-West-Fuego-profético-negro

“¿Acaso hemos olvidado lo sublime que es arder por la justicia?”, se pregunta West en la introducción de Fuego profético negro, el último libro publicado por la colección Biblioteca Afroamericana de Madrid (BAAM). La asociación entre justicia y fuego como sentimiento interior me trae a la memoria estas palabras de Heráclito: “A su llegada, el fuego juzgará y alcanzará todas las cosas”. Conjunción entre justicia y fuego, justicia ardiente, la única que trasciende el tiempo y perdura. Justicia inextinguible, pero susceptible de ser olvidada; recordarla, “resucitarla”, es el principal cometido de West, hooks y cualquiera de los activistas negros dispuestos a morir para guiar un pueblo desarraigado hacia la salvación personal y colectiva, justo lo que hicieron los profetas negros analizados en el libro: Frederick Douglass, W. E. B. Du Bois, Martin Luther King Jr., Ella Baker, Malcolm X e Ida B. Wells.

¿Pues qué es arder por la justicia? En el ensayo dialogado no solo se le reclama al sistema político del país administrar justicia, sino se pide justicia, y se aspira a hacer justicia, como se hace un poema o se hace una casa. La casa de la justicia. Se arde, esto es, se vive para hacer reinar lo justo, lo que es de cada cual. El pueblo afroamericano fue privado de su destino y de su tierra, privado de lo que le era justo. Una mano blanca inclinó la balanza en su contra, pero la antorcha de la justica es recogida por cada nueva generación para restaurar el equilibrio. En el tránsito se produce una transformación –pues el fuego es transformación–: la persona esclavizada, despojada de nombre e historia, es sublimada, elevada por encima del orden establecido, como una buena hoguera ilumina con fuerza la noche. Y West no solo pregunta a sus hermanos negros si han olvidado el valor de esa experiencia, sino se lo pregunta a todo aquel en las tenazas de una cultura sin guía, una economía desbocada y caníbal.

Si antes los afroamericanos se enorgullecían de empoderar a los más necesitados, hoy, denuncia West, han sido seducidos por el individualismo y el mito del hombre hecho a sí mismo. Por eso el autor se plantea en el libro “resucitar el fuego profético negro”, apoyándose en sus grandes referentes, quienes, según él, ofrecen al activismo contemporáneo no solo inspiración, sino también lúcidos análisis de los mecanismos de poder y herramientas para solucionar los problemas organizativos de cualquier movimiento.

El libro, por tanto, apela a todos aquellos que aspiran a construir un mundo mejor y encuentran en esos “soldados negros” una visión del mundo que del dolor no produce odio, sino esperanza e ingenio. Tal y como escribe West en Partiendo pan, la obra que precede a Fuego profético en la colección:

“Los estudios afroamericanos nunca se concibieron para un alumnado exclusivamente afroamericano, sino para tratar de redefinir lo que significa ser humano, lo que significa ser moderno, lo que significa ser estadounidense, porque en este país la gente de descendencia africana es profundamente humana, profundamente moderna, profundamente estadounidense. Y, por lo tanto, en la medida en que los alumnos aprecien nuestras riquezas, así como nuestras limitaciones, podrán comprender mejor en qué consiste la modernidad y la experiencia estadounidense”.

¿Comprender la modernidad por medio de un grupo esclavizado y denigrado? La paradoja es que el color los mantuvo unidos en la penuria, y, para no sucumbir, formaron lazos religiosos, culturales y artísticos que, siendo “profundamente modernos”, cuestionaban la modernidad, le ofrecían un sabor de fuego, vitalista y solidario. También en Partiendo pan, hooks se asombra de: “nuestra capacidad de tomar posesión del dolor para moldearlo, reciclarlo y transformarlo en una fuente de poder”. De ahí la importancia de la experiencia afroamericana: es modelo de lucha, de “proceso, en el que se pasa de circunstancias difíciles y dolorosas a una mayor conciencia, alegría y plenitud”.

El libro aborda de forma dialogada la historia de la resistencia afroamericana y rescata de la memoria colectiva una serie de individuos “proféticos” que, en esencia, supieron decir no. No a la explotación, no a la miseria, no a la opresión, no a la segregación, no a la discriminación. El poeta Ángel Crespo, en su poema a la palabra No, escribió: “Tiene la virtud de despertar: entre los dos vacíos que la modelan –el de la Nada y el de la eventualidad del poema– la palabra No posee un rostro casi afirmativo”. Quienes saben decir no son despiertos que aspiran a ser poema, esto es, a afirmarse negando.

Frederick Douglass, un exesclavo que, después de huir al Norte, tuvo una carrera fulgurante como escritor y político, supo decir no, supo hacerse poema. Si bien era “hijo de su tiempo” y al final de sus años su fuego se amansó, estuvo dispuesto a morir para recuperar, en palabras del Quijote, “uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos”: la libertad. Dijo Douglass: “No os dejéis engañar por ese falso pan de la libertad que dan a los esclavos emancipados”. Aquí resuenan estas otras palabras de Zambrano:

“Pan de sol, este que ha de ser comido en compañía. Puesto que el pan de veras no es cosa de ir a tomarlo uno mismo y comérselo a solas. Se ha de recibir o se ha de dar. La ley del pan manda que se ofrezca y que se reciba, que se comparta; que se coma junto con los demás, que así se hacen prójimos de verdad”.

El “pan de veras” es el pan compartido, no el que se come a solas, en obnubiladas fantasías de éxito y atención mediática. El pan de veras es pan de sol, es decir, fuego materializado. Y si saco a colación a Zambrano es porque hispanos y africanos podemos aprender mucho los unos de los otros, ser “prójimos de verdad”. El pan de sol es un puente de fuego.

Otro gran desconocido en España es el activista e intelectual W. E. B. Du Bois, a quien el libro dedica el segundo capítulo. De acuerdo con West, ofrece uno de los análisis más lúcidos acerca de los fundamentos del Imperio norteamericano, pero trazando la evolución del “don” afroamericano, el regalo del pueblo africano a la democracia estadounidense. A fin de cuentas, la cultura occidental se ha afromericanizado, y el puente de fuego, por mucho que se intente extinguir mediante la violencia y el terror, se propaga de forma subterránea, desde los puntos más insospechados.

“Haz algo por los demás”, le reveló una voz a Luther King, ese “icono domesticado” por la cultura dominante, las fuerzas de mercado, el narcisismo generalizado. Pues “no es posible mantener la tradición profética negra sin los valores contrarios al mercado”, reflexiona West. Quien se ofrece al otro y le brinda ayuda sin pedir nada a cambio es enemigo del sistema. Mutatis mutandis, quien no hace nada por los demás, socava la tradición profética, la tradición que entiende la vida no como un vehículo del capital, sino del conocimiento.

En Fuego profético, por supuesto, los autores no se olvidan de dos de las mujeres más insignes del movimiento: Ella Baker e Ida B. Wells. La primera propone una sencilla pero clarividente definición del activista: la persona que “ayuda a los oprimidos a ayudarse a sí mismos”; se trata, por tanto, de un existencialismo democrático que le da la vuelta a la vieja lógica del gran dirigente como pastor del pueblo; al revés: “el movimiento creó a L. King”. Y define dos tiempos yuxtapuestos: el de mercado y el democrático. El primero se refleja en el hipercapitalismo, los “ciclos de dominación, muerte y dogmatismo”; el segundo requiere paciencia, genera una conciencia revolucionaria que desafía el “poder oligárquico, su sistema económico basado en el beneficio y en los métodos de distracción cultural que anestesian a las masas”. Una “piedad democrática” en virtud de la cual se goza sirviendo a los demás. Y aquí de nuevo resuena la voz de María Zambrano: “Piedad es sentimiento de la heterogeneidad del ser […] anhelo por tanto de encontrar los tratos y modos de entenderse con cada una de esas maneras múltiples de realidad”. La pobreza religiosa es en cambio “eclipse de la Piedad”, es decir: tiempo de mercado.

Ida B. Wells, por otro lado, representa el paradigma del “activismo multicontextual”; dedica la vida a denunciar el “terrorismo norteamericano” y encabeza, por tanto, un movimiento antiterrorista. Su valor y espíritu inquebrantable la condenaron a la marginación, por cuanto “uno de los caminos más solitarios es el de la persona desnegratizada entre gente negratizada”. Una persona negratizada es quien interioriza el racismo y deja de luchar por su dignidad. En el contexto afroamericano, desnegratizar es devolver la autoestima y la pasión por la vida (como en España hicieron Unamuno, Zambrano, Lorca…). ¿Y quién se dedicó con más ahínco a “sacar al nigger” de la persona negratizada? Malcolm X, desde luego, quizás el profeta negro más flamígero de todos. “Música en movimiento”, lo describe West, profeta de la rabia negra, alzó su voz como un dragón arroja llamas: “No existe un problema negro. Queremos lo que vosotros queréis”.

El libro concluye con una crítica al expresidente Obama, quien, por su condición de símbolo, entorpeció la crítica al sistema imperialista y explotador. “¿Acaso no es hipócrita alzar la voz cuando el faraón es blanco, pero no proferir ni una palabra crítica cuando es negro?»” se pregunta West. Justicia universal, por tanto, pero sin minimizar el problema racial en Estados Unidos. “La tradición profética negra ha sido la levadura en la hogaza democrática norteamericana”, cierto, pero su ejemplo apela al mundo entero; revela el poder creador de la libertad.

 

Artículo completo en fronterad


Adonis, Premio Internacional Joan Margarit de Poesía 2024

ADONIS-FEDERICO ARBÓS-CLARA-JANÉS
Adonis presenta en Casa Árabe El Libro acompañado por su traductor Federico Arbós y la académica Clara Janés, directora de la colección "poesía del oriente y del mediterráneo".

Recibimos con enorme satisfacción la concesión al poeta Adonis del Premio Internacional Joan Margarit de Poesía. Adonis, de quien hemos ido publicando desde 1993 sus títulos más relevantes, es uno de los pilares de nuestra colección de poesía dirigida por Clara Janés, con títulos como Libro de las huidas y mudanzas por los climas del día y la noche (1993), en traducción de Federico Arbós; Canciones de Mihyar el de Damasco (1997), en traducción de Pedro Martínez Montávez y Rosa Isabel Martínez Lillo, y su monumental trilogía El Libro (El ayer, el lugar, el ahora), de la que ya han aparecido los dos primeros títulos El Libro (I) [2005] y El Libro (II) [2018], ambos traducidos por Federico Arbós, que ya ha emprendido la traducción de El Libro (III). No menos importantes son sus ensayos, de los que hemos publicado Poesía y poética árabes (1997), traducido por Carmen Ruiz Bravo-Villasante y Sufismo y surrealismo (2008), traducido por José Miguel Puerta Vílchez.

Compartimos con el jurado del premio formado por Javier Santiso, fundador de la Editorial la Cama Sol; Luis García Montero, director del Instituto Cervantes y poeta; Héctor Abad Faciolince, escritor; Ana Santos, exdirectora de la Biblioteca Nacional, lugar donde se encuentra el legado de Joan Margarit, y Mònica Margarit, hija del poeta, su apreciación de la obra del poeta como "una obra lírica de calidad indiscutible", "un diálogo cultural entre civilizaciones, entre Oriente y Occidente".

Nuestra felicitación al gran poeta árabe, que ha sabido conjugar su estro poético con su rigor intelectual y su compromiso político.

 

 

Adonis-Sufismo-y-surrealismo
Adonis: Sufismo y surrealismo
ADONIS-CANCIONES-DE-MIHYAR-EL-DE-DAMASCO
Adonis: Canciones de Mihyar el de Damasco
Adonis-El Libro-(II)
Adonis: El Libro (II)
ADONIS-LIBRO-DE-LAS-HUIDAS-Y-MUDANZAS-POR-LOS-CLIMAS-DEL-DÍA-Y-LA-NOCHE
Adonis: Libro de las huidas y mudanzas por los climas del día y la noche
Adonis-El-Libro (I)
Adonis: El Libro (I)
ADONIS-POESIA-Y-POÉTICA-ÁRABES
Adonis: Poesía y poética árabes