Kaoutar Harchi

Traducción del francés: Inmaculada Jiménez Morell

Tal como existimos, donde el amor paterno-filial y el despertar de la conciencia política acompañan la infancia y adolescencia de una chica de origen inmigrante, ha sido valorada como «Una autobiografía conmovedora».

15,00


Share

Tal como existimos es uno de los libros más debatidos del momento. Harchi es profesora e investigadora en sociología y admiradora de sus predecesores en una escritura eminentemente francesa que desdibuja la frontera entre literatura y sociología: Didier Eribon, Annie Ernaux y Édouard Louis. El proyecto de Harchi, sin embargo, difiere del de sus predecesores socioliterarios, como ella misma me dijo: «estos escritores, a quienes leo, admiro y con quienes reflexiono, no parecen tener la misma dificultad con la idea de lugar, como a mí me sucede; son franceses y están claramente reconocidos como tales. En mi trabajo hay una dimensión adicional, la cuestión de la raza, la cuestión poscolonial. Esto es lo que trato de resaltar en Tal como existimos.

Russell Williams, Times Litterary Supplement

Kaoutar Harchi, escritora y socióloga: “Las personas son mucho más importantes que los personajes que pueda inventar en mis libros”

La autora encarna una literatura comprometida y política que huye de la ficción para encarar cuestiones que duelen a la sociedad de Francia, en la que sí celebra la creciente presencia de las mujeres en movimientos antirracistas

Beatriz Lecumberri

El País – Planeta Futuro Madrid – 08 ABR 2025

 

Kaoutar Harchi (Estrasburgo, Francia, 1987) recuerda perfectamente el día en que una profesora que tenía unas manos preciosas le regaló un libro con una dedicatoria: “A mi pequeña árabe, que debe conocer su historia”. Nunca se lo contó a sus padres, de origen marroquí, a los que también ocultó que la maestra la llevó después a una clase para que hablara a los alumnos de su cultura, religión y “lengua materna”. “Fue una agresión y fue más fuerte que yo. Yo era pequeña, no supe qué hacer, qué decir, y no hice ni dije nada”, recuerda la escritora y socióloga en su libro autobiográfico Tal como existimos (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo), traducido recientemente al español.

Tras publicar varias obras de ficción, Harchi afirma sentirse liberada hablando de personas reales en sus libros, en los que atrae la mirada hacia cuestiones dolorosas, silenciadas o deformadas. “Vista la situación que vivimos en Francia y en el mundo no puede ser de otra manera”, afirma, en una entrevista con este periódico a su paso por Madrid. El racismo, la radicalización del Estado, el compromiso de la literatura, el poscolonialismo, la violencia contra las minorías, a veces invisible y acallada, y el papel creciente de las mujeres en la lucha social, impregnan su literatura. “Todo lo que yo cuento es verdad, ha sido vivido por mis padres, por mi entorno, por mí. Cuando decimos que todo es verdad, que es sincero, el pacto con el lector es una fuerza mucho más cautivadora que la ficción”, opina.

 

Pregunta. Tal como existimos describe su vida entre los ocho y los 20 años. Además de un relato íntimo y autobiográfico, es también un retrato de su generación, una foto colectiva. ¿Era esa su intención?

 

Respuesta. Era muy importante desarrollar una escritura que dejara aparentar las contradicciones, los sentimientos y las dificultades, dejando claro que los individuos son personas que forman parte de estructuras sociales: la escuela, la migración, la mirada sobre uno, la religión, y que todo eso estructura su vida. Es decir, lo íntimo está atravesado por cuestiones políticas muy importantes.

 

¿Nunca pensó en recurrir a la ficción para describir todo esto?

 

Antes de este libro había publicado tres obras de ficción y no me interesaba más la experiencia. Cuando se habla de racismo, de violencia de género o de clases, es muy importante buscar todo eso en la propia vida y tratarlo de forma directa. Todo lo que yo cuento es verdad, ha sido vivido por mis padres, por mi entorno, por mí. Las personas son mucho más importantes que los personajes que pueda inventar en mis libros. Cuando decimos que todo es verdad, que es sincero, el pacto con el lector es una fuerza mucho más cautivadora que la ficción.

 

En su libro escribe: “la violencia nos despojó de nosotros mismos, nos obligó a mirarnos y a mirar nuestra vida de forma diferente”. Esa violencia, personal y colectiva, por momentos silenciosa y, según usted, acallada, ¿marcó a su generación?

 

Sí. En torno a la década del 2000 hay un punto de inflexión en Francia. Hasta ese momento vivíamos en una negación, responsabilizando de todo lo que ocurría a la población migrante. Pero en esa época empezamos a entender que todo es más profundo, que es una cuestión de Estado, de política, de desigualdad social, del trato que se reserva a la población musulmana en Francia. Es un paso importante y se articula en torno a la muerte de dos jóvenes en Clichy-sous-Bois, que murieron electrocutados en 2005 al esconderse en un transformador durante una persecución policial. Nuestra generación se politiza porque ve que las desigualdades se perpetúan y que si no se pide justicia al Estado, todo va a empeorar.

 

Los jóvenes que hoy tienen 14 o 15 años en los mismos barrios franceses, ¿viven una situación mejor o peor?

Es una generación que ya ha crecido con estas cuestiones incorporadas: racismo, discriminación… Ellos saben muy bien que el Estado no ha cumplido sus promesas, es decir, no se hacen tantas ilusiones como nos las hacíamos nosotros. Es una generación más madura respecto a todo esto, consciente de que hay una violencia estructural por parte del Estado y eso les resulta insoportable, por momentos.

¿Ha habido algún cambio positivo?

Sí. Hay mujeres árabes, negras, asiáticas… que han decidido luchar por sus hijos, por sus hermanos. Por ejemplo, Assa Traoré, cuyo hermano murió en 2016 en una comisaría tras haber sido detenido, o Amal Bentounsi, cuyo hermano Amine murió al recibir una bala en la espalda de un policía en 2012, por citar dos ejemplos. Esto en torno al año 2000 no existía. En ese momento, las familias que eran víctimas de un crimen racista se eclipsaban y hoy tienen un rol mediático, especialmente las mujeres. En Francia las comparamos con Antígona. El duelo ya no se vive en el espacio privado, es público. Y el poder de un duelo es enorme.

 

¿Sus libros sirven para que los franceses miren de frente una realidad que esquivan?

El público nacional estaba acostumbrado a relatos que reconocían en cierta manera el papel de Francia. Eso se acabó. Estamos en una situación de confrontación política. Pero posiciones como la mía son frágiles desde el punto de vista literario, frente a medios de comunicación que son aparatos de propaganda en manos de grupos muy poderosos que justifican el destino que se reserva a una parte de la población y giran siempre en torno a las mismas preguntas: la verdadera identidad francesa, las minorías… Yo tengo otro discurso y no sé si es eficaz frente a este gran sistema. Mi trabajo literario se enmarca en la fidelidad hacia poblaciones que necesitan realmente un apoyo. La situación política en Francia es difícil, es violenta, pero queremos tener esperanza y hay que seguir actuando.

 

Sus padres fueron migrantes en la antigua potencia colonial. La descolonización y el poscolonialismo laten en su escritura.

Es un tema muy presente en Francia, esa idea de volver sobre el discurso oficial, lleno de mentiras y de expolio, que invisibiliza a otra parte de la historia. Yo quiero además que la cuestión racial entre en la literatura. Es una manera de descolonizarla, de politizarla.

 

Su literatura se puede calificar entonces de política.

Vista la situación que vivimos en Francia y en el mundo no puede ser de otra manera. De hecho, he escrito un libro con Joseph Andras, que se titula Literatura y revolución (Littérature et révolution, Éditions Divergences). En Francia hay libreros que reciben cartas pidiéndoles que retiren algunos libros de sus estanterías y hay una especie de caza contra los militantes. Todo está ligado: Palestina, Argelia… A la izquierda francesa se le acusa de ser cercana a Hamás, la extrema derecha se sitúa ahora contra el antisemitismo. Tengo colegas que piensan mucho antes de escribir, que piden consejo a abogados para saber si hay algo en sus textos que podría ocasionarles problemas legales. Porque en Francia, después de los atentados de París de 2015, hay un aparato legislativo que se ha ampliado y que hace que muchos actos puedan considerarse apología del terrorismo.

En su último libro, Ainsi l’animal et nous (Editorial Actes Sud), que en español sería algo así como “el animal y nosotros mismos”, trata estos temas desde la óptica de la animalización.

La idea es que desde hace siglos, de Cristóbal Colón a Gaza, todas las personas que son masacradas u obligadas a pasar hambre son animalizadas. Es una constatación. Desde Descartes, el mundo animal ha sido descrito como algo inferior y parece que lo que nos salva es que no somos como los animales. Pero animalizamos a la población negra, a las mujeres, al enemigo… La cuestión animal es un punto central en la dominación, en el colonialismo, el feminismo, el capitalismo… Por ejemplo, el constructor de automóviles Henry Ford se inspiró de los mataderos de Chicago a principios del siglo XX para trazar las cadenas de montaje de los coches.

 

Entonces, para usted está claro que la ficción se terminó

Totalmente. La situación es demasiado difícil y hay que ir a lo esencial, tener una escritura más documentada, más periodística. Ser escritor no es solo ir a los festivales, es también seguir la actualidad, intentar apoyar a los militantes, escribiendo un texto cuando lo necesitan, e intentar hacer avanzar las cosas.

 

artículo completo en PLANETA FUTURO – EL PAÍS

Carta de identidad de una escritora «beur»

Publicado el 11 de octubre de 2024 / Por Iñaki Urdanibia 

Por si fuera necesario, diré que el término beur que consta en el título, es el modo para, en argot, referirse a los nacidos en Francia, hijos de inmigrantes árabes. Si en el anterior artículo presentaba la obra de una mujer de padres argelinos, en la presente ocasión, leo una obra de Kaoutar Harchi, nacida en Estrasburgo, en 1987, de padres marroquíes: «Tal como existimos», publicado por Ediciones del Oriente y del Mediterráneo. La socióloga entrega en su libro, una historia de su vida, cual si se tratase de una novela de aprendizaje, en la que el sujeto, ella, se toma a sí misma como objeto, ampliando el singular a lo colectivo… resultando su caso, en no pocos aspectos, el de bastantes otras. Retrato de su vida, retrato de su familia y la de los suyos, los amigos que comparten la misma suerte que ella. Sus padres, Hania y Mohamed, son trabajadores humildes: ella trabaja en una residencia de ancianos, mientras que él se dedica al mantenimiento en una fábrica. Sobre todo la madre está empeñada en que su hija no se mezcle con los jóvenes del barrio pues considera que son unos vagos, unos gamberros siempre dispuestos a montar broncas; con el fin de alejarla de tal ambiente la matricula en una escuela católica que, obviamente, está en otro barrio, más distinguido, cruzando el río Ill, que desde luego no es en el que ha nacido y habita… Ya en el bus en que han de trasladarse, padece, ella y su amiga Jadiya, los primeros gestos de desprecio, y las risas acerca de su aspecto, de su color de piel, y de su manera de hablar. Nada digamos en el propio colegio, en donde ella y las de su origen pasan a ser las “no-idénticas” con respecto a los chicos y chicas que proceden de familias de dinero, que, no obstante, son en cierta medida el inalcanzable modelo -contagiada Kaoutar por su madre- que a ella le gustaría seguir. Los clones son mayoritarios y ellas son un mundo aparte, objeto del desprecio, en un medio escolar en el que existían unas fronteras herméticas, infranqueables. Hasta cierto signo de paternalismo se da por parte de una profesora que, viendo la afición de Kaoutar por la lectura y la escritura, y seguramente con la mejor de las intenciones, le regala un libro con una dedicatoria, «a mi pequeña árabe», que le supone un rebote de órdago. Todas estas cuestiones van a hacer que la narradora /escritora sea empujada a buscar su mundo; antes de acabar el bachillerato, no obstante, ve un enorme trajín por parte del alumnado, con unos sobres marrones… era la inscripción a diferentes universidades: ahí se reafirman las claras diferencias entre los blanquitos que pueden elegir las universidades y escuelas más elitistas, pues sus padres tienen los medios para ello. Estas diferencias y el sentimiento de aislamiento, provocado por una descarada violencia simbólica, va a hacer que ella busque su mundo, y el colectivo con el que puede codearse en unas relaciones de igualdad y de valores comunes: eso le va a conducir a cierto nacionalismo familiar (con sus progenitores, y en especial con su madre) y a su vocación de escribir, no como acto gratuito y estético, sino como forma de dar voz a sus vivencias y las de los suyos, al tiempo que le empuja a elegir estudios de sociología, no teórica sino pegada a la práctica, a lo concreto, siguiendo las enseñanzas del argelino Abdelmalek Sayad y Pierre Bourdieu, no sin temer la incomprensión de sus padres por la decisión tomada que suponía, se quiera o no, cierta separación de ellos. El velo, el color de la piel como marcas corporales que se enraizaban en un pasado de sus antepasados en las colonias y las de sus padres en la metrópolis… experiencia que se repetía, de distintas maneras, una y otra vez… y alguna escena de odio abierto por parte de algún bruto, que exigía a sus amigas que se quitasen el velo, propinándole un puñetazo a una de ellas en la cabeza. Por medio van quedando escenas de enfrentamiento con la policía, que no cesa en el continuo atosigamiento a los jóvenes, y la escorada presentación en las pantallas televisivas de los hechos… igualmente que se nos hace conocer las visitas de sus padres, y otros inmigrantes, a su país natal, dedicándose a dar una falaz imagen de las maravillas que viven en sus países de destino, y como muestra de ello, los regalos que se entregan a los distintos parientes. La escritura se fue convirtiendo en un verdadero trabajo y en una arma de lucha, «una tarea realizada no por su propia finalidad, su propia belleza, sino más bien por lo que permitía alcanzar, obtener, bastante más allá de ella misma […] como una contribución colectiva , consagrada en último extremo a hablar de nosotros, de la familia que formábamos que pertenecía a un grupo histórico, a una clase muy extensa, las más numerosa, pobre y violentada». ¡Así Kaoutar Harchi, que hablando de sí y de los suyos, entrega el resultado de un implicado, y vivido, trabajo de campo!

Dos lecturas tras la lectura:

Por una parte, es de subrayar que los tonos autobiográficos se mantienen en el último libro que ha publicado la autora: Ainsi l´animal et nous (Actes Sud, 2024) ya que en especial en cinco cuadros (cinq tableaux) narra diferentes acontecimientos que ha vivido o conocido, teniendo una presencia destacada su madre. En este libro se habla de la relación entre humanos y animales, subrayando cómo algunos seres son animalizados (se pone el acento en su aspecto animal): como las mujeres, los colonizados, los proletarios, los pertenecientes a minorías raciales… lo que hace que queden en situación de poder ser excluidos de la comunidad moral, por la violación, por la fábrica, por el látigo, por la persecución y el encierro. Ligado con lo anterior, y en cierta medida complementándolo, acabo de leer una artículo de la autora en el nº 1830 del hebdomadario Politis, fechado este 2 de octubre: Le corps mutilé devient cette seule terre que le colonisé peut habiter; en el artículo se analiza «la manera con que la estrategia de mutilación de los cuerpos llevada a cabo por Israel participa de una política colonial», ya que Israel además de sembrar la muerte, ha extendido la mutilación, lo que hace que éstas cobren un papel importante, mostrando una lógica colonial de mutilación, lo que a través de cortar toda posibilidad de que el pueblo palestino se cure de sus heridas, ya que los palestinos y palestinas pierden un ojo, una pierna, y al mismo tiempo esa bomba que ha destrozado los cuerpos ha destrozado las infraestructuras (de las 36 instalaciones hospitalarias con que contaba Gaza un tercio han dejado de funcionar, del mismo modo que la ayuda humanitaria ha sido bloqueada). Y saca a relucir unas cifras implacables: Gaza contaba con 440.000 personas discapacitadas, según Danila Zizi, directora de Handicap internacional para Palestina; es decir 21% de la población total. Desde el 8 de octubre, se cuentan cerca de 100.000 personas heridas de donde se puede deducir que una gran parte de esas personas son desde entonces discapacitadas. La discapacidad no es un efecto conectado con la masacre, sino una finalidad de la política colonial de quien la organiza, mantiene. Estos cuerpos marcados, y su previa animalización, se vio desde los primeros días de los bombardeos del Estado de Israel al declarar, tanto Netanyahu como su ministro de defensa, que estaban ante animales, ante bestias, y a tales se las había de tratar como tales. A la mente viene alguna escena narrada por Primo Levi en Si esto es un hombre: los prisioneros muertos de hambre se peleaban por unas peladuras de patatas que unas elegantes señoras les arrojaban para ver el espectáculo de la lucha entre ellos… lo que suponía, según su asquerosa visión, una confirmación de que eran como animales… no hace falta rizar rizo alguno para recordar los estudios de Giorgio Agamben sobre el homo sacer que suponía que los cuerpos de los súbditos, su vida y su muerte estaban en manos del soberano.

Por Iñaki Urdanibia para Kaosenlared

El dolor o cómo se llega a París

Tal como existimos

Escrito por Mohamed El Morabet el 9 de mayo de 2025 para Revista Mercurio Cultura Desorbitada

Empiezo por el final. Me refiero a un final posible, más allá del texto, que se materializa en la mente justo después de cerrar una lectura. Para este lector, la narradora está sentada en su cuarto recién alquilado en París y escribe en su cuaderno. La veo abstraída en su tarea hasta que mira el reloj del móvil y se alarma. Con prisas se calza, se echa la mochila a la espalda y sale disparada a coger el metro en dirección a la universidad La Sorbonne-Nouvelle. «Es al final cuando el tiempo pasado se revela de pronto como un todo y asume una forma luminosamente clara y acabada», escribe Milan Kundera en El arte de la novela. Esa mirada retrospectiva y la búsqueda imaginativa de la luz son los dos elementos que constituyen el todo de Tal como existimos, la novela de Kaoutar Harchi que publica en España Ediciones del Oriente y del Mediterráneo.

 

Sin embargo, todo empieza con una repetición: «Y aquel día, ignoro cuál, pero aquel día que un día existió». Ese día, repetido tres veces en la primera frase, inaugura una respiración, la melodía y la belleza del estilo, que nos predispone a viajar con la narradora hacia su pasado. «Tenía seis años, siete tal vez», escribe la autora. Y la imprecisión que se apodera del recuerdo será la bobina de un cordel invisible que tejerá el relato y abarcará desde la niñez hasta la edad universitaria. En este sentido, estamos ante una novela de formación al uso donde el proceso de educación de la protagonista ocupa el núcleo de la historia.

 

Mediante capítulos cortos y bien compactos, como si cada uno fuera un instante encerrado en una cápsula, la narradora traza el trayecto emocional de su vida a través de los momentos más significativos en términos de dolor y rechazo.

 

El rechazo arranca con el fin de la escuela primaria. Hania, la madre de la protagonista, inscribe después a su hija en un colegio católico privado para procurarle un espacio seguro. La decisión de la madre está motivada por los miedos que percibe a su alrededor, sobre todo los que llegan a través de la radio y la televisión. Miedo a los chavales del barrio que pululan en los dos institutos públicos. Miedo a que su familia sea señalada como diferente. Miedo a que su hija entre en contacto con la crudeza de la vida obrera en la periferia de la ciudad y que deje de ser una niña bien. Este clima, saturado de fronteras simbólicas y reales, se filtra irremediablemente en la conciencia de la narradora de tal modo que ella misma comienza a vivir en función, no de cómo se siente, sino según cómo presiente que la observan. A estas alturas, la semilla del rechazo está bien regada.

 

Cabe destacar que el vínculo que une a madre e hija es harto complejo. En ocasiones se presenta bajo la fórmula del amor lo que no deja de ser inseguridad, pánico o ambiciones truncadas. La ausencia de diálogos en la novela nos priva de la posibilidad de conocer mejor a la madre, puesto que apenas habla o piensa. El discurso de la narradora se apropia de los matices del universo del resto de los personajes. Así, la presencia de la madre queda demasiado limitada por la cosmovisión de la hija. Lo que sabemos de la madre son los pensamientos de la narradora sobre lo que la madre piensa.

 

Y con el rechazo, llega el dolor. «Formamos una comunidad de experiencia. Y todas las personas a las que aquel dolor abatió pertenecen a esa comunidad», escribe la autora. Desde luego, el dolor quiebra el tiempo, crea un antes y un después, incluso a veces dignifica las desgracias. La desgracia de ser árabe en medio de blancos, de ser pobre en medio de ricos, de tener pelo rizado en medio de chicas con el cabello liso y rubio. Todas estas dicotomías una vez vividas plantean serios debates que la novela rehúye. Más bien, solo ahonda en cómo la protagonista encara el dolor que le provocan estos rechazos. Y lo hace magníficamente, con una heroicidad íntima y sutil, que consiste básicamente en situar los estudios en el centro de sus preocupaciones.

 

La narradora se entusiasma cuando al fin vislumbra su camino universitario y halla en la sociología una guía útil, la que le permitirá emplear con mayor soltura y legitimidad el nosotros antes que el yo. Un nosotros que se evidencia en las páginas de Tal como existimos desde el mismo título. El arte de la novela es, irrevocablemente, un sendero donde se aprehende el yo y se singularizan las experiencias, pero en este caso, un nosotros, ambiguo y mutante, se abre camino porque la narradora elige la sociología como disciplina y forma de entender el mundo. Se muestra un afán por construir un nosotros militante que se define negativamente, en contraposición a lo que la autora desgrana. Nosotros no somos los blancos, no somos los ricos, no somos los que viven en los chalés, no tenemos el pelo rubio… Trasluce, en mi opinión, un apego casi religioso a una comunidad de la oración, por no decir a una tribu, que se siente excluida del Estado moderno. Francia es la gran ausente en Tal como existimos.

 

Ese ayer que deshizo a la protagonista se manifiesta todos los días a lo largo de esta novela. Si bien, cuando ella se traslada a París y se imbuye con pasión del destino que la aguarda como socióloga, rehace su mañana. A partir de entonces, tal como revela Virgilio en La Eneida, es cuando «el dolor deja al fin paso a la voz».

Artículo completo en Revista Mercurio

 

Kaoutar Harchi

M’Sur

Inmigrante y viceversa

 

 

Otros llegan a Francia, se juntan en el barrio con los demás magrebíes y poco a poco intentan integrarse en la sociedad francesa. La protagonista de esta breve narración —contada en primera persona y quizás simplemente la propia autora— hace el camino más bien a la inversa: criada en Estrasburgo por padres magrebíes que ya son, ellos mismos, de segunda generación, está lejos de esta banlieue conflictiva: asiste a un colegio privado francés, católico por más señas.

 

Este libro, escrito a los 33 años, quizás como una forma de rendir cuentas tras tres novelas publicadas con cierto éxito, arroja múltiples preguntas sobre el proceso de integración de aquella parte de la inmigración que no se ve, porque no es conflictiva, no sale en el telediario, y que podría ser incluso antagónica a aquella. Pero ¿quiere serlo? ¿O está en el mismo barco? ¿Quiere estarlo? Preguntas que no tienen fácil respuesta, aunque Tal como existimos intenta reflejar con fidelidad y sinceridad la evolución de una adolescente, nieta de inmigrantes.

 

Publicado en Francia en 2021, la editorial Oriente y Mediterráneo ofrece ahora esta obra en español.

[Ilya U. Topper]

Artículo completo en Mundo Sur

 

 

Kaoutar Harchi lamenta la desigualdad para que las escritoras francesas lleguen a España

Información adicional
Colección

letras del oriente y del mediterráneo, 42

ISBN

978-84-127649-4-9

Año de edición

2024

Páginas

148

Tamaño

210 x 125 mm

Peso

185 g