EL HORROR EN LAS PEQUEÑAS COSAS, por Ana Rossetti

EL HORROR EN LAS PEQUEÑAS COSAS

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El poeta Mosab Abu Toha, autor de "Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído. Poemas desde Gaza"

No cabe duda de que la realidad que transcurre por entre las páginas de este poemario de Mosab Abu Toha, es terrible y desoladora, pero quizás lo que acentúa esa constancia es la delicadeza con que lo cuenta; su mesura. O mejor, su dignidad. No se ceba en la rabia, la venganza o la morbosa descripción de los crímenes que ocurren a cualquier hora cada día, pero levanta el acta. Él interpela, cuenta, expone serenamente sin pretender compasión ni complicidad; tan solo que escuchemos lo que tienen que decirnos los que están al otro lado. Que escuchemos de una vez por todas. Y eso es lo que conmueve. Esa manera de describir la vida diaria de niños jugando en las plazas, escolares yendo a clase, de agua hirviendo para el café, de las fresas madurando y los bebés naciendo, con los drones pendiendo de un hilo sobre los simulacros de normalidad. una rutina normal. Él desgrana las tareas de quienes no quieren dejar de ser seres humanos, que se levantan cada día para cumplir sus obligaciones; que  llevan los relojes a arreglar, o leen los periódicos y se obstinan en cumplimentar la rutina mientras la metralla perfora los cristales, los edificios se derrumban y van quedando, cada vez, menos cosas que sobrevivan a sus dueños. Y menos dueños que sobrevivan a las cosas. Mosab sabe lo que es la aniquilación, sabe de cuerpos despedazados y de explosiones rompiendo tímpanos y acelerando el bombeo de la sangre, de críos que no saben distinguir una nube de vapor de agua de una de polvo; en Palestina, el olor a pólvora no significa fiesta sino un puñado de nombres tachados de la lista. A medida que el poemario avanza va dando detalles, poco a poco amplía la información. No oculta la herida, pero va desprendiendo la gasa con cuidado. Cuando nos queremos dar cuenta, el horror está ahí; nos ha ido introduciendo en él suavemente, sin empujar. Él nos lo muestra, pero no insiste. No insiste más de lo preciso porque lo que también sabe es que su realidad está al otro lado del mundo. Del mundo que lo ha expulsado y no se quita las gafas de sol para no ver el color verdadero de la sangre. El mundo del “vive y deja morir” encogiéndose de hombros porque no tenemos por qué inmiscuirnos en la vida de nadie. El mundo que hace una transferencia a la Cruz Roja con la mano derecha para paliar en algo las fechorías que perpetran sus envíos de armas con la mano izquierda.  Cada uno en su casa y Dios o Alá o quien sea, en la de todos. Porque, mientras estamos aquí para escuchar el sobrecogedor don de la poesía, ¿qué nueva desgracia se estará cerniendo sobre los suyos? ¿cuántos hospitales quedarán de pie cuando terminemos esta reunión? ¿podrán nuestros aplausos imponerse al estruendo de las bombas? Al llegar a este punto soy consciente de que me voy a meter en aguas pantanosas. No quisiera traspasar ciertas líneas de seguridad que controlan la estabilidad de mi espíritu, pero es inevitable volver a cuestionarme una vez más, qué sentido tiene que la poesía nos emocione sentimentalmente y no sacuda nuestras conciencias para hacer que nos arremanguemos. Tanto poeta como hay en el mundo, tanto intelectual, tanto artista bienintencionado, ¿no podríamos servir como una cámara acorazada que mantuviera a raya las injusticias y la destrucción?

Cuando íbamos a dar los conciertos en los campamentos del Sáhara, en el campo de refugiados de Damasco o en la Plaza del pesebre de Belén, recibíamos esta clase de comentarios, con escepticismo, o con censura y, aunque yo no he encontrado respuesta convincente y ni tampoco me he desanimado del todo por ello, me ha dado suficiente combustible para agitar y hacer funcionar mis cavilaciones. 

Pero si Mosab en medio del espanto, mientras retumban las paredes y el suelo en cualquier momento puede convertirse en un volcán, es capaz de sentarse en un supuesto columpio para enhebrar palabras y construir imágenes de una novedad y una fuerza sorprendentes, me siento absuelta de culpa por hacer lo que soy incapaz de dejar de hacer: intentar utilizar las palabras como aldabones. 

Porque no sé cuántas cosas podemos hallar en el oído de Mosab, aparte del rumor de las caracolas y alguna de las historias de las que él dice que le contó su abuelo, pero él sí sabe hallar cosas impensadas. Él ha hecho unas asociaciones, envidiables, que son otros tantos hallazgos que enriquecen su poesía. Si las perlas son el resultado de la herida de una ostra, este poemario cumple el requisito.

El libro contiene fotografías. Pero el libro no es un álbum. Las fotografías son otros tantos poemas como fogonazos que hieren más por lo que significan que por lo que muestran. Un espejo roto, ¿qué puede tener de siniestro si no es porque el pedazo que falta ha hecho añicos la imagen del poeta?  No, no son fotos mudas. No son reflejos, son reflexiones. Como la foto de la soga. La soga que se estrecha y estrangula, la que va reduciendo inexorablemente el mapa de Palestina que antes ocupaba una hoja entera de mi cuaderno de Historia Sagrada en mis años escolares. ¿Qué mapa se dibujará ahora en los colegios palestinos? aunque... ¿quedará todavía algún colegio? ¿seguirán los pupitres alineados y las pizarras no se habrán desprendido de las alcayatas que las fijan a las paredes? ¿quedarán paredes?

He salido del libro como si emergiera a la superficie, después de una extraña travesía, sin haber recuperado aún el equilibro sobre la tierra firme. Y con una imagen fija delante de mí, la primera que abre el libro y siento una inexplicable desazón. Lo mismo es miedo. Miedo al ver que una manzana, espontáneamente, rueda hasta alcanzar el borde de la mesa, antes de que estalle la explosión.

 

Ana Rossetti


Mosab Abu Toha convierte en poemas el padecimiento palestino «para abrir mentes y oídos»

Mosab Abu Toha convierte en poemas el padecimiento palestino «para abrir mentes y oídos»

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Presentación de "Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído" con el autor Mosab Abu Toha, Ana Rossetti, Karim Hauser y Nono en Casa Árabe de Madrid el 26 de noviembre de 2024.

Rosa Díaz

Madrid, 27 nov (EFE).- El mundo «ha abandonado a los palestinos», según el escritor gazatí Mosab Abu Toha, pero él no ceja en su empeño de relatar su sufrimiento porque «la única manera de detener este genocidio es penetrar en los corazones de piedra de los gobernantes» y hacerles entender que quienes están muriendo «son seres humanos».

El autor de Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído, inspirado en el drama de los gazatíes entre 2001 y 2021, acaba de escribir otro libro, ‘Forest of noise’, que captura la vida y la muerte de sus compatriotas en el último año y con el que espera ayudar a «romper el silencio».

Según afirmó el escritor en una entrevista con EFE en Madrid, «Israel no solo mata a los palestinos, sino que además quiere que no se hable de ello» y el silencio que está imponiendo «es cada vez peor, porque los palestinos nunca han dejado de gritar».

Mosab Abu Toha, nacido en Gaza en 1992, sabe que en el mundo hay personas que «escuchan a los palestinos, que saben de su sufrimiento y que se manifiestan en las calles» pidiendo el fin de la guerra.

Pero los gobernantes «son cobardes y racistas» y «siguen vendiendo armas a Israel porque no dan valor a la vida de los palestinos».

El silencio de Occidente

El escritor lamenta que el silencio se haya impuesto en muchos países de Occidente donde, según dice, los medios de comunicación no dan voz a los palestinos.

«Me cuesta hablar con los medios de comunicación occidentales porque no quieren que hable de política -señala-, pero yo lo único que hago es hablar de mí, de mi familia, de mis estudiantes, de mi esposa, que el mes pasado perdió a su tío y a su esposa, y a tres de sus hijas, una de ellas asesinada junto con su marido y sus cinco hijos».

«Si a los palestinos no nos dejan habla de nosotros mismos, ¿qué podemos hacer», se pregunta.

Mosab Abu Toha logró salir de Gaza a finales del año pasado después de haber sido encarcelado por el ejercito israelí y liberado gracias al clamor internacional de sus colegas del PEN Club Internacional y el activismo digital de sus lectores.

Ahora vive en Estados Unidos, pero su alma está en Gaza y sigue el día a día de sus compatriotas a través de las redes sociales.

«El genocidio ocurre a la luz del día y cualquiera que quiera verlo puede verlo en redes, pero los gobernantes no quieren», denuncia.

Durante los meses que lleva en Estados Unidos, Mosab Abu Toha ha escrito un segundo libro que «se parece al anterior, porque habla de los mismos asesinos, del mismo país, del mismo paisajes, pero en el que hay todavía más cadáveres, más escombros y más gritos».

Cuando alguien escribe un poemario como ‘Things you may find hidden in my ear’, en el que hay tanta guerra y destrucción, desea no tener que volver a hacerlo», pero se ha visto obligado por la guerra de Gaza y acaba de publicar en inglés ‘Forest of noise’.

Los gazatíes están perdiendo la esperanza

Reconoce que es difícil que su pueblo mantengan la esperanza después de «catorce meses muriendo» y sabe que «hay muchas personas que ya la han perdido y solo desean morir» porque «¿de qué les sirve salvarse de un bombardeo si poco después llega otro?».

A él mismo le cuesta seguir esperanzado, aunque de vez en cuando recibe alguna buena noticia, como la orden de arresto de la Corte Penal Internacional contra Netanyahu, que en su opinión «llega tarde» pero «demuestra que Israel es un estado criminal» en el que gobiernan «personas peligrosas que ven a los palestinos como animales».

A pesar de que el drama palestino no parece tener fin, Mosab Abu Toha sigue escribiendo en verso las historias de sus compatriotas porque «la poesía no salva vidas ni cura heridas, pero puede abrir los ojos, la mente y los oídos de quien la escucha».

Los muertos en Palestina «no son números, son personas con historias individuales que no quiero que se pierdan». EFE


Mosab Abu Toha presenta en Casa Árabe de Madrid "Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído. Poemas desde Gaza"

 

 

 

 

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Presentación de "Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído. Poemas desde Gaza" en Casa Árabe el 26 de noviembre de 2024. Para acceder al acto es imprescindible inscribirse en este formulario