La obra de Nasser Rabah en los medios

Ana Tenías propone el 13 de diciembre de 2025 en eldiario.es Gaza: el poema hizo su parte, de Nasser Rabah, entre su elección de 20 libros de poesía

eldiario.es-propone-el-poemario-Gaza:-el-poema-hizo-su-parte-como-regalo-de-navidad-13dic25Poesía entre los escombros: Gaza: el poema hizo su parte de Nasser Rabah

Crecen rosas en los cascotes. Y desde una Gaza devastada por el genocidio nos llegan los diamantes poéticos de Nasser Rabah, destellos de la fuerza de vida de una sociedad palestina que vencerá a la muerte.

3 agosto, 2025 | Joan Arnau | De Verdad digital

GAZA-EL-POEMA-HIZO-SU-PARTE-NASSER-RABAHNasser Rabah es otro más de los hombres y mujeres palestinos que luchan por sobrevivir y proteger a su familia. Una existencia amenazada por un criminal genocidio que sacude la conciencia de todo el planeta.

Pero Nasser Rabah es también, y sobre todo, poeta. Debajo de las bombas, viviendo en casas destruidas, sin apenas comida, no puede dejar de escribir. Sus versos se elevan al cielo porque surgen desde el fondo del infierno. Miran el horror transformado ya en tragedia cotidiana, y lo retratan desde un dolor infinito, inabarcable. Pero sus poemas se alimentan de la fuerza de un pueblo indoblegable, al que el poeta da voz. Tal y como el mismo Nasser nos plantea: “mis poemas son tristes, hablan de la herida que nos causa esta guerra, pero también de la supervivencia, de la fuerza de la gente y de su humanidad, que resiste pese a que Israel la intenta pisotear”.

Rabah sabe que un poema no puede capturar la magnitud de lo que se sufre en Gaza. Pero tal y como nos recuerda “la poesía no está para hacer el trabajo de la prensa o la televisión, sino para retratar lo que la cámara no puede ver: los sentimientos, el silencio y el dolor”.

Ediciones del Oriente y del Mediterráneo acaba de publicar “Gaza: el poema hizo su parte”, un compendio de los versos más actuales de Nasser Rabah. Su lectura nos impacta y nos conmueve. Sus versos son de una belleza trágica, y surgen de una voz poética arrasadora.

Muchos poetas han sido asesinados en Gaza. Hiba Abu Nada o Refaat Alareer siguieron escribiendo hasta el mismo día en que las bombas del ejército israelí les arrebataron la vida.

Pero los poetas siguen escribiendo en Gaza. Y Nasser Rabah es quizá el más grande de ellos. En permanente diálogo con la gran tradición poética palestina, representada por Mahmud Darwish. Y que hoy siguen enarbolando muchos jóvenes poetas palestinos que reconocen a Nasser Rabah como una referencia.

Rabah sabe, vive, el papel imprescindible de la poesía, incluso en los momentos más extremos: “Los poemas del genocidio no son el resultado de una experiencia o una visión meramente personal: el dolor es más que nunca colectivo y precisa encontrar en la poesía un cauce de expresión. El poema es como la cometa de un niño que ondula en el aire, tiene vida propia y está a merced de lo imponderable”.

Buscar, encontrar la poesía, es una tarea primordial: “en tiempos de guerra, veo la poesía casi como un deber patriótico, una misión nacional para documentar el desastre histórico y expresar las preocupaciones de la gente sometida a bombardeos y desplazamientos. Mi misión sigue siendo encontrar poesía entre los escombros de Gaza”.

 

“Mi misión sigue siendo encontrar poesía entre los escombros de Gaza” (Nasser Rabah)

Patria fuera de servicio

    El gimnasio está fuera de servicio.

    ¿A quién le importa? No tengo tiempo para cuidar mi cuerpo

    frente a espejos hechos añicos:

    ¡Para qué! No hay cafés para lucirse un jueves, ni balcones

    para una tarde de domingo.

    La luz se va por todas partes.

    Las bibliotecas se buscan a sí mismas entre las cenizas.

    No importa… Ningún libro conmueve mi corazón tras el libro

    de los tanques.

    La vida y yo:

    un ciego de rodillas entrega un anillo de luz a una ciega.

    Lo que queda es la imaginación,

    un músculo incansable.

    La imaginación es el café de los extraños, los espejos

    del inconsciente, las bibliotecas de los cautivos.

    La imaginación es lo que nos queda para hacer una patria

    de la nada.

(Nasser Rabah, poeta de Gaza. 26 de junio de 2024)

El poema hizo su parte

El poema hizo su parte y se marchó. Ya no hay fiesta ni celebración de nacimiento. No hay flauta que guíe a quienes acuden a la oración del encuentro. No hay nubes con las que intercambiar elogios, ni árboles que me llamen con hermosos nombres o extiendan mi sombra. Rezo a una ventana: su raíz está en mi corazón, y tiende sus ramas sobre mi nostalgia.

Los poetas

En el pasado, los poetas tenían un sexto dedo en cada mano, para que la mano pudiera soportar el dolor de escribir. Tenían tres sentidos adicionales: leer lo invisible, comprender el lenguaje de las abejas y los árboles y curar a los amantes.

No tenían nada en lugar del corazón, para poder pasar por el dolor de la vida hasta el final sin una muerte prematura.

Cuando morimos

Cuántos murieron, ya no importa, cuántos hemos muerto, no hay memoria para contar. La guerra es un cielo feo, música de fondo para un holocausto repetido. Cuántos murieron, ya no importa, las manos quemadas no saben contar.

Artículo completo en De Verdad digital https://deverdaddigital.com/poesia-entre-los-escombros/

 

Versos que lloran a los escombros de Gaza

03.08.25 - Vitoria-Gasteiz, España - Ali Salem Iselmu Abderrahaman - Pressenza

POESÍA

Al poeta palestino Nasser Rabah lo conocí a través del poeta argentino David Wapner, de allí nació la idea de traducir su libro “Caminantes con vestidos ligeros”. Cuando me llegaron los poemas, al principio no los podía descifrar en mi ordenador, eran símbolos

Caminantes-con-vestidos-ligeros-Nasser-Rabah
Caminantes con vestidos ligeros de Naser Rabah.

ilegibles. Después me llegó un documento PDF el cual me permitió conocer la obra de Nasser.

Yo había leído poemas de Mahmud Darwish, de Semih El-kasim y algún relato del escritor Ghassan kanafani, esa era mi experiencia en la literatura del exilio y refugio de Palestina.

Gracias a David Wapner autor del prologo de “Caminantes con vestidos ligeros” los poemas de Nasser atravesaron el atlántico, llegaron a las manos del editor mexicano Antonio Revilla y el poemario se publicó a finales de junio de este año después de un arduo trabajo.

A medida que me adentraba en los poemas sentía que eran míos. El exilio, la nostalgia y la tristeza estaban en cada verso, en cada palabra. Gaza estaba delante de mis ojos, la recorría en el corazón y en la memoria de un poeta.

Con cada verso lloraba en silencio al ver la destrucción ante mis ojos. Hojeaba una página después otra, me encontraba a medida que avanzaba en la traducción con poemas como “Tu vieja melodía” que me dejaban mudo, cuando describían el dolor de una ciudad:

«Es tu tiempo en la ciudad muerta

debajo de cada alegría que ha perecido

es el tiempo que has de cargar con mis hombros

con el saco de harina

llevar los días de un destierro a otro

completar tu vieja melodía».

 

La obra de Nasser me recordaba poemas míos como “Limpiaré mis lágrimas” o “Somos apátridas del cielo”. De pequeño vi las bombas caer sobre los campamentos saharauis en plena huida a la hammada de Tinduf en Argelia, yo tenía nueva años, me escondía detrás de mis padres para no ver el fuego de la metralla atravesar el cielo.

Cuando veía las imágenes de los bombardeos en televisión, la muerte de cada gazatí en busca de comida. Volvía a mi mente el horror de la infancia, la muerte de niños por hambre y desnutrición. Una deshumanización contraria a cualquier ética o moral. Nasser describe ese dolor en un canto que nace entre la mole de escombros:

 

Gaza, Gaza.

Eran testigos el muro, la hierba y el árbol

cuando vieron el cráter que dejó la explosión,

escucharon su boca abierta gritar:

“devuélvanme mi cuerpo”.

 

Hoy la Universidad Autónoma de Nuevo León de México, Monterrey, ha editado el libro “Caminantes con vestidos ligeros”. Los versos de Nasser vuelan por encima de los muros, del bloqueo y el asedio, llaman a cada uno de nosotros, nos interpelan y nos interrogan cada vez que observamos el ocaso o el amanecer.

Nos hablan en la soledad de cada página, entre cada silencio. Nos llevan de vuelta a Gaza para recordarnos aquella franja de tierra convertida hoy en un nuevo monumento, quizás otro Auschwitz, cuando el poeta vuelve a clamar:

 

Era tierra.

Yo era tierra como otra,

sencilla, ajena al tiempo

a la distancia, a los viajeros.

Una piedra rodeada todo el tiempo por una pared ciega

en la que cada día se cuenta por las tristes heridas

de los cautivos del silencio y el frío,

de los muertos que partirán

los que vendrán a mí.

 

Creo firmemente en la poesía, en el poder de la palabra. Observo la humedad de la mañana, los rayos de sol, la lluvia de diminutas gotas. Me acuerdo cuando fui expulsado de mi ciudad, de la península de Dajla, bajo el fuego de las balas. He allí donde nacen mis lágrimas en los versos de Nasser, en los niños de Gaza. Entonces me acuerdo del Sahara y los saharauis en cada grano arena, en cada palabra, en estos versos:

 

Somos apátridas

que lloramos a la lluvia

a la nube que se precipita

a la montaña que guarda nuestra voz,

somos aquellos errantes

un pueblo que siembra una raíz,

al que expulsaron de los pastos

del océano de arenas blancas.

 

Gaza necesita volver a vivir, a surgir del hambre, de la muerte y curar sus heridas. En los versos de Nasser Rabah hay una esperanza perdida, un deseo de libertad, una lágrima en los ojos de cada niño que yace debajo de los escombros.

Artículo completo en pressenza y No te olvides del Sahara Occidental

 

 

 

NASSER RABAH | (Gaza, 1963)

El poeta Nasser Rabah nació en Gaza en el campo de refugiados de Magazi, en los que la UNRWA situó a familias expulsadas por Israel de pueblos del centro y sur de Palestina.  Vive en Gaza, negándose a abandonar la Franja, padeciendo con tenaz resistencia y justa rebeldía las últimas cinco guerras de Israel contra la Franja (2008 – 2021), además del genocidio en curso.

 

SALIENDO HACIA MI ASOMBRO

I

Saliendo hacia mi asombro, la prisión me dijo:

“Llévate mi olor contigo”.

Le contesté yo:

“Me desnudaré en la puerta”.

Y la prisión respondió:

“Mi aroma es óxido que trepa a los recuerdos;

saldrás de mí, pero yo quedaré en ti prisionera.

Permaneceremos juntos

hasta que tu memoria se desgrane:

reirás sin felicidad, llorarás sin dolor,

te quedarás mirando tu eterno vacío”.

La prisión dijo:

“Soy tu silencio,

preocupado por la distancia y el alcance,

soy el espíritu que derramaste en mí,

tus rasgos que poco a poco toman forman

de pequeña habitación vacía”.

II

La prisión no quebró su espíritu,

sólo destapó su esencia.

El espíritu se evaporó en el patio cercado,

y su hez se pudrió en la oscuridad de la espera.

III

En los muros de la prisión dejamos nuestras uñas,

crecen en la oscuridad como una zarza maldita.

El rencor se apodera sobre ella …

cada vez que olvidamos.

IV

Huyendo de la azulada prisión,

el azul saltó de su cuadro hacia el mar.

V

Las flores no crecen en la prisión …

el aire es salado

y la tierra ensangrentada.

VI

El prisionero volvió a su casa …

pero no la encontró,

volvió a su vida …

pero no la encontró,

no encontró más que su desconcierto

como una escalera

y trepó por ella hasta mi corazón.

 

Encontramos este poema en el libro “Gaza: el poema hizo su parte” de Nasser Rabah (Traducción del árabe de Alberto Benjamín López Oliva – Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, 2025)

La Campana, 9 de septiembre de 2025

 

Nasser Rabah lee su poema “Nadie quiere ver”

Este video fue armado y publicado a principios de noviembre por David Wapner (quien también tradujo el poema al castellano) con registros grabados por el propio Nasser Rabah, poeta de Gaza, con su teléfono: una travesía por la destruida y masacrada Khan Yunis, un ataque a un comercio del campo de refugiados Maghazi, la elaboración de aceite de oliva con aceitunas cosechadas del único árbol sobreviviente de su olivar, una foto de sus dátiles que prepara para Ramadán. En la parte final del video Nasser Rabah lee su poema “Nadie quiere ver” en su lengua original.

***

 

https://comunizar.com.ar/wp-content/uploads/ocho.webm

NADIE QUIERE VER

Hace un año que no escucho una canción en la calle,
casi nadie baila en una boda,
el autobús escolar ni entra ni sale
y nadie compra una rosa para nadie.
Desde hace un año repartimos el asqueroso pastel de la guerra,
sin olvidarnos de un niño, de un jardín, de un libro, de un deseo.
Durante el día entrenamos nuestros ojos para que naden en sangre,
para que no se mojen,
y cometan un error al contar nuestros miembros perdidos,
lo practicamos por la noche para iluminar el dolor,
y encender un fuego en la leña que espera.
Hace un año que no pasó nada.
y nada dejó de pasar.
Ven y abre tus ojos hasta el fin, oh muerte:
somos la eterna víctima imposible,
llora en silencio, sí, y grita hasta rasgar el vestido del cielo.
Somos la herida que abrió el Minarete,
cuya sangre dejó en el camino al Gólgota,
quien, a diferencia de todas las víctimas, no ve al asesino de sus hijos.
No lo ves en las lágrimas,
no lo ves en el poema,
no lo ves:
no lo ves:
Nadie puede ver la plaga.

***

Publicación completa en COMUNIZAR, REVISTA CRÍTICA ANTICAPITALISTA

Nasser Rabah - La Realitat


Nasser-Rabah
Nasser Rabah, autor de "Gaza: el poema hizo su parte".

Nasser Rabah va néixer a Gaza en 1963 on continua vivint.

És un poeta i novel·lista, resident d’un camp de refugiats. Es tracta d’un dels escriptors contemporanis en llengua àrab més innovadors. Va obtenir la seva llicenciatura en Ciències Agrícoles en 1985, abans de treballar com a director del Departament de Comunicació del Ministeri d’Agricultura. És membre de la Unió d’Escriptors i Autors Palestins i ha publicat cinc col·leccions de poesia: Running After Dead Gazelles (2003); Uno de nadie (2010);Transeúntes con ropa invisible (2013); Agua, sed de Agua (2016); Elogio del Robin (2020) i una novel·la, Desde aproximadamente una hora (2018).

UN BALCÓN SUSPENDIDO EN EL CIELO

No soy un soldado, pero me he visto en la guerra con uniforme

militar cuando compro el pan, duermo o resucito

tras la última noticia. Dispongo la pólvora a ambos lados

del camino al cementerio, y siembro todos los fragmentos

de metralla que puedo por los campos del recuerdo, cada

vez que el olvido cosecha perdón y amigos. Cada vez que

me cortan un brazo, alzo la inquebrantable bandera del

hastío. Reúno a los hijos con sus padres y a los pobres

con los pobres. Paso una a una las cuentas del rosario de

lágrimas de las madres de esta historia.

Ilumino la penumbra del corazón con la vela del miedo, y

cuando estalla el bombardeo, unto las paredes con su cera

verso a verso. Recompongo lo que se ha caído del muro

del tiempo, recojo lo que ha florecido de las balas de mis

enemigos, enseño a los niños, por si crecieran, cuándo

orar por la tierra.

No soy un soldado, pero me he visto en la guerra como el

balcón del edificio al que han alcanzado, suspendido en

el cielo, observando a los vecinos correr hacia playas asfaltadas,

antes de la nueva oleada de bombardeos. He visto

casas sobrevivir a los impactos gracias al error de un joven

piloto. La destreza del fotógrafo que llevó al hospital la

foto. La casualidad de encontrar a un médico especialista

en heridas de casas. La ambulancia que espera en el umbral del dolor como

una mujer embarazada, exhausta y

mareada por el sol de agosto.

No soy un soldado, pero me he visto en la guerra como

ángeles que aplauden a soldados, como una madre que

lava sudarios, como una casa que sostiene la ropa de sus

inquilinos, que siempre regresan para que se quede tranquila.

Me he visto confiando a mi bolsillo la carta de una

bomba que luego arrugaré como el recibo de la luz, guardándoles

la pelota a los niños por si tras la guerra vuelven

sin piernas. Espero el llanto que no llega, pues como yo,

en la guerra ha perdido su reloj y su sombra, quedándose

sin amigos.

¿Quién elevará a los niños hacia Dios antes de que los

crucifiquen? ¿Quién dejará que los vivos ronden sin parar

en torno al noticiero desde el abismo del mito? ¿Quién

le dará a la ciudad su derecho a pan antes de dormir, su

derecho a un puerto para que camine lentamente, como

cualquier otra, sobre el agua de la vida?

¿Quién sacará al civil del uniforme del soldado, al soldado

del uniforme del político, al político del uniforme del

religioso, y al religioso del uniforme de los necios? ¿Quién

sacará a la ciudad de la hipocresía de los trajes?

No soy soldado, pero me he visto en la guerra preparando

la escena final de mi muerte para que los vivos festejen

mi partida.

Artículo completo en Realitat.


Nasser Rabah, poeta de Gaza: “Nuestras emociones están como muertas. Vamos a los funerales mecánicamente, como si fuéramos al mercado”

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Nasser Rabah, autor de "Gaza: el poema hizo su parte", entrevistado por Beatriz Lecumberri en El País / Planeta Futuro.

Nasser Rabah, poeta de Gaza: “Nuestras emociones están como muertas. Vamos a los funerales mecánicamente, como si fuéramos al mercado”

El escritor, que acaba de publicar en España un libro escrito en parte durante esta guerra, considera que sus versos son un “deber patriótico” para documentar la tragedia humanitaria

Beatriz Lecumberri

Madrid - 13 JUN 2025 – EL PAÍS / PLANETA FUTURO

La voz y las palabras de Nasser Rabah llegan desde su casa parcialmente destruida por los bombardeos israelíes en el campo de refugiados de Al Maghazi, en el centro de la franja de Gaza, donde nació en 1963 y donde permanece hasta hoy, rodeado de ruinas y del sonido, demasiado cercano, de los disparos y bombardeos. La entrevista con este periódico se extiende durante semanas, porque las preguntas se quedan sin respuesta a veces durante días, hasta que, de repente, el poeta reaparece y la conversación se retoma.

“Mis nuevas preocupaciones cotidianas representan una carga inesperada: proteger a mis hijos en la medida de lo posible de la metralla y las balas perdidas, buscar comida, mantener un mínimo de higiene, conseguir leña...”, enumera, casi disculpándose.

Nasser Rabah es uno de los principales poetas palestinos actuales y ha publicado varios libros de poemas en árabe, español, inglés y francés, entre otros. Su voz ha cobrado fuerza desde que estalló esta guerra, en octubre de 2023, y en España acaba de editarse Gaza: el poema hizo su parte (Ediciones del oriente y del mediterráneo), escrito en buena parte en los últimos meses.

“Rabah posee una voz singular, espiritual, profunda y universal, que se alza por encima de las vicisitudes de su pueblo”, explica a este diario Inmaculada Jiménez Morell, directora de publicaciones en Ediciones de Oriente y del Mediterráneo.

En sus versos hay casas en ruinas, pájaros que huyen, muertos, mutilados, polvo, vacío, tristeza y miedo. También un atisbo de esperanza. Su obra se ha liberado de artificios para convertirse en una tabla diaria de salvación. La belleza de su poesía, de la que Rabah reconoce no ser del todo consciente, radica en esa simpleza arrasadora e innovadora, capaz de describir, en un fogonazo, la supervivencia y el sufrimiento de los gazatíes.

“En tiempos de guerra, veo la poesía casi como un deber patriótico, una misión nacional para documentar el desastre”, asegura.

Pregunta. ¿Cómo se escribe poesía en medio de la guerra, de la huida y del hambre?

Respuesta. Mi ritmo de escritura se ha acelerado, ya que la adrenalina fluye todo el tiempo y las escenas de tristeza, dolor y horror se derraman ante mis ojos y ante mi corazón. Mis dedos tienen prisa por expresarse y gritar, a pesar de mis nuevas preocupaciones cotidianas, que representan una carga inesperada, como proteger a mis hijos en la medida de lo posible de la metralla y las balas perdidas, buscar comida, mantener un mínimo de higiene o conseguir leña...

Es sin duda otro tipo de poesía

Sí. En la guerra, no nos preocupamos tanto por la calidad, la estructura del poema, la musicalidad del lenguaje o las metáforas. Escribimos lo que sucede, lo que vemos, de forma simple. Los textos se vuelven más realistas. Pero, sorprendentemente, vistos desde fuera, estos versos pueden parecer estéticamente buenos y alcanzan incluso un nivel de fantasía cinematográfica, porque la realidad en Gaza realmente parece una ficción. Escribimos, por ejemplo, frases como esta: “Entrenamos nuestros ojos para contar mal los miembros que nos faltan”. Una afirmación periodística y hasta poética.

¿Qué ha querido expresar con esa frase?

Me refiero a las personas, especialmente los niños, a las que se les han amputado miembros, a veces incluso sin anestesia. Cada día vemos a gente a la que le falta un brazo o una pierna y ya nos parece algo normal. Yo a veces pienso que intentamos superar la tristeza y el dolor viéndolos enteros, con sus dos brazos y sus dos piernas, por eso es como si entrenáramos nuestros ojos para no contar los miembros que les faltan.

Hace unos meses usted también escribió este verso: “En la guerra el corazón se asfixia, arden sus palabras, los pájaros se funden en él como un rojo rocío, revolotea sobre un gran mástil al que llaman patria”.

Sí, en tiempos de guerra, veo la poesía casi como un deber patriótico, una misión nacional para documentar el desastre histórico y expresar las preocupaciones de la gente sometida a bombardeos y desplazamientos. Mi misión sigue siendo encontrar poesía entre los escombros de Gaza.

GAZA-EL-POEMA-HIZO-SU-PARTE-NASSER-RABAH¿Cuándo y cómo escribe?

Después de que termino los quehaceres indispensables para que mi familia y yo podamos sobrevivir, me siento exhausto y deprimido. Además, casi todos los días hay noticias de amigos o vecinos que resultan heridos o mueren. Pero escribo en la pantalla de mi teléfono móvil tantos poemas y textos como puedo. Escribo con el alma cansada, pero escribo porque siento que me libera de alguna manera de la opresión y es mi forma de aguantar hasta que termine la guerra.

Usted y su familia siguen viviendo en su casa.

Nos fuimos 40 días, en enero de 2024, y nos refugiamos en otra vivienda y luego en una tienda de campaña, pero regresamos. Parte de nuestra casa estaba destrozada, pero limpiamos los escombros, reparamos alguna pared y aquí seguimos, sobreviviendo. Pero son días duros, los bombardeos no cesan, y nosotros estamos muy cerca de la frontera con Israel, como a un kilómetro, y el peligro está omnipresente. A eso se añade la falta de comida y de dinero.

Su biblioteca personal fue destruida por los tanques israelíes.

Sí, mi casa y otras casas vecinas fueron blanco de los tanques del ejército israelí durante la invasión del campo de Al Maghazi. Y yo tengo el sentimiento no confirmado de que la biblioteca fue bombardeada deliberadamente... Las otras dos habitaciones de la casa que fueron destruidas tenían una orientación directa hacia los tanques, pero bombardear la biblioteca requería un ángulo de visión muy estrecho para que el proyectil la alcanzara.

En esta guerra han muerto escritores, profesores, artistas y han sido bombardeados centros culturales, educativos o históricos. ¿Qué lectura hace usted de estas pérdidas humanas y materiales?

Creo que el objetivo de Israel es eliminar cualquier posibilidad de que exista una entidad política palestina, es decir un Estado palestino, en el futuro, por lo que destruye viviendas, hospitales, escuelas, mezquitas, instituciones culturales y lugares arqueológicos, además de aniquilar al mayor número posible de civiles. Además, mata de hambre a la población para que la opción de marcharse de Gaza en cuanto sea posible cobre fuerza en la mente de la gente.

¿Cuál es el último poema que ha escrito?

Se titula Cómo morimos, lo terminé hace dos días. Dice algo así: “Cuántos murieron, ya no importa, cuántos hemos muerto, no hay memoria para contar. La guerra es un cielo feo, música de fondo para un holocausto repetido. Cuántos murieron, ya no importa, las manos quemadas no saben contar”.

Son poemas de una inmensa tristeza

Son un reflejo de nuestra vida. A veces pienso que somos tan infelices en Gaza que nuestras emociones están como muertas. Vamos a los funerales mecánicamente, como si fuéramos al mercado, nuestros niños saben distinguir los sonidos de los disparos, de los misiles y la muerte es una sombra que nos acompaña siempre. Mis poemas son tristes, hablan de la herida que nos causa esta guerra, pero también de la supervivencia, de la fuerza de la gente y de su humanidad, que resiste pese a que Israel la intenta pisotear.

Artículo completo en: https://elpais.com/planeta-futuro/2025-06-13/nasser-rabah-poeta-de-gaza-nuestras-emociones-estan-como-muertas-vamos-a-los-funerales-mecanicamente-como-si-fueramos-al-mercado.html


Gaza: el poema hizo su parte, de Nasser Rabah

GAZA-EL-POEMA-HIZO-SU-PARTE-NASSER-RABAH

El poema hizo su parte y se marchó. Ya no hay fiesta ni celebración de nacimiento. No hay flauta que guíe a quienes acuden a la oración del encuentro. No hay nubes con las que intercambiar elogios, ni árboles que me llamen con hermosos nombres o extiendan mi sombra. Rezo a una ventana: su raíz está en mi corazón, y tiende sus ramas sobre mi nostalgia.
El poema hizo su parte y se marchó. En cuanto al verbo, quedó para los desdichados que labran un jardín, con sus rosas, sus cipreses y vino que inspira a las espigas de las canciones. Pero lo dejaron todo y siguieron el rastro del poema hasta el alba. En cuanto al significado, aquel espejismo que me seguía, y yo a él, era blanco flotando sobre aguas estancadas. Le dije: «Sé», pero no fue. Le dije: «No seas», y fue blanco flotando sobre aguas estancadas. En su orilla yo miraba mi reflejo y lo negaba, miraba mi reflejo y lo negaba, mientras que a mis espaldas cantaban mil gallos...

Nasser Rabah nació en 1963 en uno de los campamentos gazatíes de refugiados, el de Magazi, levantado por la UNRWA en 1949 para acoger a familias expulsadas por Israel de los pueblos del centro y sur de Palestina. Pasó parte de su infancia en El Cairo y allí estudió ingeniería agrícola. En Magazi vive y tiene su casa, que se ha resistido a abandonar durante la reciente guerra de exterminio pese a haber sido parcialmente destruida. Rabah no ha podido salir de Gaza en los últimos doce años. Su biblioteca personal ha sido asolada, una pérdida incalculable para un escritor atrapado en un lugar que Israel lleva décadas buscando convertir en un erial intelectual: en Gaza, Israel ha «testado» con especial saña todos los medios de aniquilación de la cultura y el conocimiento palestinos: ha abatido a los individuos —escritores, artistas, profesores— y ha arrasado las instituciones —bibliotecas, teatros, centros culturales, universidades, archivos—. La magnitud de la devastación es tal que en uno de sus últimos poemas, fechado el 26 de junio de 2024, Rabah llega a decir:

Las bibliotecas se buscan a sí mismas entre las cenizas.

No importa… Ningún libro conmueve mi corazón

tras el libro de los tanques.

Nasser Rabah se aferra a su móvil, que se ha convertido en vínculo con el mundo y consigo mismo, un móvil biblioteca, ordenador, teléfono y cámara con que documentar el genocidio: «Escribir notas en el teléfono … es un medicamento para tratar los síntomas de la guerra. Es lo que me sostiene para que no me hunda». En esto, en las formas de resistencia/resiliencia, en el intraducible sumud palestino, también ha introducido cambios el 7 de octubre de 2023. No solo en Gaza, en Palestina en su conjunto. Y cómo no, en el quehacer poético, que nunca ha dejado de ser una forma de sumud.

(de la Introducción de Luz Gómez a Gaza: el poema hizo su parte, de Nasser Rabah, traducido del árabe por Alberto Benjamín López Oliva, la ilustración de la cubierta es de Ana Camusso)

La actriz Natalia Erice recita los poemas "Sin correo desde hace años" y "Patria fuera de servicio".