Presentación de "Gaza: poemas contra el genocidio"
El pasado 5 de noviembre se presentó en Casa Árabe el cuarto volumen de nuestra colección POESÍA NECESARIA, Gaza: poemas contra el genocidio, una antología preparada por el profesor Ignacio Gutiérrez de Terán que reúne las voces de treinta poetas palestinos. En el acto participaron los poetas Mona Musaddar, Doha Al Kahlut, Fatena al Ghorra y Mohamed Wadah Abujami, el traductor y antólogo de la obra, Ignacio Gutiérrez de Terán, el coordinador de cultura de Casa Árabe, Karim Hauser, y contó, además, con la colaboración de Irene Maquieira, Covadonga Murias, José F. Ramos y Diego Vara, que recitaron en español los poemas leídos en árabe por sus autores.



Los poetas palestinos que dan voz a quien sufre el genocidio en Gaza: “Es un grito que sale de debajo de los escombros”
eldiario.es | Francisco Gámiz | 8 de noviembre de 2025 | fotografías de Marta Jara
Muchas han sido las veces que se ha reflexionado sobre para qué sirve la poesía, un dilema que toma más importancia cuando uno mira a su alrededor: ante el genocidio que Israel comete en Gaza, ¿qué pueden hacer los versos? ¿Cuán relevantes son las palabras ante las balas y la destrucción? Son preguntas a las que intentan dar respuesta los poetas palestinos que, incluso en medio de la devastación, reivindican la necesidad de contar, de dejar registro y de nombrar el dolor a través del arte. Así lo constata la escritora Mona Almsaddar (Gaza, 1995) a elDiario.es: “Sabemos que un poema no va a hacer que no haya este genocidio ni que sigamos sufriendo esta injusticia, pero es una forma de expresar lo que sentimos”.

Con el fin de hacer llegar la voz gazatí al resto del planeta, Almsaddar ha sido una de las encargadas fundamentales de dar vida al libro Gaza. Poemas contra el genocidio (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo), una antología que reúne a una treintena de poetas que reflejan la lucha, el sufrimiento y la esperanza de quienes sufren el genocidio. Se trata de una obra que en España traduce Ignacio Gutiérrez de Terán, experto en Estudios Árabes e Islámicos, y que se ha presentado a través de recitales en la madrileña Casa Árabe. “Nuestra poesía es un grito que sale de debajo de los escombros a lo que ha sido convertido Gaza”, explica Mona Almsaddar, que ha servido de intermediaria con los participantes del poemario.
Entre los autores, además de Almsaddar, también se encuentra Fatena Al Ghorra (1974), referente en el feminismo palestino. Regresó a Gaza a visitar a su familia el 4 de octubre de 2023, tras quince años de estancia en Bruselas como refugiada, y obtuvo la nacionalidad en el país en 2016. Tras ser desplazada desde la ciudad de Gaza a diversas localidades dentro de la Franja con sus padres, logró salir con ellos rumbo a Bruselas, evacuados por la diplomacia belga. Como periodista de profesión, la artista alerta que “ha habido una intención clara desde el principio de evitar la entrada de periodistas extranjeros, sobre todo occidentales”.
La poeta Mona Almsaddar

“La poesía sirve para hablar de estos asuntos y, sobre todo, para desenmascarar el objetivo de toda esta política”, señala Fatena Al Ghorra, que indica que en la Franja “no solo te impiden informar, sino que dan una imagen falsa de lo que es la realidad que ellos mismos han contribuido a crear”. “Hacen que, cuando los periodistas entren o se asomen, aunque sea desde el exterior, vean una realidad que no es la de Gaza”, indica a este periódico. Ella lo ejemplifica con la “imagen de que la gente ahora mismo come en Gaza”: “Están dando cosas como alimentos ricos en grasas para que la gente de fuera crea que se está comiendo algo, pero lo que la gente necesita son proteínas, vitaminas, verduras, frutas”.
Uno de los poemas de Fatena Al Ghorra, El narrador, él lo contó, reza lo siguiente: “Escribe con trazos rojos en las piedras menos rugosas para que, quien venga tras de ti, aprenda a leer”. La autora, activista feminista, insiste en el poder generacional de los versos: “Esto es una cadena continua. Yo hablo para quien viene después, porque yo a su vez vine después de alguien que me dejó escrito algo sirviéndome de gran utilidad”. Además, la poeta afirma que, en el genocidio en Gaza, “no hay duda de que es la mujer quien sostiene la resistencia”. “En muchas sociedades se distribuye el papel de que quienes luchan son los hombres y las mujeres están en la retaguardia, pero Gaza ha resistido gracias a las mujeres”, dice.
La poeta Fatena Al Ghorra

“Las mujeres han sido las que han adoptado el papel de sostener los núcleos familiares, de soportar toda la carga, de buscar alimentación, de mantener a la familia y a todos sus congéneres con vida y también de apoyar de todas las formas posibles esa lucha de la resiliencia día a día, de apoyar a la gente que está luchando”, explica Fatena Al Ghorra. La artista alude a todos los prejuicios que hay en torno a las mujeres palestinas, cuando el machismo es una lacra que afecta a todos los países sin excepción. “No todas las culturas son iguales. ¿Por qué hay esa tendencia a ver lo que tiene que hacer el resto en función del prototipo que ha creado Occidente, en concreto una sociedad capitalista?”, cuestiona la poeta.
Por su parte, el también escritor Waddah M. Abujami, originario del campamento de Jan Yunis, reclama la necesidad de la obra después de que la voz palestina haya sido silenciada durante décadas. “Es una manera de romper ese silencio y esa omisión que se ha hecho sistemáticamente de la identidad cultural palestina y de desmitificar la versión sionista tradicional de que los palestinos no tienen una cultura ni tienen un ánimo poético ni un gran espíritu literario”, apunta el autor, defendiendo así “una cultura muy dada a crear cultura a través de las palabras”. “Se ha convertido en un refugio el que aislarse frente a los bombardeos, los desplazamientos y el genocidio”, cuenta a este periódico.
El poeta Waddah M. Abujami

Cuando alguien escucha a los artistas recitar sus poemas, o incluso con la mera lectura de los mismos, se percibe también el deseo de que un futuro mejor es posible, de que no todo está perdido. “La resistencia o la capacidad de hacer frente a todo lo que está pasando no es una cuestión de elección. No tenemos otro remedio”, explica Waddah M. Abujami. “No solo al ciudadano gazatí, pues al propio poeta de Gaza no le queda otra que resistir porque es la única forma de mantenerse con vida. Estamos ante una guerra de exterminio”, destaca. Asimismo, como persona que hace arte, el escritor declara que “cualquier persona, ya sea un artista o no, debería pensar que es lícito posicionarse del lado de esta gente que está sufriendo”.
Recientemente, figuras de gran importancia en la cultura nacional como Rosalía han sido acusadas de no utilizar su plataforma para condenar el genocidio que comete Israel. Waddah M. Abujami indica que, “si uno analiza lo que es la cuestión palestina, se dará cuenta de que hay un pueblo que está sufriendo una persecución y a quien se le está arrebatando su vida, su tierra y su cultura”: “Lo que yo le digo a esta gente, que siendo artistas o creadores se supone que deberían tener un sentimiento humano especial, y que no adopta ninguna postura o que se ponen de perfil, es que lo hacen desde un punto de vista de la cobardía. Están en la zona gris de la realidad”.
La poeta Doha Alkahlout

“Cuando te posicionas a favor de un asunto justo pero que, a la vez, es polémico porque va en contra de la corriente de pensamiento general y, sobre todo, del gran poder, muchas veces no lo haces por falta de convicciones, sino por miedo”, agrega el poeta, “porque piensas que puedes perder tu trabajo, tu público, tu influencia, que no te van a volver a llamar para una exposición, un concierto o un recital, que te van a dejar de publicar...”. “Eso significa que valoras mucho más unos aspectos muy concretos y, al mismo tiempo reducidos, que este gran objetivo que es el de estar con la gente que sufre. Todos somos parte de la misma humanidad”, reivindica Waddah M. Abujami.
Por otro lado, la artista palestina Doha Alkahlout, quien también está presente en el poemario, es profesora de lengua árabe y tiene 28 años. Su familia es originaria de la aldea de Naalia, destruida en las razias de las milicias sionistas en 1948. En su poema La voz de la guerra escribe: “Qué bien se desmorona la memoria, qué bien se llora en las capitales del mundo”. “Comprendo que es muy difícil para alguien que está fuera [de Gaza] comprender todo el dolor, el desgarro y la destrucción que estamos sufriendo”, dice la autora al respecto. “Es imaginable porque ni nosotros mismos en algunos momentos podemos asumir todo esto que estamos padeciendo”, añade.
No obstante, Alkahlout celebra que exista gente que trate de solidarizarse con la situación: “Hay gente que llora de verdad y que siente el padecimiento”. Para ella, la literatura logra mantener vivos los nombres de quienes ya no están o de quienes sufren. “Hay que nombrar a las personas, decir su nombre y su apellido completo. Somos mucho más que los números y la estadística”, sentencia. En alusión a este mismo punto, Waddah M. Abujami celebra el legado del arte: “Cierto es que la poesía no ha parado el genocidio, ni siquiera lo que está ocurriendo hoy en día, porque el genocidio no se ha detenido, pero te hace sentir, como gazatí, que hay alguien a quien le importas y que lee las circunstancias terribles por las que estás pasando”.

Sin la fuerza de las mujeres gazatíes nuestro pueblo no habría sobrevivido
"Maneras de ser Palestina. Antología de nuevas poetas" con Hind Joudah, Luz Gómez y Natalia Erice en el Círculo de Bellas Artes

El próximo viernes, 3 de octubre, en el Círculo de Bellas Artes de madrid:
Presentación de "Maneras de ser Palestina. Antología de nuevas poetas", a cargo de Luz Gómez, autora de la selección, edición y traducción de los poemas de quince autoras palestinas nacidas después de 1977.
Luz Gómez es catedrática de Estudios Árabes e Islámicos en la Universidad Autónoma de Madrid, Premio Nacional de Traducción y traductora de poesía árabe.
La autora estará acompañada por Hind Joudah, nacida en 1983 en el campamento de al-Buraij, en Gaza. Es autora de las siguientes colecciones de poesía: "Siempre hay alguien que se marcha" (2013), "No queda azúcar en la ciudad" (2016) y "Un dedo que logró salvarse" (2024).
Natalia Erice es actriz de teatro, cine y televisión, y como periodista cultural ha sido responsable durante siete años de On Madrid y colaborado con el Centro de Documentación Teatral y otras publicaciones .
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Mosab Abu Toha, autor de "Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído" recibe el premio Pulitzer
Es un honor para mí recibir hoy el Premio Pulitzer. Muchísimas gracias al jurado y a los miembros de la junta directiva por honrarme.
Dedico este éxito a mi familia, amigos, profesores y estudiantes de Gaza.
Bendiciones a los 31 miembros de mi familia que murieron en un ataque aéreo en 2023.
Bendiciones a las almas de mis cuatro primos hermanos, dos de los cuales murieron junto con sus cónyuges e hijos. Bendiciones al alma de mi tía abuela, Fátima, cuyo «cadáver» permanece bajo los escombros de su casa desde octubre de 2024. Bendiciones a las tumbas de mis abuelos, a quienes nunca encontraré.
Bendiciones a las almas de mis alumnos que murieron buscando comida o leña. A la escuela donde estudié y enseñé, a la biblioteca que fundé y a la que añadí un libro de poesía antes de 2023.
Bendiciones a muchos más. ¡Estoy orando por un alto el fuego inmediato y permanente y por JUSTICIA y PAZ!
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Gaza: el poema hizo su parte, de Nasser Rabah
El poema hizo su parte y se marchó. Ya no hay fiesta ni celebración de nacimiento. No hay flauta que guíe a quienes acuden a la oración del encuentro. No hay nubes con las que intercambiar elogios, ni árboles que me llamen con hermosos nombres o extiendan mi sombra. Rezo a una ventana: su raíz está en mi corazón, y tiende sus ramas sobre mi nostalgia.
El poema hizo su parte y se marchó. En cuanto al verbo, quedó para los desdichados que labran un jardín, con sus rosas, sus cipreses y vino que inspira a las espigas de las canciones. Pero lo dejaron todo y siguieron el rastro del poema hasta el alba. En cuanto al significado, aquel espejismo que me seguía, y yo a él, era blanco flotando sobre aguas estancadas. Le dije: «Sé», pero no fue. Le dije: «No seas», y fue blanco flotando sobre aguas estancadas. En su orilla yo miraba mi reflejo y lo negaba, miraba mi reflejo y lo negaba, mientras que a mis espaldas cantaban mil gallos...
Nasser Rabah nació en 1963 en uno de los campamentos gazatíes de refugiados, el de Magazi, levantado por la UNRWA en 1949 para acoger a familias expulsadas por Israel de los pueblos del centro y sur de Palestina. Pasó parte de su infancia en El Cairo y allí estudió ingeniería agrícola. En Magazi vive y tiene su casa, que se ha resistido a abandonar durante la reciente guerra de exterminio pese a haber sido parcialmente destruida. Rabah no ha podido salir de Gaza en los últimos doce años. Su biblioteca personal ha sido asolada, una pérdida incalculable para un escritor atrapado en un lugar que Israel lleva décadas buscando convertir en un erial intelectual: en Gaza, Israel ha «testado» con especial saña todos los medios de aniquilación de la cultura y el conocimiento palestinos: ha abatido a los individuos —escritores, artistas, profesores— y ha arrasado las instituciones —bibliotecas, teatros, centros culturales, universidades, archivos—. La magnitud de la devastación es tal que en uno de sus últimos poemas, fechado el 26 de junio de 2024, Rabah llega a decir:
Las bibliotecas se buscan a sí mismas entre las cenizas.
No importa… Ningún libro conmueve mi corazón
tras el libro de los tanques.
Nasser Rabah se aferra a su móvil, que se ha convertido en vínculo con el mundo y consigo mismo, un móvil biblioteca, ordenador, teléfono y cámara con que documentar el genocidio: «Escribir notas en el teléfono … es un medicamento para tratar los síntomas de la guerra. Es lo que me sostiene para que no me hunda». En esto, en las formas de resistencia/resiliencia, en el intraducible sumud palestino, también ha introducido cambios el 7 de octubre de 2023. No solo en Gaza, en Palestina en su conjunto. Y cómo no, en el quehacer poético, que nunca ha dejado de ser una forma de sumud.
(de la Introducción de Luz Gómez a Gaza: el poema hizo su parte, de Nasser Rabah, traducido del árabe por Alberto Benjamín López Oliva, la ilustración de la cubierta es de Ana Camusso)
La actriz Natalia Erice recita los poemas "Sin correo desde hace años" y "Patria fuera de servicio".
"La partisana", de Nâzim Hikmet, en Paisajes humanos de mi país

Era de Moscú.
Era joven, era partisana.
Amó, comprendió, creyó
y se movilizó.
La niña que colgaba de su fino y largo cuello del extremo de la cuerda
era un ser humano con toda su grandeza.
Como si pasara las páginas de la novela Guerra y paz
las manos de una joven circularon por la nevada oscuridad.
En Petrichevo cortaron los cables del teléfono
y prendieron fuego a un establo con 17 caballos del ejército alemán.
Al día siguiente atraparon a la partisana.
La atraparon frente a su nuevo objetivo
por sorpresa, inmovilizada por detrás.
El cielo estaba lleno de estrellas
el corazón se le aceleró
el pulso le latía fuerte
la botella llena de gasolina
y la cerilla a punto de ser encendida.
Pero no pudo encender la cerilla.
Quiso sacar su pistola.
Se le abalanzaron encima.
Se la llevaron.
La trajeron.
En medio de la habitación la partisana permanecía erguida:
con su mochila al hombro
un gorro de piel en la cabeza, una zamarra sobre los hombros
un pantalón bombacho en las piernas y botas de fieltro.
Los oficiales miraron a la chica de cerca:
era como una almendra en su cáscara
un pimpollo envuelto en piel, fieltro y algodón.
Hierve el samovar sobre la mesa.
Sobre el mantel de cuadros una pistola, cinco correas
y una botella verde de coñac.
En el plato restos de salchicha de cerdo y pan.
Enviaron a los dueños de la casa a la cocina.
La lámpara estaba apagada.
El fuego de la chimenea sumía la cocina en una roja oscuridad.
Y olía a cucarachas aplastadas.
Los de la casa: un niño, una mujer y un viejo
se arrimaron entre sí:
estaban lejos del mundo
en una montaña desierta solos contra las alimañas.
Al lado se oyeron voces:
Preguntan:
—No lo sé —responde.
Preguntan:
—No —responde.
Preguntan:
—No lo voy a decir —responde.
Preguntan:
—No lo sé —responde.
—No —responde.
—No lo voy a decir —responde.
Y la voz que se ha olvidado de todo el mundo menos de estas tres palabras
tersa como la piel de un niño
y recta como el camino más corto entre dos puntos.
Chasqueó una correa al lado:
la partisana no habló.
Gritó la desnuda carne humana.
Chasquearon los correazos uno tras otro.
Las serpientes brincan hacia el sol y silban al caer.
Un joven oficial alemán entró en la cocina.
Se dejó caer en la silla.
Se tapó los oídos con las manos.
Cerró los ojos con fuerza
y permaneció así inmóvil hasta el final del interrogatorio.
Al lado chasqueaban las correazos.
Los dueños de la casa los contaron:
200…
Recomenzaron el interrogatorio:
Preguntan: —No lo sé —responde.
Preguntan: —No —responde.
Preguntan: —No lo voy a decir —responde.
La voz era arrogante
pero ya no era tersa
sino sofocada como un puño ensangrentado.
Sacaron afuera a la partisana.
Ya no llevaba su gorro de piel sobre la cabeza ni la zamarra sobre los hombros
ni sus bombachos de algodón en las piernas
y tampoco sus botas de fieltro.
Solo una camisa y bragas.
Los labios hinchados, de tanto como sus dientes blancos y jóvenes los habían mordido.
Las piernas, el cuello y la frente ensangrentados.
La partisana caminaba
con los brazos atados por detrás con una cuerda
los pies desnudos sobre la nieve
y flanqueada por soldados con bayoneta.
Metieron a la partisana en la isba de Vasili Klulik.
Se sentó en el banco de madera.
Estaba ensimismada y abatida.
Pidió agua.
El centinela no permitió que se la dieran.
Llegaron los soldados alemanes.
Se le echaron encima como insectos
la tiraron al suelo, la zarandearon.
Uno encendió una cerilla tras otra debajo de su barbilla
otro pasó una sierra por su espalda
hasta que el hierro dentado se ensangrentó.
Luego se fueron a dormir.
El centinela sacó a la partisana a la calle a punta de bayoneta.
Un niño está mirando desde la ventana
con sus redondos ojos azules:
la tierra cubierta de hielo
y bajo la nieve la calle desierta
cubierta de estrellas.
Un niño está mirando desde la ventana
con sus redondos ojos azules.
Olvidará lo que está viendo
crecerá, se casará
y una noche de verano
o quizá durante la siesta
de repente se le aparecerán en el sueño
los pies desnudos de una chica pisando las estrellas en la nieve.
Bajo la nieve de uno a otro extremo
bajo la nieve la calle desierta.
Y sobre la nieve la partisana:
con sus pies descalzos
los brazos atados por detrás
en camisa y bragas
camina delante de la bayoneta
yendo y viniendo de un extremo a otro de la calle.
El centinela tuvo frío, volvieron a la isba.
Salieron cuando el centinela se calentó.
Así continuó desde las 22 hasta las dos.
A las dos relevaron al centinela
y la partisana permaneció inmóvil sobre el banco de madera.
La partisana
tenía 18 años.
La partisana
sabía que la iban a matar.
Morir y ser matado:
en el rojo de su rencor no distinguía la diferencia.
Y ella era sana y joven como para no temer la muerte
y no apenarse.
Miró sus pies desnudos:
estaban hinchados
amoratados, agrietados y congelados.
Sin embargo, la partisana
no sentía el dolor.
Su propia rabia y su propia fe
la protegían como su propia piel.
Piensa en su madre.
Recuerda sus libros escolares.
Recuerda un cuenco de barro
que estaba delante del retrato de Ilich
con flores de un azul intenso.
Recuerda su infancia
tan cercana que
casi podría palpar
sus vestidos cortos de vivos colores.
Recuerda el primer bombardeo.
Los batallones de obreros que partían al frente
y desfilaban cantando por la calle
mientras los niños corrían detrás.
Recuerda una parada de tranvía
donde se despidió de su madre.
Recuerda una reunión del Komsomol,
tan próxima que
casi podría palpar
el vaso de agua sobre el mantel rojo
y hasta su propia voz que habla atropelladamente.
Recuerda su propia voz:
su voz que se enfrenta sin desfallecer al enemigo
afirmando que no
que no lo va a decir
y para no decir nada cierto al enemigo
le esconde hasta su propio nombre.
Su nombre era zoe,
mi nombre es tanya les dijo.
(Tanya,
en la cárcel de Bursa tu retrato está frente a mí.
En la cárcel de Bursa.
Tal vez ni hayas oído el nombre de Bursa.
Bursa es un lugar verde y agradable.
En la cárcel de Bursa tu retrato está frente a mí.
Ya no es el año 1941
es el año 1945.
Ya no en las puertas de Moscú
sino en las puertas de Berlín luchan los tuyos
los nuestros
los que son de todas las gentes honradas.
Tanya
tal como tú quisiste a tu país
así yo también quiero a mi país.
Tú eres una joven komsomolka comunista,
yo soy un viejo comunista de 42 años
tú eres rusa, yo soy turco
pero los dos somos comunistas.
A ti te ahorcaron por querer a tu país
yo por querer a mi país estoy en la cárcel.
Pero yo estoy vivo
y tú has muerto.
Desde hace mucho tiempo ya no estás en el mundo
qué poco te quedaste aquí:
apenas dieciocho cortos años.
Ni siquiera tuviste tiempo de saciarte del calor del sol.
Tanya
tú, partisana ahorcada
yo, poeta en la cárcel.
Tú, mi hija, tú, mi camarada.
Reclino mi cabeza sobre tu retrato:
tus cejas finísimas
tus ojos como almendras
pero no puedo distinguir su color en la foto.
Aunque en el retrato pone
que eran castaños oscuros.
Ojos de este color también hay muchos en mi país.
Tanya
qué corto llevas el pelo
igual que mi hijo Memet.
Qué ancha es tu frente
como el claro de luna
transmite serenidad y sueños.
Tu rostro fino y ovalado
tus orejas un poco grandes.
Tu cuello todavía de niña:
diríase que todavía ningún hombre lo ha abrazado.
Y algo con flecos pende de tu cuello:
un adorno lleno de gracia, mujercita.
Llamé a los compañeros, están mirando tu retrato:
—Tanya
tengo una hija de tu edad
—Tanya
mi hermana tiene tu edad.
—Tanya
la chica que amo tiene tu edad.
Nuestro país es caluroso
y nuestras chicas maduran pronto.
—Tanya
con chicas de tu edad somos compañeros en la escuela, en la fábrica, en el campo.
—Tanya
has muerto
cuánta gente honrada han matado y siguen matando
pero yo
yo me siento casi avergonzado
pero yo
yo llevo siete años confortablemente en la cárcel
sin poder arriesgar mi vida en la lucha).
Amaneció y vistieron a Tanya
pero sus botas, su gorro, su zamarra no estaban
se los habían quedado.
Le trajeron su mochila:
con las botellas de gasolina, cerillas, balas, sal y azúcar.
Le colgaron al cuello las botellas
y la mochila en la espalda.
Y en su pecho colgaron un cartel:
«partisana»
Levantaron la horca en la plaza del pueblo.
Los jinetes sacaron sus espadas
la infantería hizo un círculo.
Obligaron a los campesinos a asistir.
Dos cajas, una sobre la otra
dos cajas de macarrones.
Sobre las cajas
pende la soga aceitada
con un lazo en el extremo.
Sacaron a la partisana y la auparon al cadalso.
La partisana
con los brazos atados atrás
permaneció erguida al pie de la horca.
Rodearon con la soga su cuello esbelto y grácil.
Un oficial aficionado a la fotografía
con una máquina Kodak en la mano
le va a sacar una foto.
Tanya gritó a los del koljós desde el cadalso:
—Hermanos, no os apenéis.
Ha llegado el día del heroísmo.
No deis respiro a los fascistas
quemadlos, derribadlos, matadlos…
Un alemán golpeó la boca de la partisana
la sangre corrió por su barbilla blanca y suave.
Pero la partisana se volvió hacia los soldados y prosiguió:
—Nosotros somos doscientos millones.
¿Vais a ahorcar a doscientos millones?
Yo puedo irme.
Pero los nuestros vendrán.
Entregaos mientras estéis a tiempo…
Los del koljós lloraban.
El verdugo tiró de la cuerda.
Se ahogaba el cuello fino de cisne.
Pero se irguió sobre las puntas de los pies la partisana
y el ser humano llamó a la vida:
—Camaradas,
adiós.
Camaradas,
luchad hasta el final.
Que ya oigo sus caballos,
¡ya llegan los nuestros!
El verdugo dio una patada a las cajas de macarrones.
Rodaron las cajas.
Y Tanya se balanceó al extremo de la soga.
. Tanya era el nombre de guerra de Zoya (Zoe) Kosmodemiánskaya (1923-1941), alistada en un grupo de reconocimiento y sabotaje dentro de las líneas nazis. Póstumamente se convirtió en la primera mujer declarada Héroe de la Unión Soviética.
Entrega del II Premio Internacional Joan Margarit de Poesía a Adonis

"En conversación con Mosab Abu Toha", por Joselyn Michelle Almeida

FUNDACIÓN ESPACIO PÚBLICO
10 diciembre 2024
Mosab Abu Toha es un poeta, ensayista y periodista palestino. Su ópera prima, Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído: poemas desde Gaza (ediciones del oriente y del mediterráneo, 2024; en inglés Things You May Find Hidden in My Ear, City Lights, 2022), obtuvo el Premio del Libro Americano 2022, el Premio del Libro de Palestina 2022, el Premio de Poesía Derek Walcott 2022, y fue nombrado finalista del Premio Nacional del Círculo de la Crítica en Poesía. Forest of Noise [Bosque de ruido] (Knopf, 2024), su segundo libro, fue publicado en octubre.
Esta entrevista se llevó a cabo el 1 de diciembre, después de que Abu Toha terminara su gira por Francia y España, donde estuvo en Madrid y Barcelona.
Gracias por hablar conmigo hoy mientras te preparas para una nueva gira de conferencias por varias ciudades de los EE. UU. Para mí fue un gran privilegio y una profunda alegría recibirte en la Ciudad de Cibeles y dialogar hoy sobre Palestina, Gaza y tu poesía.
Empecemos con la poesía si te parece. Una de las cosas que más me inspira de tu obra es cómo el poder lírico y elegíaco de tu poesía también se nutre de su relación con la historia. Pienso en poemas como «Qué es hogar», «Mi abuelo y el hogar» o «La metralla busca la risa» de Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído, y «Cuaderno de Gaza 2021-2023» o «De rodillas» de Bosque de ruido. ¿Qué relación hay entre tu poesía y la historia de Palestina?
Muchas gracias por el tiempo que pasamos juntos, aunque fue muy poco. Espero que la próxima vez tengamos más tiempo; me gustaría hacer un recorrido por Madrid, una visita de verdad porque tuve, ya sabes, un tiempo muy limitado en la ciudad. Tuve entrevistas con los periódicos y el evento, así que la próxima vez espero poder hacer una visita adecuada.
Como poeta palestino, no puedo separar mi poética de la historia en la que nací. No creo que nadie pueda separar su propia vida de las circunstancias en las que nace. En mi caso, nací de padres que nacieron en campos de refugiados, y cuyos padres también fueron refugiados desde 1948. Así que toda mi poesía es sobre nuestro destierro y nuestra patria, nuestra tragedia como personas que han experimentado el trauma y la muerte y la pérdida ininterrumpidamente. No recuerdo un solo día sin amenaza de muerte en Gaza, donde nací en 1992. No recuerdo un año en el que no haya perdido algo; cuando no fui capaz de hacer algo; cuando me privaron de mis derechos humanos básicos, de viajar, de encontrarme con amigos y familiares de afuera o incluso cercanos, quiero decir. Es imposible no pensar en la historia de Palestina.
Somos personas conscientes y somos también conscientes de la historia de esta catastrófica ocupación que empezó incluso mucho antes de 1948, durante el Mandato Británico con la promesa que hizo Arthur James Balfour en 1917 a los sionistas de darles la tierra de Palestina para crear su propia patria en la patria de un pueblo que ya existía desde hacía siglos. Y que tenían sus vidas, su vida cultural, su vida social, su vida económica— teníamos muchas ciudades que exportaban productos al mundo exterior. Pero sabemos que el momento presente que estamos viviendo es el resultado de esta historia, de estos años que fueron testigos de la entrega de nuestra patria a extranjeros, a personas que nos son foráneas. Todavía estamos sufriendo las secuelas de toda esta historia.
¿Qué se siente al volver a Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído en Francia y en España para presentar las traducciones al francés y al español del mismo?
Creo que ha sido una experiencia muy importante para mí ver cómo la gente reacciona a mi poesía en inglés y también en español y francés. Me di cuenta de que la recepción de mi poesía en otros idiomas es igual que en inglés. Y esto significa que la poesía en sí misma es un lenguaje, independientemente del idioma en el que esté escrita. Y también me encantó escuchar mis poemas recitados en un idioma diferente que no entiendo, ya que solo hablo inglés y árabe. Sí, fue importante ver cómo se perciben los poemas en otra lengua, pero también me puso de relieve que la poesía en sí misma es un lenguaje que se puede sentir independientemente del idioma que estemos usando para traducirla.
¿Hay escritores del mundo iberoamericano que hayan entrado en tu lista de lecturas?
Lorca, por ejemplo, y Pablo Neruda.
Pablo Neruda respondió a Walt Whitman, algo que has hecho en tu obra, cuando respondes a voces como la de Whitman, la de Allen Ginsberg, la de Audrey Lorde…
… También Edward Said, Adorno …
… Entonces, cuando respondes a estos escritores canónicos de la literatura angloamericana y mundial, ¿qué estás haciendo? Pienso que es un momento importante en tu obra.
Sí, como ser humano estoy en conversación, en contacto con esas personas que vivieron décadas antes. Tengo un poema inédito que escribí hace años que se llama «Una respuesta desde Gaza al soneto 18». Estoy en conversación con estos autores. Soy un artista que vive en una época distinta y en un lugar diferente y hago las cosas de otro modo porque he vivido una vida diferente.
El tipo de generación que Ginsberg describió es distinto a mi propia generación. Mi generación nunca ha podido salir de Gaza. Han perdido a muchos familiares. Han vivido en tiendas de campaña. Han pasado semanas y meses buscando agua, comida, pañales y medicinas para sus hijos, o para sus madres, o sus familiares enfermos.
¿Dirías que esta conversación es un correctivo del Sur Global, especialmente en ese poema a Ginsberg, donde reescribes el conocido verso de Aullido, «Vi las mejores mentes de mi generación»?
Sí, creo que vivimos en diferentes partes del mundo, el tipo de cosas con las que estamos luchando… Hay ironía.
Das una lectura irónica a ese texto. De algún modo, estás empoderando a los lectores para que realmente cuestionen las premisas… Despiertas la duda de que tal vez Ginsberg no vio lo suficiente.
No solo él, sino también las personas que lo leen. Sé que Ginsberg es alguien que viajó por diferentes partes del mundo, pero sin incluir Gaza. Él vivía en su propio mundo, pero yo he vivido en su mundo y también en mi propio mundo. Desgraciadamente, su mundo —no él en particular— sino su mundo, que es Occidente, hablando de América, es responsable del tipo de mundo en el que estoy viviendo. Quiero decir, en Gaza, en Palestina. No influí en su generación. No traje nada malo a su país.
No me refiero sólo a mi generación, sino también la generación de mi padre, la generación de mi abuelo y también la generación de mi bisabuelo, que también murió en un campo de refugiados.
Has sugerido que la poesía es su propio idioma. ¿Cómo contrarresta la narrativa hegemónica difundida por los principales medios de comunicación y otros actores? ¿Cómo resiste la poesía?
Creo que la poesía revela la narrativa hegemónica que se pronuncia diariamente por parte de las entidades políticas, los países, los gobiernos, las personas racistas… La poesía expone la verdad sobre lo que está sucediendo después de que se construyen tales narrativas. La poesía revela que conoces la verdad de lo que significa estar en el poder. Aquí hablo del poder militar y del poder político. Así que destapa la atrocidad, lo que hay detrás de estas narrativas hegemónicas que destruyen no solo a las personas sino también el lugar, la geografía de las personas, y las desplazan e incluso borran todo lo que les pertenecía. La poesía muestra que lo que la gente en el poder dice tiene como consecuencia la destrucción de tierras y personas.
La poesía pone de relieve lo que está sucediendo, porque los medios simplemente no están haciendo su trabajo, no solo porque muchos medios son parciales, sino también porque Israel está impidiendo que los periodistas vayan a Gaza y cubran lo que está sucediendo. Así que la poesía está haciendo esto para mí.
Has señalado que hay continuidades importantes entre Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído y Bosque de ruido. ¿Qué continuidades y diferencias importantes hay?
Creo que los poemas de Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído tratan sobre lo que sucedía en Gaza y siguió sucediendo incluso después de que se publicara el libro; mientras que los poemas de Bosque de ruido tratan sobre algunas de las cosas nuevas que Israel cometió después del 7 de octubre, por ejemplo: la destrucción, no solo de casas sino también de barrios enteros, el bombardeo masivo de las ciudades, el enterramiento de familias bajo los escombros durante meses, el hecho de que tantos cadáveres fueran devorados por perros y gatos hambrientos.
Nunca vi estas cosas cuando estaba escribiendo Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído y nunca he vivido un asalto militar de estas dimensiones (el más largo que viví fue en 2014, que duró unos 51 días), pero con este estamos hablando de 423 días, sin cesar. Hambruna. Cortar la luz, el agua, el combustible, las medicinas, perder a tantos miembros de mi familia, perder a algunos de mis alumnos, el bombardeo de la escuela donde enseñaba, el bombardeo de mi casa y todo lo que tenía. Este es el tipo de diferencias… como mi experiencia al ser secuestrado por el ejército israelí.
En resumidas cuentas, lo que recogen los poemas de Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído volvió a suceder en 2022, 2023 y ahora en 2024 a mayor escala.
Para enlazar esto con lo que dijiste sobre el presente continuo de la historia palestina y la tragedia y catástrofe de Palestina…
Sí… Me refiero al hecho de que escribo un poema y sé que no es un poema sobre algo que sucedió, sino sobre algo que sucederá una y otra vez… así que esto es lo que hace que mis poemas y los poemas de otros autores palestinos sean diferentes de otra poesía. No digo que seamos las únicas personas que realmente estamos experimentando aquello sobre lo que escribimos, quiero decir que no estamos escribiendo sobre algo que sucedió y que terminó. Escribí un poema sobre una niña y su padre, y sé que hay muchas otras niñas, padres, niños y madres asesinados de la misma manera, y sé que volverá a suceder.
Hace un año y dos semanas, la FDI te secuestró cuando te dirigías al paso de Rafah mientras tú y tu familia intentabais salir de Gaza. Lo describes en un artículo en The New Yorker y en el poema «De rodillas» de Bosque de ruido. Este evento traumático subraya cómo Israel ha atacado en Gaza a otros intelectuales y escritores, médicos, abogados…
El objetivo de cualquier ocupación es hacer la vida lo más miserable posible, y esto se puede hacer mediante el asesinato de médicos, periodistas, escritores y profesores universitarios con su familia. Esto es un crimen en sí mismo. Me refiero al hecho de que nosotros en Gaza, nosotros en Palestina, ya no tendremos a nadie como esta persona que fue asesinada. Imagina cuánto tiempo le tomó a esta persona ser quien es, ya sea un médico, un cirujano, un profesor universitario, un poeta, un artista o un ingeniero. Imagina cuánto tiempo le llevó estudiar y adquirir más y más experiencia, convertirse en un experto en su campo. Imagina cuánto tiempo nos llevará reemplazarlo. Esto es un doble crimen de guerra. No solo porque mataste a alguien, sino porque privaste a su comunidad, a su gente, de lo que podía ofrecerles, ya sabes, antes de que lo mataran, antes de que el genocidio llegara a su fin. Así que este es un hecho devastador del que todo el mundo debería ser testigo.
Entre las grandes pérdidas que el mundo llora contigo está la de tu profesor y amigo poeta Refaat Alareer, cuya obra completa, Si debo morir: poesía y prosa, llevabas contigo cuando llegaste a Madrid. ¿Podrías hablarnos un poco sobre cómo te influyen su amistad y su trabajo?
Creo que la influencia de Refaat ha tocado a todos los que lo conocieron o incluso a personas que nunca lo conocieron, porque Refaat no solo fue un artista de la palabra, sino también un profesor de literatura comparada y escritura creativa. Así que fue mentor de muchos escritores jóvenes. No mío directamente, pero su presencia, sus palabras, su propia escritura influyeron en mí y en todos los que llegaron a conocerlo o a leer su trabajo. Nos dejó un mensaje muy, muy fuerte, su poema más famoso «Si debo morir». Él nos hizo… sabes… luchar por seguir con vida porque hay mucho que hacer. Y para ello debemos mantenernos vivos.
«Si tengo que morir, tú debes vivir para contar mi historia». La historia que Refaat nos sigue pidiendo que contemos no es solo su historia personal, porque lo personal en Palestina es lo colectivo. La historia de Refaat, que perdió a su hermano Hamad en 2014, que perdió su casa, que con su esposa perdieron alrededor de 100 parientes —y estoy seguro de que muchos más fueron asesinados después del 7 de octubre— es la historia de la pérdida, es la historia del desplazamiento. Es la historia de la educación, no solo de la educación de su pueblo, sino de la gente que vive fuera, que nunca ha podido ser testigo en Gaza.
Lo que estábamos intentando como escritores era proyectar las historias hacia afuera y también atraer a la gente a nuestra historia: traer la gente a Gaza, traer la gente a Palestina, traer la gente a Yaffa, la ciudad de mis abuelos.
¿Cómo consideras tu obra en relación con otros escritores palestinos, tanto los conocidos como Mahmoud Darwish y Fadwa Tuqan, o voces más contemporáneas, como Dareen Tatour y Dalia Taha, o Samer Abu Hawwash y Marwan Makhoul?
Creo que mi trabajo complementa el trabajo de otros escritores, desde Mahmoud Darwish e incluso antes hasta las voces contemporáneas, como, también podemos agregar aquí a Refaat Alareer. Cada experiencia palestina es distinta, aunque sea similar, pero también en muchos aspectos es distinta de otras experiencias. Mahmoud Darwish, que nació pocos años antes de la Nakba, que vivió en el exilio durante muchos años de su vida y que murió en Palestina (murió en Estados Unidos, pero vivía en Ramala, en Cisjordania). También está Fadwa Tuqan, que vivía en Cisjordania. Tenemos a Dareen Tatour, que vive en Reineh, una ciudad árabe de Galilea que desde 1948 forma parte del Estado de Israel, y luego a gente como Samer, que vive en el exilio. Hay tantas historias diferentes, a pesar de que somos el mismo pueblo palestino, vivimos en Palestina, pero vivimos en diferentes partes de Palestina, en circunstancias diferentes. Incluso la experiencia de Refaat es diferente de la mía: Refaat perdió a un hermano, yo no perdí a un hermano y espero no perder a ninguno. Fui secuestrado por las fuerzas israelíes; Refaat no lo fue.
Sus historias son diferentes a la mía, pero seguimos hablando de la misma ocupación, estamos hablando del mismo asesino, del mismo opresor. Y estamos hablando de las mismas personas que están siendo oprimidas. Y estamos hablando de diferentes fases de la ocupación, ya sea la ocupación militar, ya sea los puestos de control, ya sea la invasión militar, ya sea el asedio, ya sea la vida en el exilio y no poder regresar a tu patria. Nosotros, como poetas y escritores palestinos, describimos el mismo paisaje desde distintos puntos de vista. Tenemos diferentes experiencias al respecto. Nunca he estado en otras partes de Palestina. Mahmoud Darwish tuvo que vivir en el exilio durante años. Y muchos de estos escritores nunca han podido ir a Gaza debido al asedio y la ocupación.
En estos momentos, Israel sigue llevando a cabo una destrucción en Gaza que, como ha dictaminado la CIJ, es un crimen de guerra y de lesa humanidad, especialmente en el norte de Gaza, donde has perdido a treinta y un familiares —el más reciente, tu tío Said Abu Toha—, y tu familia inmediata y la familia de tu esposa siguen en situación de peligro. ¿Cómo crees que la esfera mediática internacional está respondiendo a esta emergencia y a la aplicación por parte de Israel de lo que se ha denominado «el plan del general»?
Creo que el mundo le ha fallado al pueblo palestino al seguir apoyando a Israel incondicionalmente, pero también al abandonar al pueblo palestino frente a ese Estado bárbaro. Imagina cuánto le cuesta al mundo enviar un camión de medicinas o un camión de alimentos o un camión de mantas a la población de Gaza que se enfrenta a este invierno, un invierno muy duro, en tiendas de campaña. Y es muy, muy lamentable ver que Estados Unidos, cada vez que los medios de comunicación preguntan al Departamento de Estado sobre el «plan del general», responde: «Hablamos con nuestros socios israelíes, y dijeron que no, que no están llevando a cabo este plan». Eso fue hace dos meses. Y ahora estamos viendo lo que está pasando, y lo están haciendo, y no tenemos ninguna respuesta de esta Administración. Por lo tanto, no solo son cómplices, sino que son socios del genocidio. Y los medios de comunicación que guardan silencio sobre estas cosas también son socios del genocidio.
Percy Shelley dijo que «los poetas son los legisladores no reconocidos del mundo» y cualquier lector encontrará que esto es especialmente cierto en tu obra, testimonio del genocidio que está ocurriendo en Gaza mientras hablamos. ¿Qué significa, en tu opinión, que la poesía atestigüe? ¿Cómo puede un lector atestiguar?
Creo que el poeta, en mi caso, es el que experimenta de primera o segunda mano las atrocidades que él y su pueblo están viviendo. Porque viví en Gaza toda mi vida y me fui en diciembre del año pasado, lo que significa que no viví ni experimenté lo que estaba sucediendo después del 2 de diciembre. Ha pasado un año para mí desde que estuve en Gaza; mañana es el aniversario. Pero esto no significa que yo, como poeta, como alguien que experimentó tantas cosas, no pueda describir los sentimientos de lo que significa vivir algo que vi o leí. Tengo la habilidad, tengo la capacidad de escribir sobre cosas que les pasaban a mis padres o a mis abuelos, o a mis hermanos y sus hijos, o a mis primos. Así que soy testigo, no solo porque viví esto, sino porque lo viví antes, y sé lo que significa vivirlo una y otra vez.
Y los lectores pueden atestiguar como seres humanos. Porque creo que parte de nuestra humanidad es nuestra capacidad de empatizar con las personas. Ese es el reto. Sé que la gente en Occidente, quiero decir, el 90% o tal vez el 95% —no sé cuántos— el 90% de la gente nunca ha vivido la guerra, y esto no es algo malo, es algo bueno, y espero que este sea nuestro destino también. Pero creo que es responsabilidad de la gente de Occidente, cuyos gobiernos contribuyen al genocidio de mi pueblo y a la ocupación de mi país, dar testimonio siguiendo nuestros medios de comunicación, siguiendo nuestras historias, leyendo nuestro trabajo, amplificando nuestras voces. No es suficiente atestiguar, sino que también es importante atraer a otras personas para que atestigüen contigo. La empatía en términos de que la gente se dé cuenta de que ellos pudieron ser los que nacieron en Gaza, los que nacieron en Palestina, los que nacieron en Siria, o el Líbano, o Yemen, o Libia o en Ucrania también.
El modo elegíaco en tu obra no solo lamenta la pérdida, sino que también recuerda. ¿Dirías que tu énfasis en la memoria abre una puerta inesperada hacia el futuro más allá del horror inconcebible del presente?
Cuando hablamos de pérdida, hablamos de la pérdida del pasado y del presente, y no solemos hablar de la pérdida del futuro, de los recuerdos que pudimos tener con las personas que perdimos o los lugares que perdimos. Así que el duelo por la pérdida no trata solo de recordar tus experiencias pasadas, tus momentos pasados con lo perdido, ya sean personas o cosas o lugares, sino también el duelo por la pérdida del tipo de vida que hubieras tenido con estas personas o cosas. Y también la pérdida de la noción del tiempo. Tras 14 meses qué tipo de recuerdos podríamos tener. La gente de Gaza solo puede preocuparse por el próximo minuto, los próximos dos minutos, el tipo de noticias de última hora que van a recibir.
Como poeta, creo que durante 435 días no hemos podido crear un solo grato recuerdo. No tenemos ningún control sobre lo que vamos a hacer en los siguientes minutos. No podemos proteger los recuerdos que teníamos porque Israel está destruyendo personas, casas y lugares, y no podemos crear recuerdos que nos encantaría tener con personas que podemos perder en cualquier momento. Pero creo que el papel de la poesía es tratar de crear los recuerdos que podríamos tener y honrar la memoria de las personas que ya no están con nosotros.
Notas:
Joselyn Michelle Almeida es autora de Condiciones para el vuelo (2019) y Los ejes del astro (2024) y traductora de Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído: poemas desde Gaza del poeta palestino Mosab Abu Toha, así como ensayos sobre literatura árabe traducida y libros sobre literatura anglo-hispánica. Es miembro del consejo editorial de la Revista Banipal de literatura árabe moderna y de la asociación de investigadores científicos National Council of Independent Scholars. Contacto: @jma9.bsky.social
Espacio Público damos las gracias a Agustín Martín Francés por la cesión de las fotografías que ilustran este artículo.
artículo completo en Espacio Público
Olga Rodríguez entrevista al autor de "Cosas que tal vez halles en mi oído. Poemas desde Gaza"

Ganador del American Book Award, la presión de editores internacionales logró su puesta en libertad tras su arresto en Gaza hace un año: “No hay ningún poema o idioma que pueda expresar el horror del genocidio contra mi pueblo”
Allí fue interrogado: “Me golpearon en la cara y en el estómago. Después me trasladaron a un centro en el desierto del Neguev, una cárcel donde mantienen secuestrados a cientos de palestinos”.
Tras horas de espera sin recibir información sobre el paradero de Mosab, su esposa decidió proseguir su trayecto hacia el sur de la Franja de Gaza, con los tres niños. Una vez refugiados en una escuela, ella contactó de forma inmediata con editores y amigos de Estados Unidos. De ese modo, el arresto de Mosab se convirtió en noticia en medios internacionales.
“Si no hubiera sido por eso, si yo no publicara en revistas literarias extranjeras, si no tuviera un libro de poesía premiado en EEUU, probablemente ahora estaría muerto o pudriéndome en alguna prisión israelí, torturado”, confiesa en conversación con elDiario.es en la Casa Árabe de Madrid, donde acaba de presentar la traducción al castellano de su primer libro, “Cosas que tal vez halles en mi oído. Poemas desde Gaza”.
Pregunta: ¿Cómo vivió el momento en el que las tropas israelíes le impidieron el paso y le separaron de su familia?
Respuesta: Supe que iba a ser víctima de un secuestro. Y digo secuestro porque de forma sistemática el Ejército israelí lleva años privando de libertad a gente palestina, sin presentar cargos ni celebrar juicio. Yo era un simple escritor, padre de familia, al que acusaban de ser de Hamás, como a tantos otros. Me interrogaron, me golpearon en la cara y en el estómago.
Si mi esposa no hubiera reaccionado de forma tan eficaz, si no se hubieran movilizado editores y organizaciones de escritores, quizá habría engrosado la cifra de muertos y desaparecidos en Gaza. Esa es la realidad. Tres días después me pusieron en libertad. Soy un privilegiado y puedo contarlo. Muchos otros, no.
¿Cómo es su vida ahora?
Pudimos salir de Gaza, muy pocos han podido hacerlo. Nos hemos instalado en EEUU. Pero nuestro vecinos y amigos siguen allí dentro, sin acceso a medicinas, alimentos, ropa.
Es muy doloroso saber que las matanzas continúan. Catorce meses después este horror sigue ocurriendo. No puedo pensar en otra cosa, me siento inútil porque no puedo proteger a nadie, ni a mis estudiantes, ni a mis vecinos. He perdido a 31 familiares en un año, todas las semanas me entero de una nueva muerte de algún vecino o amigo.
Era amigo de Refaat Alareeer, profesor de Literatura Inglesa y poeta...
Refaat fue asesinado por el Ejército israelí en diciembre del año pasado. Fue cofundador de We Are Not Numbers, un proyecto que nos animaba a escribir y a contactar con editores extranjeros. Todavía recuerdo cómo en el verano de 2023 habíamos ido a recoger fruta juntos. Me ofreció dar clases en su departamento. Nunca pudo ser.
¿Cómo vive en Estados Unidos siendo un palestino que ha podido huir de Gaza?
Vivir todo esto desde el país que facilita y apoya el genocidio es muy frustrante. Hace tan solo unos días el Gobierno de Washington volvió a vetar un alto el fuego en Naciones Unidas, es la cuarta vez que lo hace. La comunidad internacional occidental afirma que Israel tiene derecho a defenderse, pero ningún gobierno dice nada sobre el derecho del pueblo palestino a defenderse de la ocupación, de la invasión, de las matanzas.
Hay racismo contra los palestinos y un proceso de deshumanización normalizado. Es devastador ver cómo relatan muchos medios. Algunos siguen dando credibilidad a las mentiras sobre bebés israelíes decapitados y metidos en hornos, pero no cuentan los asesinatos de bebés palestinos. No existimos ante su mirada.
¿Qué deberían hacer las naciones occidentales para detener el genocidio en curso y garantizar los derechos de la gente palestina?
Bastaría con que países como EEUU dejaran de facilitar el genocidio, el apartheid, la ocupación. Algunos gobiernos dicen que están preocupados por las muertes de civiles, de niños. ¿Y? ¡Hagan algo! Cuando se trata de Israel no dicen que están preocupados, no. Cuando se trata de Israel actúan, visitan el país, envían armamento, vetan resoluciones, facilitan apoyo.
El mundo tiene que imponer un embargo de armas ya, suspender relaciones comerciales e inversiones, impulsar un boicot contra las universidades y las empresas que apoyan la ocupación israelí. La gente tiene que pedir a sus gobernantes acción, reacción inmediata, presión para que este genocidio se detenga.
¿Qué hizo Occidente cuando un informe de la ONU alertó, hace años, de que si nada cambiaba Gaza sería un lugar inhabitable en 2020? ¿Qué se hizo para evitar más matanzas contra la Franja, las masacres de 2008, de 2014, de 2021? ¿Qué se hizo para poner fin al bloqueo?
Usted cuelga cada día en sus redes sociales informaciones que le llegan desde Gaza. ¿Qué sabe de su familia y su gente más cercana?
Mi abuelo murió recientemente, a los 72 años, en un colchón, en una tienda de refugiados, porque su casa fue bombardeada. No tuvo acceso a las medicinas que necesitaba, no hay doctores ni ambulancias en esa zona. Muchísimos pacientes con cáncer han muerto por no tener acceso al mínimo tratamiento, lo mismo ocurre con la gente que necesita diálisis u otras medicinas.
¿Por qué tantos gobiernos miran hacia otro lado y siguen diciendo que para que Israel se defienda tiene que asesinar a decenas de miles de personas y dejar morir de inanición a decenas de miles más, entre ellas mi abuelo?
Mi prima Sama, una niña, murió en un ataque israelí hace un mes. Y así, todas las semanas.
De hecho usted anunció en sus redes sociales que Sama y sus padres estaban rodeados por el Ejército israelí, había disparos, alertó sobre ello
Y no pasó nada, al rato los mataron. Escribí: “Treinta personas están en esa casa, rodeadas de tanques y soldados, necesitan ser evacuadas”. Si salían, les disparaban. Veinte horas después, la casa fue bombardeada. Puedes pedirle al mundo entero que salve a una familia, que Israel irá y matará a esa familia.
¿Cómo creció y vivió en Gaza hasta su salida hace unos meses?
Más que vivir, diría que sobreviví. Vivir es poder hacer planes, ir a Cisjordania o a Amman [Jordania] a visitar familiares, recibir en tu casa amistades de fuera, viajar por tu propia tierra, algo que no pueden hacer los palestinos de Cisjordania.
Yo no viví mi infancia. La sobreviví, y fue muy corta. Tenía ocho años cuando vi un helicóptero israelí disparando contra el edificio de mis vecinos, a escasos metros de mí. Quedó reducido a escombros. Ocho años.
El 27 de diciembre de 2008 Israel mató a cuatrocientas personas en un solo día. Yo tenía quince años. Escribí un poema sobre ello, está incluido en el libro publicado en España. Se titula “Heridas”. Y cuando tenía 16 resulté herido, en el cuello. Me alcanzó un trozo de metralla de un disparo israelí.
Así que eso no fue una infancia. Tampoco la de mis hijos. Tuvieron que refugiarse en una escuela durante días, su casa fue destruida, vieron cómo apresaban a su padre. Y ahora no tienen posibilidad de regresar a su hogar, aunque solo sea para ver los escombros de lo que fue. Ahora Israel ocupa nuestra ciudad, Bet-Lahia.
¿Cómo se plantea su futuro?
No sabemos si algún día podremos volver. No sabemos si nuestros hijos podrán regresar y reconstruir nuestra casa. El mundo entero nos está fallando.
¿Se imagina que tras los ataques israelíes de 2008 contra Gaza, en los que murieron 1.300 palestinos, el mundo nos hubiera permitido -e incluso alentado a- matar durante catorce meses a civiles israelíes, a mujeres, a más de 17.000 niños israelíes [es la cifra de niños muertos en Gaza], a destruir universidades y a recibir armas occidentales para ello?
¿Qué consecuencias tendrá todo lo que está ocurriendo?
Estamos asistiendo a la imposición de la ley de la selva en el mundo. Esa es la consecuencia. ¿Qué tipo de país puede hacer todo sin ser castigado, sin que nadie le presione realmente para que se detenga?
Israel mató a siete miembros de la ONG internacional World Central Kitchen este año. No eran palestinos y aún así no pasó nada. El Ejército israelí mató a Hind Rajab, la niña que estaba en el coche con su hermana, en Gaza. Abrieron fuego en ella, la niña lo estaba relatando todo por teléfono, en conversación con la Media Luna Roja, está grabado.
Han pasado 300 días de aquel asesinato. EEUU, que envía balas, bombas y vehículos militares a Israel, dice que sigue investigando, mientras deja hacer. ¿Qué tipo de investigación dura 300 días? Tras el 7 de octubre de 2023 nadie dijo que había que esperar a conocer con detalle qué había ocurrido ese día.
Estados Unidos acaba de anunciar otro envío de armamento, mientras seguimos viendo cadáveres de niños entre los escombros. Todo esto es la ley de la selva.
En algunos de sus poemas habla de la Nakba, la expulsión de más de 700.000 palestinos entre 1947 y 1948, entre ellos sus abuelos
Hay similitudes entre aquello ye la actualidad. La diferencia es que en 1948 no había redes sociales ni teléfonos para que la gente pudiera grabarlo y verlo. Se repiten muchas cosas, aunque ahora la magnitud de la matanza es incomparable. Desde el propio Gobierno israelí algunos han llamado a esto Nakba 2.
Al igual que entonces, los soldados que asesinan o violan son bendecidos en su país, son héroes. Hasta se graban vídeos que cuelgan en sus redes, orgullosos.
Nacimos sin derechos. Y no es nuevo, lleva ocurriendo décadas. Hay ocho mil palestinos en cárceles israelíes, muchos sin cargos ni juicios. Israel puede ocupar ilegalmente nuestra tierra y hacernos rehenes en sus prisiones, sin cargos, sin juicio, pero nos afean cuando decimos que eso es un secuestro.
¿Cuál es su relación con la poesía, con las palabras, con la escritura, tras todo lo vivido?
¿Hay suficientes palabras para esto? No creo que haya ningún verso o idioma que pueda expresar el horror del genocidio que está sufriendo mi pueblo. Lo intento, sin más. Uso las palabras que tengo. Intento dibujar diferentes imágenes con las palabras.
¿Recuerda la primera vez que escribió un verso?
Fue en 2014. Intenté expresar la pérdida de tantos amigos, del futuro, del pasado, del presente. Lo hice en árabe y en inglés. Creo que una de las primeras cosas que escribí fue: “Todavía tengo sueños”.
¿Cuál es su idea de una Palestina libre?
Una tierra donde todos puedan vivir en libertad, independientemente de su religión, de su etnia, de su color, de su lengua. Un país donde todas las personas tengan derecho a existir, sean como sean. Que puedan practicar su religión, hablar su lengua, votar por sus representantes, tener aeropuertos y puertos, entrar y salir, visitar y regresar.
Un lugar que no sea ocupado ilegalmente, en el que no haya apartheid, discriminación, bloqueo, bombardeos. Llevamos mucho tiempo gritando y diciendo que esto es injusto e insoportable, pero nadie escuchaba.
(entrevista completa en diario.es)
Contemplar el abismo debajo de mí

El poeta Mosab Abu Toha, una de las voces más importantes de la literatura palestina de su generación, conversa con la escritora Fatima Bhutto en torno a la vida en Gaza y el papel de los poetas en tiempos de injusticia y violencia.
El autor de Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, 2022) conversa con la escritora paquistaní Fatima Bhutto en torno al sentido que puede tener la poesía en medio del horror.CCCB Barcelona 28 noviembre 2024 18.30 -20.00
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Mosab Abu Toha presenta en Casa Árabe de Madrid "Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído. Poemas desde Gaza"




